La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Dossier Salinger: el precio de lo auténtico enero 12, 2009

Filed under: Dossier Salinger,Literatura Norteamericana — laperiodicarevisiondominical @ 1:29 am
Tags: , , ,

 

jd_salinger

Las historias se pueden contar de muchas formas, pero sólo se pueden enfrentar los conflictos de una: de frente. Y de forma inteligente, claro. Entonces, e indiscutiblemente, Salinger aparece en escena para refrendar lo dicho. Con Franny y Zooey, el autor norteamericano apela a la máxima: enfrentar el conflicto. No dar espacios a huidas inoficiosas, sino rodear y atacar para que nadie escape. Ni los personajes; mucho menos los lectores: la indiferencia es un invento.

 

Franny se publicó en 1955, en The New Yorker, y Zooey en 1957. Se puede hablar de continuidad, claro que sí, pero jamás de cierre. La obra que secunda a Franny no cierra la historia Glass. Es un continuo que se define en la misma estrategia que se utiliza para su construcción: la elección de escenas, espaciadas en el tiempo, como pequeños cuadros de un film. Porque Franny y Zooey son escenas. Elegidas y desarrolladas con minuciosidad y atrevimiento; en un paroxismo dramático completo y total.

 

A lo largo de la obra, en todas las escenas de conversación y diálogo, siempre son dos los personajes que aparecen: Lane y Franny; Zooey y Bessie Glass, y Zooey con Franny. Las únicas excepciones, están al comienzo del libro, mientras Lane espera, y al comienzo de la parte de Zooey, con la introducción del narrador y cuando el mismo Zooey lee la carta de su hermano en el baño.

 

Pero incluso en las ocasiones donde los personajes aparecen solos, esto sucede de forma aparente. Cuando Lane espera, o cuando Zooey está en el baño, antes del ingreso de la madre, ambos están leyendo. La presencia, a través de las palabras, de un otro implícito, es una realidad. Lane lee la carta de Franny y Zooey, una vieja carta de Buddy. En consecuencia, ambas situaciones se condicen con una constante del texto de Salinger: la presencia del par.

 

Una de las claves de este libro es el número dos. No como número en sí, sino como un binarismo, como una imprescindible presencia de antónimos. Y el libro se puede leer como un continuo choque de conceptos: mundo intelectual vs mundo espiritual; mundo exterior vs mundo interior; originalidad vs repetición; impostura vs autenticidad; serenidad vs locura; occidentalismo vs orientalismo. Los personajes, incluso, se ubican como representantes de alguna de esas tendencias y sus diálogos dan cuenta de las problemáticas.

 

 

Siguiendo con la idea del diálogo –sin ahondar demasiado en las diferentes significaciones- puedo decir que el conflicto está presente en todas las conversaciones que se suceden en la narración. Hay discusión. Intercambio de ideas. Molestia. Nunca los personajes están de acuerdo -o jamás lo admiten. Siempre son dos verdades las que se enfrentan; dos posturas, dos maneras de ver y entender el mundo. El acuerdo, el pacífico estar de acuerdo, prácticamente no existe.

 

Franny y Zooey, como libro, se estructura a través de esta contracara, sinónimo de un par indivisible. Posiciones que se necesitan para que existan como ideas independientes. La figura de la moneda, con sus dos lados, funciona, pero no es completa:

 

“Una suerte de geometría semántica dentro de la cual la distancia más corta entre dos puntos es un círculo casi completo.” (Salinger 57)

 

En lo que se refiere al conflicto central de la obra, tenemos varias entradas. La primera, y quizá la que prepondere en el libro, es la búsqueda de lo auténtico, por sobre la impostura. El conflicto de Franny se patenta en sus palabras:

 

“Me asquea no tener el valor de no ser nadie en absoluto. Me da asco de mí misma y de todos los que quieren causar sensación”. (Salinger 39)

 

La lucidez de la menor de los Glass es reflejo, en parte, de la vida erudita de su familia. Desde pequeños en concursos de conocimientos; rodeada de hermanos lectores. Sin embargo, y aquí es donde la crítica se hace más aguda, se conecta con la vida universitaria y todo lo que esta institución transmite.

 

El conocimiento, como objetivo, como reto mayor, como tesoro a conquistar, se revela como un enajenamiento de las cosas verdaderamente importantes. ¿Qué importa? Ser auténtico. ¿Qué es eso? No lo sabemos, pero funciona por oposición: la impostura intelectual tiene como fin el ego personal. La lucha de Franny es contra el ego, entendido como una serie de conocimientos y saberes que sólo se utilizan para lucimiento personal, pero que olvidan lo supuestamente principal: la sabiduría.

 

Durante un mes entero, por lo menos, cada vez que alguien decía algo que sonaba académico y pretencioso, o que olía a ego o algo parecido, al menos me quedaba calladita (…) Lo que pasaba era que se me metió en la cabeza la idea, y no podía quitármela, de que la universidad era sólo un lugar necio e inútil más en el mundo dedicado a acumular tesoros y todo eso. Quiero decir que los tesoros son tesoros, por amor de Dios. (…) A veces pienso que el conocimiento, al menos cuando es conocimiento por el conocimiento en sí, es lo peor de todo. (Salinger 152-154 )

 

                                                                                                                                                                      vista-de-nueva-york-desde-el-battery-park

Y el camino que emprende la protagonista, en consecuencia, es total: retirarse de la universidad, y repetir, incansablemente, una oración religiosa. Murmurarla hasta hacerla parte del ritmo interno del sujeto. El libro de Salinger, más allá de las creencias personales del autor, sólo muestra. Los conflictos familiares que surgen de la opción tomada por la menor de los Glass es un dato más en la historia total que se está contando. El único que intenta debatir con Franny es su hermano Zooey. Es él el encargado de realizar una reflexión sobre sus ideas. No hay intromisiones, sólo son las palabras de Zooey las que apelan:

“Por simple lógica, yo no veo ninguna diferencia entre el hombre ávido de tesoros materiales, o incluso intelectuales, y el hombre ávido de tesoros espirituales.” (Salinger 156)

 

Pero Zooey no es sólo eso. Él también lucha contra lo mismo. La búsqueda de lo auténtico es compartida por todos los hermanos Glass. Zooey es crítico, implacable e inconformista. Clama por una originalidad que no encuentra. Su madre, en la conversación que tienen en el baño, lo describe así:

 

“Si alguien no te gusta, a los dos minutos, lo descartas para siempre. No se puede vivir en el mundo con simpatías y antipatías tan marcadas.” ( Salinger 10 )

 

La contradicción entre lo que Zooey es y lo que Zooey dice (pensando en el diálogo que tiene con su hermana) es notoria. Pero pertenece, y esa es su gracia, a la siempre tendencia de Salinger de mostrar las costuras de sus personajes. No se habla de hombres intachables, sino de seres comunes: porque los Glass, por más que se sientan especiales, son una familia como todas, sin ningún tipo de excepcionalidad más allá de las particularidades de cada grupo familiar. Salinger no quiere crear una familia extraordinaria, sino patentar los vicios e ilusiones de seres comunes.

 

Hay en Salinger un continuo llamado, una especie de advertencia, que trasciende sus obras. Una pequeña nota que denuncia la incomodidad. Una incomodidad hacia los sujetos, hacia sus obras, pero también hacia las construcciones humanas. No es un llamado a regresar a una etapa primera, porque Salinger sabe que nunca hay regreso, sino una advertencia a realizar, en vida, aquello que nos aleje del mundo que complota. Un plan para crear un propio mundo, que surge del inconformismo hacia lo que se ve, como una necesidad ineludible.

 

No se puede obviar, me parece, la figura de Buddy. El hermano de los Glass, supuesto escritor que vive apartado y alejado de la vida de Nueva York, aparece como un obligado referente para toda la familia Glass. La madre, por ejemplo, pide contactarse con él para poder contarle lo que sucede con Franny. Zooey, por ejemplo, lee atentamente una carta vieja, como si fuera un mensaje al que siempre se deba regresar. Franny, por su parte, confía y cree en él.

 

franny-and-zoory

¿Qué es lo que tiene Buddy que funciona como justo medio para las desequilibradas vidas de su entorno familiar? Pues bien, Buddy, de una u otra forma, se retiró de la vida. Se apartó. Vive solo y retirado en una pequeña casa, escribiendo. Buddy es, o al menos la narración lo sugiere, el narrador del texto. Pero se oculta. No quiere aparecer. Se esboza su presencia en la introducción de la parte de Zooey, pero sus intromisiones son mínimas. En Franny y Zooey, Buddy es el vencedor: y por eso puede contar la historia.

 

La lucha contra el ego no termina. No es trabajo fácil, así como tampoco es una labor rentable en un mundo donde lo institucional funciona como agente legitimador de logros y virtudes. Y Zooey lo sabe.

 

“Siempre, siempre, siempre refiriendo cada maldita cosa que sucede a nuestros pequeños y asquerosos egos”. (Salinger 160)

 

 Aparece la idea de canalizar la rabia hacia el enemigo correcto. Esbozar un plan que tenga como centro la anulación de ese enemigo. Porque existe. Salinger sabe que existe y lo muestra a través de sus personajes.

 

El autor norteamericano coloca las balas, pero son otros las que deben dispararlas.

 

Si le vas a declarar la guerra al Sistema, dispara como una chica buena e inteligente: porque el enemigo existe y no porque te disguste su peinado o su maldita corbata” (Salinger 169-170)

 

Franny busca el lugar; el lugar preciso donde ubicar la bala. Franny y Zooey es el relato del inconformismo. Un texto donde los personajes reciben los golpes con la sensibilidad de los que han alcanzado cierta lucidez. Porque la lucidez, y Franny lo sabe, duele. Pega. La idea, entonces, es buscar una salida. Y en eso estamos.

 

 

 

 

R.S

 

 

 

 

Anuncios
 

2 Responses to “Dossier Salinger: el precio de lo auténtico”

  1. v. Says:

    excelente.
    ya no te acuerdas, pero cuando te conté que me gustaba, no lo tomaste en cuenta.
    tal vez la ambición es lo detestado, ¿no? (“que el mundo sea ocmo sea, pero no es aceptable ambicionar ese mundo”, parece decir S.) (ver cita p.156)
    y Buddy… Buddy es una especie de muerto viviente. Buddy prefiere más a los muertos que a los vivos, el pasado al presente. Adorable, Buddy, pero muerto.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s