La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Un comienzo silencioso septiembre 2, 2008

Filed under: Cine — laperiodicarevisiondominical @ 4:06 pm
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Todo el primer segmento de 2001: Una odisea del espacio carece de diálogos. Estos 20 primeros minutos consisten en mostrarnos el modo de vida de simios pre-humanos , hasta la aparición de un misterioso monolito. A partir de entonces vemos que los monos son capaces de utilizar huesos como armas para obtener alimento o para defenderse de potenciales enemigos. Y para terminar, tenemos la histórica elipsis que se produce con el famoso encadenado del hueso lanzado al aire por el mono y la nave espacial orbitando alrededor de la Tierra y empieza a sonar el Danubio azul con la nave bailando a su ritmo.

En este momento he de decir que me parece mucho más interesante el montaje paralelo de la escena del mono golpeando con un hueso el resto de huesos de un animal muerto, con la de un tapir cayendo al suelo, todo ello con Así habló Zaratrusta como música de fondo; para llegar a la siguiente escena en la que todos los monos de la tribu están comiendo carne y tienen un hueso a sus pies. Montaje paralelo que posteriormente sería reinterpretado por Francis Ford Coppola para el clímax de Apocalypse Now.


Pero no quería hablar de eso, sino de la capacidad que tiene de contar una historia sin más diálogos que gruñidos y gritos entre los monos.

Paul Thomas Anderson homenajea el estilo de Kubrick en There Will Be Blood (Pozos de ambición, Petróleo Sangriento), de la misma manera en que homenajeaba a Scorsese en Boogie Nights y a Robert Altman en Magnolia. Por ejemplo, la mansión en que transcurre el último segmento de la película recuerda inevitablemente al hotel Overlook de El Resplandor, el final abrupto cortado por la música clásica y los títulos de crédito recuerda a Eyes Wide Shut y, por supuesto, el comienzo recuerda al primer segmento de 2001.

Los primeros 15 minutos de There Will Be Blood tampoco tienen diálogo, también vienen precedidos por un cartel que te explica la época en la que estamos y también vemos a un personaje evolucionar gracias a un elemento extraño. En este caso es el petróleo quien sustituye al monolito. También tenemos una elipsis final en la que han pasado una serie de años en la siguiente secuencia.

Y esos primeros 15 minutos de There will Be blood también han sido unánimemente alabados por todo el mundo como ejemplo de saber contar una historia sin necesidad de diálogos.

Además, también inspiradas por 2001 tenemos a Wall·e, cuyos 20 primeros minutos tampoco tienen apenas diálogo, salvo una valla publicitaria, y que también tiene muchas más referencias a 2001; o En busca del fuego en la que toda la película cuenta las aventuras de una tribu prehistórica sin más diálogos que los gruñidos que se dedican entre ellos.

Pero el comienzo silencioso del que quiero hablar es otro. Es uno que quizás no es tan reconocido como los anteriores, pero que sin duda es también magistral. Y es el comienzo del western de Sergio Leone Once upon a time in the west (Hasta que llegó su hora, Érase una vez en el Oeste).

Tres bandidos llegan a una estación, en la que atemorizan y encierran al anciano encargado que, a decir verdad, sí que dice un par de frases, y hacen huir a la ayudante. Después, se dedican a esperar durante unos diez minutos de metraje en los que no pasa nada. Uno es molestado por una gotera, otro juega con una mosca, pero no hacen otra cosa que esperar.

No hay nada de música durante toda la escena. Todo el sonido de la escena son los ruidos amplificados de un molino oxidado, la gotera, la mosca, las pisadas, etc. Durante toda esa escena van apareciendo muy poco a poco los títulos de crédito.

Y entonces, llega el tren. Y a estas alturas el espectador sabe, sin que haya hecho falta una sola palabra, que los tres bandidos han venido a matar a la persona que llega en el tren. Y del tren se baja Charles Bronson tocando la armónica.


Ahora es cuando se cruzan unas palabras, típicas de las películas del oeste “¿Habéis traído un caballo para mí?” “Me parece que falta uno” “Yo diría que sobran dos”. Y se produce el tiroteo. Y los tres personajes a los que le hemos dedicado estos primeros y tranquilos diez minutos de película de repente están muertos y nos quedamos con un Charles Bronson (Armónica) presentado con apenas un minuto, un par de frases y tres disparos, pero del que sabemos mucho, y con el que podemos empatizar perfectamente desde el primer momento, gracias a los 10 minutos de silencio previos de sus enemigos.

J.R.

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