La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Romeo y Julieta – Sérgio Sant’Anna febrero 23, 2009

Archivado en: Literatura Brasilera,Traducción — laperiodicarevisiondominical @ 9:15 am
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Título original: Romeu e Julieta (Minificçoes) ( http://www.releituras.com/ssantanna_minific1.asp )

 

Autor: Sergio Sant´Anna (Rio de Janeiro, 1941), escritor que ha publicado cuentos, teatro y novelas. Entre sus principales libros se encuentran “Simulacros” (1977) y “A senhorita Simpson (1989)

 

Traductor: Roberto Santander

 

 

                                     ROMEO Y JULIETA

 

1

Él la esperó en la puerta del Colegio. Con quince años, era la primera vez que se acercaba a una mujer. Tenía la cara roja de vergüenza, pero igual le preguntó si podía acompañarla. Ella dijo que sí.

Se sentía ridículo y nervioso, pero igual le preguntó si estaba apurada. Ella dijo que no. Entonces, él le preguntó si quería ir al cine. Ella dijo sí.

No pudiendo concentrarse en la película, se dedicó a mirarla de reojo. Sus miradas se encontraron y ella le sonrió, dándole la mano.

Entonces él preguntó si podía besarla. Ella dijo que sí. Su corazón comenzó a latir más fuerte, porque tenía la certeza de que, finalmente, las cosas comenzarían a suceder.

 

 

2

Ellos se aproximaban a los sesenta años y no se buscaban en la cama. Pero se hacían compañía uno al otro y se querían, de la forma en que las personas se quieren a esa edad.

Mas una noche él fue hasta el armario y tomó una camisa colorida y escogió su mejor pantalón. Y ella lo sorprendió pasándose perfume por el cuerpo y peinándose con cuidado. Él salió diciendo que iba a visitar a un amigo, pero ella entendió que se trataba de una mujer.

Acostada, se preparó para una larga espera. Sin embargo, una hora más tarde, él volvió a la casa. Se tiró en la cama y encendió un cigarro y luego otro, mirando fijamente el techo. Ella lo conocía en todos los gestos y detalles, por lo que supo, desde el primer instante, que él había fallado. Ella le extendió una de sus manos y él la apretó con fuerza.

 

 

3

La primera vez fue en un parque municipal, entre arbustos y columpios. Ella fingió un orgasmo, para que él no se decepcionara. Y nunca había sentido tanto miedo, a causa de las personas que pasaban y, principalmente, por los guardias nocturnos.

Después ella se fue para la casa y comprobó que tenía hojas pegadas en su piel y pequeños dolores en el cuerpo. Hasta hoy, a pesar del miedo, ella recuerda esa noche como la mejor de su vida.

 

 

4

Junto a otros mendigos ella duerme bajo los viaductos de la ciudad. Sus ropas están sucias y rasgadas y su cuerpo huele mal. Ella no consintió al viejo que se acercó y comenzó a acariciarla, pero tampoco se recusó. Entonces, él siguió hasta el final, alejándose luego, en silencio. Ella no obtuvo nada similar al placer, pues la única cosa que estaba dispuesta a sentir, además del hambre, era un tremendo cansancio.

 


5

Cuando el novio llegó, ella se dio cuenta, una vez más, que era gordo y siempre estaba transpirando.

Cuando él la besó en la boca, ella sintió asco y tuvo la certeza que lo traicionaría después del matrimonio.

Cuando él habló de un sistema de préstamos, para comprar los muebles, ella pensó que él era muy aburrido.

 

Cuando la hermana vino a felicitarlos, ella se acurrucó junto a él de un modo diferente. Nunca admitiría el triste fracaso que ellos eran.

Y cuando, finalmente, él se fue, ella se metió debajo de la ducha, enjabonándose con cuidado, para sacarse ese olor. Pensó que le gustaría ser otra persona. Quizá más joven y con la fuerza suficiente como para abandonarlo. Pero ella no era otra persona, y se fue a dormir sabiendo que él volvería al día siguiente.

 

 

6

Él le dio un beso en la boca. Después le besó el cuello y la oreja. Ella le mostró su piel tensa y excitada. Él comenzó a sacarle la ropa, de arriba hacia abajo, besándole todo el cuerpo. Cuando llegó abajo, ella le enterró las uñas en su hombro y le confesó que nunca habían hecho eso antes, y que lo que hacían estaba muy bien.

 

 

7

En el vigésimo aniversario de matrimonio, fueron a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Comieron langosta y tomaron vino, volviendo a casa levemente borrachos. Como si se tratara de un juego, él la cargó en sus brazos hacia la cama. El vestido que llevaba puesto la hacía ver muy atractiva para ser una mujer de más de cuarenta años. Él comenzó a sacarle la ropa, pieza por pieza. Una vez desnuda, comenzó a explorarle el cuerpo, como si fuera la primera vez, y comprobó que tenía una porción de estrías y venas azules. Lo intentó todo esa noche, pero no pudo sacarse de la cabeza las venas azules.

 

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