La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

De una tierra siempre prometida noviembre 27, 2008

 

juan-rulfo1203656237Perdidos, desorientados y postergados. Rodeados de un paisaje hambriento, seco y polvoriento. Ahí van los hijos sin padre o los padres sin hijos. Caminan; buscan la venganza que es la única justicia a la que pueden acceder. Esperan, como Macario contando su dolor, a que salgan las ranas. Tienen miedo. Mucho miedo. Pero nunca lo confesarán.

 
Leer a Juan Rulfo es atravesar el descampado, acompañado sólo por el rumor quieto y ensordecedor de los grillos. Los cuentos de El Llano en Llamas, publicados en 1953, figuran el paisaje latinoamericano desde una frontera pocas veces auscultada por los escritores venideros. No está la ciudad, pero sí el pueblo. El afuera que duele. La política del pequeño poblado que, hasta hoy, busca la promesa que le hicieron.
 
Juan Rulfo escribió, quizá, el libro de cuentos más importante en lengua castellana. Se hizo cargo de una época (la Revolución Mexicana, las Guerras Cristeras), pero, sin saberlo, proyectó la historia de Latinoamérica hasta hoy. Porque al leer los relatos de Rulfo nos encontramos con la ansiedad y la decepción, con esa herida que nunca se cerró.
 
Nadie te hará daño nunca, hijo. Estoy aquí para protegerte. Por eso nací antes que tú y mis huesos se endurecieron primero que los tuyos. Oía su voz, su propia voz, saliendo despacio de su boca. La sentía sonar como una cosa falsa y sin sentido. ¿Por qué habría dicho aquello? Ahora su hijo se estaría burlando de él. (…) Hijo no tiene caso que te diga que el que te mató está muerto desde ahora. ¿Acaso yo ganaré algo con eso? La cosa es que yo no estuve contigo.” (Rulfo 154-156)
 
tepeaca_imagen_juan_rulfoDe desamparo y decepción, los relatos de Rulfo no son textos amables cuando tratan las cuestiones humanas. Violentos y crueles, los hombres, donde viven, se rigen por leyes que no responden a un criterio mayor. Están hechas por el rencor de la postergación y por la ambigüedad de la desolación. No es barbarie, es la realidad del medio, que se configura con la promesa que siempre queda inconclusa.

 
Las dieciséis historias transmiten el desamparo de los protagonistas. En conversaciones, en recuerdos, los personajes van dando cuenta de su mundo; esa tierra olvidada. Uno de los cuentos que mejor representa lo que intento sostener, es Luvina. Un hombre le cuenta a otro, en un bar, de cerveza tibia, insectos y calor, cómo fueron sus días en Luvina. Cuenta lo que le espera al otro.
 
Otra cosa, señor. Nunca verá usted un cielo azul en Luvina. Allí todo el horizonte está desteñido; nublado siempre por una mancha caliginosa que no se borra nunca. Todo el lomerío pelón, sin un árbol, sin una cosa verde para descansar los ojos; todo envuelto en un calín ceniciento. (…) Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara.” (Rulfo 204-205)
 
Transversal es la duda. El no saber a quién o a qué acudir. Ni la patria, ni Dios. Tampoco la naturaleza, tampoco los otros hombres. En la tierra de Rulfo todos son criminales y sospechosos. No hay espacio para el consuelo, porque el consuelo no existe.
 
“-Entonces yo le pregunté a mi mujer: ¿en qué país estamos, Agripina?
Y ella se alzó de hombros
(…)
-¿Qué haces aquí, Agripina?
-Entré a rezar –nos dijo.
-¿Para qué? –le pregunté yo.
Y ella se alzó de hombros

(Rulfo 207)
 
Juan RulfoEl Llano en Llamas, como he dicho, tiene implicancias políticas. Éstas no son excluyentes, pero sí completan la lectura y, por sobre todo, la proyectan temporalmente y le dan actualidad. No sostengo que la contemporaneidad de los cuentos se afirmen en eso; lo que quiero decir es que el contexto no ha variado mayormente.

 
Un día traté de convencerlos de que fueran a otro lugar, donde la tierra fuera buena. (…) El Gobierno nos ayudará. Ellos me oyeron, sin parpadear, mirándome desde el fondo de sus ojos de los que sólo se asomaba una lucecita allá muy adentro.
-¿Dices que el gobierno nos ayudará, profesor? ¿Tú conoces al Gobierno?
Les dije que sí
-También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre del Gobierno.
Yo les dije que era la patria. Ellos movieron la cabeza diciendo que no. Y se rieron. (…) Pelearon sus dientes molenques y me dijeron que no, que el gobierno no tenía madre. Y tienen razón ¿Sabe usted? El señor ese sólo se acuerda de ellos cuando alguno de sus muchachos ha hecho alguna fechoría acá abajo. Entonces manda por él hasta Luvina y se lo matan. De hay en más no saben si existe
.” (Rulfo 210)
 
He hablado de la venganza. Del ajuste de cuentas que los personajes asumen como una cuenta pendiente, ineludible. No hay término medio: o te vengas o guardas el rencor para siempre. Nadie lo hará por ti. En ¡Diles que no me maten! un condenado a muerte le suplica a su hijo, Justino, que interceda por él. El coronel a cargo de la ejecución pronuncia un monólogo que funciona como declaración de principios de la justicia que deben tomar los hombres. Ellos deben dar el castigo.
 
9789685208581Guadalupe Tejeros era mi padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó. (…) Esto, con el tiempo, parece olvidarse. Uno trata de olvidarlo. Lo que no se olvida es llegar a saber que el que hizo aquello está aún vivo, alimentando su alma podrida con la ilusión de la vida eterna. No podría perdonar a ése, aunque no lo conozco; pero el hecho de que se haya puesto en el lugar donde yo sé que está, me da ánimos para acabar con él. No puedo perdonarle que siga viviendo. No debía haber nacido nunca.” (Rulfo 201)

 
Luego, el hijo carga el cuerpo muerto de su padre. Se lo lleva, con la serenidad del que sabe que así funcionan las cosas; con la frialdad del que sabe que bien podría haber sido fusilado él.
 
En este territorio, ni siquiera la naturaleza es amable. En Es que somos muy pobres, el río se lleva a la vaca de Tacha. El padre, que no quería que su hija siguiera el camino de sus hermanas –prostitutas- le compra una vaca con la finalidad de que tenga algo con que vivir. Pero con las lluvias, el río se la lleva. Sin contemplaciones, el futuro de la niña es tragado por la naturaleza. Ahora, Tacha, la hija, la hermana del narrador, ya no tiene alternativas.
 
“El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición.” (Rulfo 149)
 
20051207010035-rulfoEl desastre es total. La tierra, ésa que te hacen creer que es tuya, no te sirve para nada. Siempre hay otros. Siempre es seca. Pasa el agua y se lleva todo. No deja nada. Los relatos de Rulfo se introducen en la decepción impostergable; plantean el mundo como un lugar de incumplimiento permanente, tanto por las autoridades políticas, como por el hombre hacia sus pares, como por la impasible naturaleza.

 
Vuelvo hacia todos lados y miro llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan los ojos al no encontrar cosa que lo detenga. (…) Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si alto retoña y se levanta. Pero nada se levantará aquí. Ni zopilotes.” (Rulfo 131-132)
 
jrulfo14Antes que se hablara del Boom, apareció Juan Rulfo. Utilizó estrategias narrativas que, con el tiempo, serían repetidas por toda la generación de escritores de los 60. Dictó los principios de una narratividad que tomaba lo mejor de Faulkner, para componer cuentos que dan cuenta de una realidad latinoamericana. Aborda la provincia, el caudillismo y el abandono como temas literarios y los expresa con una voz local y, a la vez, amplia.

 
Aún bajo el sol, los personajes siguen habitando la sombra histórica. Rulfo los puso en escena. Hablaron. Contaron la Latinoamérica dolorosa. Un relato que subyace las generaciones. Cuentos de los que nadie se hizo cargo.
 
 
 
R.S
 
 
 

3 Responses to “De una tierra siempre prometida”

  1. luis rosas Says:

    no hay duda que hay que empaparnos de nuestra cultura y que cuando ya pasas los 30 piensas porque no les entendia a estos textos cuando tenia 12 anos saludos y prometo comprar un libro de el senor juan rulfo saludos san hipolito xochiltenango “volvere”

  2. Paola Navarrete Says:

    Hola buen día. Estuve buscando una dirección para ponerme en contacto con el responsable de la página, ya que la empresa para la que laboro necesita hacer uso de algunas imágenes publicadas en su página. Por lo que le pediría de favor si tiene alguna dirección de correo que me pueda proporcionar para ponerme en contacto con el responsable y explicarle el uso de estas.
    De antemano muchas gracias.
    Atentamente.
    L.C.C. Paola Navarrete Noriega
    Medios – Culiacán Learning Solutions Centre
    Bvld. Lola Beltran #3210 Universidad de Occidente
    Fracc. Horizontes C.P. 80054
    Culiacán, Sinaloa.
    Tel: 146-85-87 Ext. 115
    p.navarrete.clsc@hotmail.com
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