La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Insoportablemente vivo septiembre 1, 2008

Filed under: literatura inglesa,Literatura Norteamericana — laperiodicarevisiondominical @ 4:11 am
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                                                                                                                                       roth

Elegía, novela del escritor norteamericano Philip Roth, es un relato en donde la enfermedad, la memoria, los recuerdos, la soledad, van configurando a un personaje que evalúa su vida, sabiendo que ya nada puede hacer para cambiar el curso de los hechos. Aceptar la vida, como nos dice el personaje principal, tal cual es, es lo único que queda, aun cuando esto no pase de un recurso retórico, porque si se pudiera, si estuviera permitido, más de alguna cosa haría de otra forma.

 

elegia

No es casualidad que esta novela de Roth, me recuerde a la premiada novela de John Banville, El Mar. En ambas está presente la reevaluación de la vida a través de los recuerdos. Ambos personajes reflexionan acerca de lo hecho (la novela de Banville en primera persona, la de Roth en tercera) y lo que nunca se pudo alcanzar. Ambos, al final de sus vidas, se retiran a un lugar alejado, al lugar de la infancia, cerca del mar. Cito a Banville: ¿Por qué iba a desear algún cambio, yo, que he vuelto para vivir entre los escombros del pasado? (…) ¿Es extraño, verdad, la manera en que se alojan en la mente las cosas a las que aparentemente no prestamos atención? (…) A la memoria la desagrada el movimiento, prefiera las cosas en quietud, y con tantas escenas recordadas veo ese episodio como un cuadro vivo.”

La vejez como un motivo literario, aparece como un espacio en donde la reflexión es el móvil. Todo se articula a través de esta revisión de lo único que se tiene, “el pasado”. Pienso en un verso de Efraín Barquero (“Porque el hombre tiene la edad de su primer recuerdo”) y lo conecto con este regreso, en el personaje de Roth tanto como en el de Banville, al lugar de la infancia. Volver al refugio de la infancia, como un lugar inexorable, bastión de prófugos, cobardes y enfermos terminales. La zona desde donde, los personajes así lo creen, se pueden defender. Y ya es tarde: “…los días y las noche inciertas y la obligación de soportar impotente el deterioro físico y la tristeza terminal y la espera, la interminable espera de nada. Así son las cosas, se decía, esto es lo que no podías saber (…) Había alcanzado el remoto futuro.”

 

 

Los años, y Roth lo dice en su novela, no son una espera. Llegar a la vejez, más que una conquista, es una derrota. “La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre”. Mientras, todos infantiles e inocentes. Quizá la mejor conclusión sean las siguientes palabras tomadas de otra novela de Roth, Pastoral Americana: “Vivir consiste en malentenderlo, malentenderlo una vez y otra y muchas más, y entonces, tras una cuidadosa reflexión, malentenderlo de nuevo.”

 

 

R.S

 

 

 

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