La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Chejov: en marcha enero 27, 2010

Tal vez la intención no sea otra que la de hacer patente la contradicción. Mostrar la impostura. Rastrear las debilidades sobre las que se sostienen algunas relaciones; indagar en ese poder que determina ciertos comportamientos. Hacer del cuento, en definitiva, un lugar donde la naturaleza de ciertas conductas queden expuestas no a un juicio, no a una enseñanza pedagógica –o eso quiero creer- sino a una comprobación de lo que somos y su correspondiente lectura.


Digo esto en relación a los cuentos de Chejov. Y no todos, sino sólo pensando en esos cuentos que leí. Ahí, en la lectura breve y minuciosa de una estética que juega a estar siempre controlada, el texto se apodera de situaciones en las que los personajes actúan dentro de su cotidianeidad. No hay ningún suceso que supere las referencias espacio temporales conocidas. El realismo, con cierto grado de autodeterminación en las acciones, se apodera de los cuentos haciendo que el fin último sea el de representar una realidad que no pretende ser otra cosa.


La espesura emocional se esboza, pero no hay una indagación que supere las posibilidades del narrador como sujeto. Sin embargo, aún en esa superficie, en ese espacio controlado y cuidado, surgen las debilidades. Y éstas se estructuran, de cierta manera, a través de relaciones de poder. Sobre la base de que hay uno que manda y otro que obedece –los de arriba, los de abajo-, hay también otra lógica que se desprende: los que obedecen tienen que comportarse de una determinada manera ante los que mandan.


En el cuento “El gordo y el flaco”, por ejemplo, dos antiguos amigos se vuelven a encontrar tras muchos años. Hay una horizontalidad en la relación, en cómo se comportan, en la manera de saludarse, que se rompe cuando el flaco se entera del cargo que ostenta el gordo.


¿Por qué empleas ese tono? ¡Somos amigos de la infancia, y esa apreciación de las categorías está fuera de lugar.


Chejov, que ha mantenido un tono a lo largo del relato, hace el quiebre en el momento preciso. El giro del lenguaje, los tópicos y títulos que utiliza el flaco para referirse al gordo, cargan de simbolismo la escena y dibujan una sociedad jerárquica. De una situación cotidiana, de un encuentro casual, se desprende una forma de relacionarse, la cual es, de una manera u otra, la manera en la que la sociedad concibe las relaciones entre las personas. Una sociedad que potencia el cargo como signo de respeto.


En “El Álbum”, el narrador se encarga de ajusticiar la vacuidad de ciertos sentimientos. O, más bien, denota el paso del tiempo sobre unas emociones que creemos duraderas.


…llegó a parecerle que, en efecto, su vida había sido de tal utilidad para la patria, que si él no hubiera existido en el mundo, la patria lo hubiera pasado muy mal.


Ese álbum de fotos, con el rostro de los subordinados, siendo recortado por los hijos del militar retirado, provoca al lector. Sobre todo cuando al comienzo del texto, el militar se ha visto emocionado de recibirlo. Impacta más cuando el mismo militar asiente al ver la acción de los hijos. Lo material es un disfraz de la impostura social. Se olvida rápido. El objeto –el regalo- puede ser una demostración de sentimientos, pero también una convención. Las reacciones desmedidas –como la del militar- son parte de ese mundo sobre el que Chejov escribe. Un entorno invadido por el rigor de la norma y la convención. Emociones de ceremonia, que sólo significan para el protocolo del funcionario.


¡Todo se reducía a un loco jugar a los naipes, a gula, a borracheras, a charlas incesantes sobre las mismas cosas! El negocio innecesario, la conversación sobre repetidos temas absorbía la mayor parte del tiempo y las mejores energías, resultando al fin de todo ello una vida absurda, disforme y sin alas, de la que no era posible huir, escapar, como si se estuviera preso en una casa de locos o en un correccional.


Vemos como los cuentos de Chejov van, poco a poco, y si se nos permite realizar esta lectura, armando la cartografía de un tiempo y lugar. Aunque nuestros conocimientos sobre la Rusia del siglo XIX sean escasos, la sociedad que el escritor ruso describe con minuciosidad y agudeza, está dominada por una estructura jerárquica, que tiene códigos de comportamientos precisos, basados en una distinción social.


Para ejemplificar aún más estos códigos, podemos centrarnos en el cuento “La Suerte Femenina”. Dos hombres comienzan a enumerar las ventajas de ser mujer, contraponiéndolo con el relato de una escena donde un prestigioso General sucumbe en su propia casa ante los mandados de su ama de llaves.

¡El género femenino es siempre afortunado en todo! ¡A las mujeres no se las llevan de reclutas! ¡En los bailes no pagan, y están exentas de castigo corporal! ¿Y por qué méritos?, se pregunta uno…Que la señorita deja caer un pañuelo…, ¡tienes que recogérselo!


La extrañeza surge entre los hombres, en primera instancia, al ver una mujer ejerciendo una facultad tradicionalmente masculina: o sea, el mando. En segunda instancia, la mujer puede pasar a un lugar donde el hombre tiene órdenes de no llegar. ¿Y por qué no puede llegar? Porque causa desorden y alboroto dada sus características físicas. En definitiva: las razones por las que se supone el hombre está por sobre la mujer –la fuerza física- son las mismas que lo dejan afuera. Una inquietud de género surge en el cuento de Chejov que mencionamos, la cual, evidentemente, tiene directa relación con el tema central de estos cuentos: la manera en que se estructuran las relaciones dado los diferentes grados de poder de los personajes.


En los cuentos, hay un llamado. Uno que se superpone y quiere ser dueño de sí mismo. El hombre, dice un personaje de “El Feliz Mortal”, hace su camino, dibuja su destino, es el responsable de su propia felicidad.


Si ustedes no son felices…, ustedes tienen la culpa… ¡Ni más ni menos! ¿Qué se figuraban? El hombre es el creador de su propia felicidad. Si quiere usted ser feliz…, lo será; pero si no lo quiere usted y con astucia evita la felicidad…


No hay una medida naturalista, como si puede figurarse en otros cuentos de Chejov. Sin embargo, y la resolución del conflicto así lo determina, “El feliz mortal” no puede luchar contra ciertos azares que escapan del control humano. Errores, defectos, fallas, olvidos pequeños, que desembocan conflictos mayores. De cierta manera, el hombre tiene como misión intentar desprenderse de la convención, pero eso no quiere decir que alguna vez lo vaya a lograr del todo. Hay factores que superan la voluntad, o eso quiere decir Chejov con la dirección que le da a sus cuentos. ¿Pero qué puede hacer el hombre con esos personajes de “El Arte de la simulación”, por ejemplo?


El esfuerzo individual supone un premio. Supone. No obstante, hay una sociedad entera que pacta un lenguaje con el que se relaciona. Ese lenguaje es el que dicta las pautas y códigos de reconocimiento, y también es el que le entrega valor a los actos.


bajo el manto del misterio como el manto de la noche, se ocultaba la verdadera vida interesante.Toda existencia individual descansa sobre el misterio y quizás es en parte por eso por lo que el hombre culto se afana tan nerviosamente para ver respetado su propio misterio.


La vida subterránea, escondida, que llevan los protagonistas de “La dama del Perrito”, convoca cierto grado de resistencia ante la sociedad. Ellos crean un espacio de simulación, donde la vida “real” no llega. Ese espacio les permite vivir el amor, porque el misterio, si somos rigurosos, no compite con la realidad. No obstante, se sustenta en ella, y es el temor, el miedo a los otros, a la vida que llevan, lo que no los deja sincerarse con la estructura social. Lo que nos despierta el interés, entonces, es ver hasta dónde se puede llegar ocultándose. De qué manera la vida clandestina permite que las convenciones sociales sigan persistiendo y no dan espacio a una honestidad que procure romper con todo.


El escritor ruso hace del paisaje de su época una representación de lo universal. Temáticas que trascienden, conflictos que se repiten. Chejov, sin pretensiones literarias excesivas, hizo que sus relatos debatieran con uno de los aspectos más relevantes de la sociedad: sus mecanismos de poder basados en la jerarquía de rango y social. Sin plantear soluciones, Chejov enseñó el conflicto y mostró algunas rutas.


R.S

 

 
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