La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Hay otro muro más allá octubre 14, 2009

Archivado en: Cine — laperiodicarevisiondominical @ 9:07 am
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La cámara cuenta. El encuadre, el plano, la posición de los elementos que componen una escena, dan forma a la narración. Y está la historia: eso que se quiere decir sobre algo o alguien; una inspección a ciegas, una búsqueda sobre ciertas presunciones. Muy cerca, la realidad; definible, quizá, como lo diario: lo que pasa sin que nos demos cuenta. Por otra parte, los relatos: lo que nos contamos después, siempre después. Las obras, las películas, devienen de la pausa que nos tomamos. Relatos que se componen tras el tiempo necesario para recomponer lo visto, lo escuchado, lo vivido. La parcialidad es su dogma; un tensión entre la totalidad imposible y el fragmento insuficiente.

 
De esa aspiración y su fracaso, surgen diversas posturas: los que evalúan una obra dada la correspondencia que tiene con lo que llamamos realidad; y los otros, esos que saben que todo es una representación de antemano fallida, pero no por eso incapaz de indagar en el misterio.
 
Entre les Murs (Entre los muros), película del director francés Laurent Cantet, indaga en esa tensión, consciente de que la historia que quiere contar es un representación de ese fantasma que es lo real. Tiene claro que una obra es también una ideología, una manera de ver y hacer el mundo, y la dispone de una manera tal que no quede duda de que el gesto es deliberado. Antes, el artificio se reconoce como tal, pero no por eso pierde el poder significador.
 
 
Digo deliberado porque delimita el campo de estudio, apelando a ese singular que es ante todo una historia antes que una lección moral: es un colegio de París, es un curso, es una asignatura. Y esa historia la carga de contenido y significado, sabiendo que el fin de la obra es incomodar a través de la duda a la institucionalidad educativa.

 
Es así como los discursos que circulan al interior del aula son múltiples, como diversos son los alumnos que transitan por ella. La inmigración, los conflictos raciales, la utilidad de la educación, lo pertinente del castigo como método pedagógico, la relación de poder entre profesor y alumno, entre otros, son los conflictos planteados por el director.
 
 
A su vez, la historia está contada desde la perspectiva de los profesores. Es decir, todo lo que sabemos, todo lo que se nos muestra y narra, asume el plano limitado del profesor que conoce a sus alumnos sólo al interior de las paredes del Colegio. Lo de afuera, la calle, la familia en su convivencia diaria, la relación que establecen los compañeros en sus barrios, no se nos muestra. Este corte, a mi juicio, demuestra una vez más la conciencia del director sobre lo que está narrando: la asfixia es parte del juego que se le plantea al espectador.
 
No obstante, el ubicar las escenas de la película sólo en el interior del Colegio también calza con la narratividad. Es que parte de los problemas de la educación que nos plantea la película –un conflicto que la desborda- tiene relación con lo que no se muestra, con lo que se oculta. El interior del aula aspira a igualar a todos los alumnos, sin embargo, la empresa se convierte en un problema cuando los que conviven en la sala de clases provienen de diversas culturas, sobre todo de África. Ninguno es de ahí. Sus raíces están en otra parte; otro país, otro continente. La lengua con la cual son educados es la misma lengua que, aunque no se muestre de forma explícita en la película, los invadió, colonizó y explotó. Es en el lenguaje de la fuerza; la que derribó un mundo y edificó otro, con otras leyes, con otras maneras de nombrar y, en consecuencia, otras de justificarse.
 
 
La aspiración igualitaria falla al imponer una educación que no considere al otro con su diferencia. La película al omitir ese dato, al presentar a los alumnos como personajes sin pasado, sin historia, patenta el conflicto. Una vez más, el director sabe que esa es su estrategia narrativa: ocultar cierta información sobre el personaje porque por una parte el profesor la desconoce –y desde ahí se nos está contando-, y, por otra, se aplica como crítica al denunciar un hecho que el sistema educativo obvia.

 
 - En Historia aprendí lo que es el Comercio Triangular. Había barcos que partían desde Europa con productos manufacturados, que iban a África a cambiarlos por hombres que se volvían esclavos y que los llevaban a América para trabajar. Después llevaban a Europa el dinero que ganaban. Eso es el Comercio Triangular.
 
 
Todo lo que sabemos de la vida de los alumnos, es gracias a los autoretratos que el profesor les pide confeccionar. Éstas tienen la particularidad de dibujar un perfil de cada uno, basado, eso sí, en lo que les gusta y disgusta. Ellos tampoco están muy dispuestos a indagar en su propia historia, en contar su vida, en detallar su entorno.
 
 
La película es también una experiencia de corte, ya que no cae en la habitual práctica de jugar a la predestinación de los personajes. Es un muestreo cronológico, donde explora la crudeza del descarte y abre la discusión sobre el castigo como método. No condena. Los enemigos están en otra parte. Sin embargo, las reglas son un ordenamiento que los profesores no pueden burlar. El llamado es claro: lo de ellos, la misión encomendada, está en la sala de clases. Lo que sucede afuera, es tarea de otros.
 
 
 ENTRE_LOS_MUROS_5
Me gusta jugar fútbol. Me gusta jugar con el computador. Me gusta estar con chicas guapas. Me gusta pasar las vacaciones en las Antillas. Me gustan las papas fritas, la música Zouk, el Dancehall. Me gusta ver Mtv. Me gustan mis padres y mi hermano. Me gustan mis amigos y también armar alboroto. Me gusta la serie sobre el comercio de los esclavos. Me gusta mi barrio. Me gusta la serie Estado en Alerta. Me gusta comer en restaurantes y hacer locuras. No me gustan las personas que lloran por todo y por nada. No me gusta el tecno ni el tectonic. No me gustan los chicos y las chicas que van armados. No me gusta visitar a mi hermano en la prisión. No me gustan ni los ídolos ni la Lluvia de las Estrellas. No me gustan los políticos, la guerra de Irak, los góticos ni los skaters. No me gustan los profesores muy rígidos. No me gustan las matemáticas ni los racistas. No me gusta Materazzi. No me gusta estar en el liceo Paul Eluard. Me gusta estar aquí.

 
 
Cantet, el director, no olvida que lo que está contando se debate con la realidad educativa y migratoria de su país. Pero, como he dicho, tampoco desconoce que el tema que plantea lo está haciendo a través de una obra de ficción, con todas las limitantes, y todas las virtudes, que tiene. Utiliza a su favor las técnicas narrativas de guardar y mostrar cuando es debido, construyendo espacios y situaciones que transmiten el anonimato por el que transitan los inmigrantes dentro del sistema educativo francés.
 
 
¿Real? ¿Cierto? ¿Verdadero? Entre les Murs es una obra de arte, juzgue usted si esas palabras le dan significado y aportan a las diversas lecturas que la película entrega. Más propio es preguntarse, creo, sobre las relaciones de poder que sustentan la gran mayoría de las predicas educativas. O, mejor, indagar en todo lo que la película no muestra. Lo que está más allá de los muros. Acá al lado.
 
 
 
 R.S 
 

 
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