La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Norman Mailer y el héroe cómico octubre 8, 2008

Filed under: Dossier Mailer,Literatura Norteamericana — laperiodicarevisiondominical @ 7:16 pm
Tags: , , ,

 

norman_mailerNo hay manera de asegurar la influencia secreta que Norman Mailer supo ejercer en nuestros tiempos. Con mucha frecuencia caemos en el disparatado capricho de creer que lo que hemos aprendido por oídas, en los libros o bien en los claustros constituye nuestra historia. Lo creo más que disparatado; lo creo falso. No es preciso que apunte las tribulaciones que hemos de correr cuando levantamos el dedo acusador y nos manifestamos en favor de tal o cual actitud ética; más de lo que quisiéramos suele encerrar a Napoleón, pero también menos de lo que esperamos. La lección de los tiempos parece ser que no hay actitudes demasiado viables en un universo plagado de equívocos y categorizaciones; ergo, hay tan sólo categorizaciones y equívocos, que ocupan en mayor o menor medida algunas seguridades por las que nos acercamos a la Historia. Intuímos la tragedia del avance de los imperios, pero difícilmente alguna vez nos sentimos actores más o menos principales de ese mismo avance. En algunas naciones lo que se impone es la fe en el Estado o bien la abulia. En otras, la paradoja de la indignación. Una visión resiste, de raíz rimbaudiana: la vida es la farsa que se desenvuelve con la ayuda de todos. El hombre, con impúdica solvencia, es dado a aceptar ese aporte; con cierto recelo, sin embargo, presume desconocer el tenor de la obra. Pueden bien decirme que nadie aceptaría saberse dentro de una farsa. Incomprensiblemente o no, una tragedia nos sería más cara.

 
Sin duda, el precio que más duro pagamos frente a la historia, frente a su devenir y a las fuerzas fatales que nos ligan a ella, no es más que el simbólico. No nos hiere tanto el número de bajas como las ilusiones perdidas; nuestro pesar no es la hambruna, sino el oprobio de su huella. En cien años recordaremos apenas -si nos es dado recordar- la acciones colonialistas o el siempre dudoso ajusticiamiento de los tiranos; sin embargo, el peso simbólico, el lastre histórico del evento, notablemente no será efímero.
Para la escritura de la Historia, apunta Mailer, hay que escapar al engaño que se teje en torno a sus figuras centrales, ya que la resolución de la ambiguedad del evento -y cualquier evento se torna imparcialmente ambiguo- requiere aún un héroe ambivalente. Abstengámonos de precisar si la literatura es o no fiel; pidámosle -no soy el primero en sugerirlo- que sea creíble.
 
La figura del héroe cómico, apuntada en The Armies of The Night, supuso una herida de doble examen: en primer lugar, la convicción de que un accionar político certero ha de privar menos la confrontación real contra fuerzas igualmente políticas que la contaminación ideológica que pueda ejercer

 
(…) marchó sobre un bastión que simbolizaba el poderío militar de la república, y marchó, no para capturarlo, sino para herirlo simbólicamente; y las fuerzas que defendían a ese bastión reaccionaron como si una herida simbólica pudiese ser tan mortal como cualquier otro desgarro en el combate
 
mailer-featurey la consecuente certeza de que estas fuerzas de choque asumían esta posición en tanto eran una contracara de iguales proporciones a su némesis, que sólo podía superarlo asumiéndose, y aún inculpándose

 
porque era un novelista y por lo tanto debía estudiar hasta el último lineamiento de lo delicado, lo noble, lo frenético y lo tonto en los demás y en él mismo
 
Con esta mención, me encamino más allá de lo ideológicamente loable que puedan ser los merecimientos de una u otra fuerza: hablo del procedimiento y en última instancia, de la manera de acometerlo. La invención del héroe cómico revela, con respecto a la novela histórica, un desplazamiento y un individuo. Mailer no soslayaba el hecho de que sólo una verdad simbólica habría de devenir permanente en el inconsciente colectivo de las masas, sino que además prevenía que esa misma verdad se hace tan sólo posible en tanto fuese diseñada y consecuentemente emitida por un personaje secundario que contuviese en sí mismo todas las contradicciones del mismo sistema que hubo de engendrarlo. Cómico, en tanto se vale de su propia ambiguedad; héroe, ya que opera por y para una verdad individual, única, apartada de toda obediencia y de todo proselitismo político.
 
En Mailer, la revuelta se erguía en un valor concreto e irreductible: ser Norman Mailer y operar a través de su propia identidad.
 
(…) la Nueva Izquierda extraía su estética política de Cuba. La idea revolucionaria que los partidos de Castro habían inducido de su experiencia en las sierras era la de que uno creaba primero la revolución y aprendía de ella, aprendía de lo que la revolución pudiera ser y de adónde podía avanzar, a partir de la íntima verdad del camino que ella misma presentaba a la experiencia de uno 
 
mailer0102Allen Ginsberg notificaría mucho más tarde el mérito del tour de force mailereano al declarar que, en lo posible, se trata de mostrar un modelo, una referencia del valor humano, aquello que sepa distinguirse de lo mecánico de lo capitalistas y lo comunista; distinguirse de los valores de toda comodidad; ofrecer un ejemplo que confronte contra la despersonalización y la insensibilización general.

 
En farsas siempre tan poco asumidas, en tragedias tan orgullosamente sufridas, hombres como Ginsberg, como Mailer, equivocaron dulcemente el camino.
 
 
 
 
M.A

 

 

Anuncios
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s