La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Una escritura de resistencia agosto 4, 2008

Filed under: Literatura Norteamericana — laperiodicarevisiondominical @ 4:50 pm
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“La nobleza del oficio de escritor está en la resistencia a la opresión, y por lo tanto en decir que sí a la soledad.” Albert Camus.

 

 

La escritura, desde siempre, ha sido un acto de resistencia. Resistir contra el tiempo, contra alguna versión de los hechos. Escribir para que lo contado no lo cuente otro. Para recordar. Escribir para denunciar. La escritura como forma de descubrir todos los mundos posibles, los de aquí y los de allá; para vivir lo que nunca viviremos si no lo escribimos. Si la escritura, entonces, es un acto de resistencia, escribir desde la condición de mujer, como género excluido de los campos de poder, es un acto de resistencia doble. Y si esta mujer que escribe lo hace, además, desde una condición de minoría étnica, entonces el acto de escritura se convierte en, quizás, su única arma.

 

Algo de eso está presente en La Casa en Mango Street, novela de la escritora norteamericana Sandra Cisneros. En ella se nos cuenta la historia de Esperanza, una niña descendiente de inmigrantes latinos que vive en una barriada latina, marginada de la ciudad, clandestina. Esperanza vive en una casa que no es la casa -como símbolo de conquista y estatus- soñada. Pero desde ahí, desde esa frontera, nos cuenta su historia; nos relata cómo viven sus vecinos, las historias que ocultan, qué deciden mostrar, qué dolor insisten en esconder. Es una novela, de cierta forma, de crecimiento, pero un crecimiento torcido, que atenta contra la tradicional fantasía infantil. Es la infancia, escrita por una niña latina, que encuentra en la escritura la manera de resistir al entorno.

 

En este contexto, la escritura aparece en la vida de la protagonista como una forma, una manera, de combatir la cotidianeidad. La protagonista confiesa que “escribo en el papel y entonces el fantasma no duele tanto” (112). La escritura, entonces, se nos presenta en la novela, como una manera de suplir una ausencia, un espacio vacío, una soledad. No es un caso puntual, ya que otro personaje comete el mismo acto. Minerva, otro de los personajes marginales de la novela, que surgen desde las sombras para desaparecer muy rápidamente, también escribe. “Pero cuando sus niños duermen después de que les ha dado de cenar hot cakes escribe poemas en papelitos que dobla y dobla y tiene en sus manos un largo tiempo, pedacitos de papel que huelen a dime.” (86) La mujer, entonces, escribe entre la cotidianeidad para vencer su cotidianeidad. Digo esto porque en la novela el espacio de la mujer está estructurado a un nivel doméstico. Es en ese ámbito donde la mujer escribe.  En ausencia de su marido, en el caso de Minerva por abandono, en el caso de Esperanza por un padre que trabaja, la mujer escribe, la mujer resiste. Si lo relacionamos con Celie, protagonista de El color púrpura, novela de la Afroamericana Toni Morrison,  también encontramos la escritura presente en un contexto de la casa. Ella escribe sus cartas a Dios, en la cocina, en la mesa, mirando por la ventana, escuchando los sollozos de los niños que le toca cuidar.

 

 

La escritura, por otra parte, y centrándonos en Esperanza, la protagonista de La casa en Mango Street, se nos presenta como una manera rectificar la ilusión perdida. “Todos mintieron. Todos los libros y las revistas, todo lo dijeron chueco” (102). Se escribe para contar las cosas como nos hubiesen gustado que fuesen. Para oponerse a la mentira de lo cotidiano. Pueden habernos mentido, pareciera que dice Esperanza, pueden habernos hecho vivir vidas que no queríamos, pero contándonos cuentos podemos aspirar a una libertad que no tendremos de otra forma. Ese mensaje ya estaba presente en las palabras de Tía Lupe: “Acuérdate de seguir escribiendo, Esperanza. Debes continuar escribiendo. Te hará libre, y yo dije sí, pero en ese momento no sabía lo qué quería decirme.” (62)

 

Escribir es comenzar a “soñar los sueños” (62). Pero también es la única forma de soñar que tienen estos personajes desplazados no sólo geográficamente, sino también socialmente. Por eso es que la literatura de los inmigrantes no es una literatura apolítica. Todo mensaje, por el mero hecho de provenir desde un margen, está cargado de una reivindicación, un reclamo, una muestra, política. La casa en Mango Street, no carece de ese mensaje. Escribir es fundar, o intentar fundar, una realidad diferente. Es resistir a  un discurso que nunca podrá ser dicho, si no está escrito por sus propios protagonistas. Esperanza quiere otra casa. Una casa que nadie le dará, si no la escribe antes.

 

 R.S

 

 

 

 

 

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