La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Dossier Salinger: Epílogo enero 12, 2009

Filed under: Dossier Salinger,Literatura Norteamericana — laperiodicarevisiondominical @ 1:15 am
Tags: ,

 

Que al menos hayamos ascendido un peldaño más de la escalera

 

j_-d_-salinger1Componer un dossier supone en todos los casos una gama de riesgos que cada uno lleva como mejor pueda. El dossier implica un recorte sobre un aspecto de la vida (la literatura en este caso en tanto “expresión artística”, pese a que esa frase soldada huela a poco); otro recorte sobre ese plano seleccionado (en nuestro caso la figura Salinger-escritor-norteamericano-bla-bla-bla…) y otro recorte más sobre ciertos rincones de la obra o actividad de la selección anterior. Tamaño nivel de libertad (y de arbitrariedad, por supuesto: la libertad es otra forma de llamar a la arbitrariedad, al menos en un plano individual) convierte en válido poco menos que a cualquier intento que se ejecute. Tal vez estemos todos de acuerdo (excepto la grey que todos conocemos, aunque no sepamos de quién se trata exactamente; excepto esa grey con tufo a resentimiento que todavía cree que es una barbaridad, o peor, una dádiva excesiva, permitir hablar o escribir a cualquiera) en lo saludable que termina siendo el hecho de que se insista sobre algunos autores valiosos, que se hable de ellos al menos.

 

Pero, a decir verdad, no es ése el objetivo de máxima de esta compilación sobre nuestro autor; podría serlo seguramente en el caso de algunos autores ya demasiado recorridos en todos los idiomas de la crítica. En el caso de Salinger, creemos, la simple satisfacción por el intento de abordar algún que otro semblante de sus preclaras parrafadas, es superado por un anhelo que, se me ocurre, puede ser esclarecido con la siguiente metáfora tomada del Wittgentein del Tractatus, es decir, del “primer Wittgenstein”. Este filósofo, hacia el final de su obra citada (Tractatus logico-philosophicus, 6.54), escribe: “Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas fuera de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido). Debe superar estas proposiciones; entonces tiene la justa visión del mundo”. Quien conozca el temple de la propuesta wittgensteniana, comprenderá asequiblemente la proposición citada; quien no, igualmente puede aprovecharse de la metáfora.

 

Una escalera que nos permite llegar hasta el sitio codiciado, he ahí entonces la sugerencia. Fácilmente caemos en la cuenta de que no se trata de un sitio cualquiera y que, por lo mismo, la escalera en cuestión no puede ser indistinta. La escalera construida (o elegida, según el sustento ontológico que se tenga) es la única que habilita el arribo al sitio prometido por ella misma y por todas las demás escaleras, es decir, por todos los otros diagramas que se postulan como medium.

Aquí hay que hacer un alto impostergable: en la metáfora de Wittgenstein, todas las demás escaleras – verbigracia, el resto de las propuestas filosóficas occidentales – se postularon también como parte del sitio, cuando no como el sitio mismo. Las otras escaleras tienen un rasgo de absolutismo que le impide reducirse a instrumento. Platón, Aristóteles, Descartes, Hegel, por nombrar algunas de las reconocidas marcas de escaleras, no se limitan a proporcionar un medio efectivo para acceder al sitio sino que se ocupan de describir el sitio, de descifrarlo, de señalar sus reacciones, sus límites, sus trasfondos. La escalera que anuncia el filósofo vienés en alusión, por el contrario, se sabe inútil desde un principio para mayores servicios que el del “viaje” hasta el sitio tan mentado; la correcta utilización de la escalera conducirá efectivamente hasta el lugar que nos permita ver el mundo desde una “justa visión”, pero deberá ser desechada en el preciso momento en que se acceda.

 

 

La propuesta de Salinger, creemos, puede asimilarse a esta metáfora; Salinger es un autor que bien se encarga de mostrar vías de acceso a una realidad que se despliega en dos polos pronunciados: uno extremadamente material, en el que seres empachados de oportunidades, de vida y de resentimiento se hastían, se enamoran, se temen y aborrecen. El otro místico, espiritual, etéreo, angelical en algunas ocasiones, horroroso en muchas otras. En uno y otro polo, sin embargo, Salinger parece respetar la vocación de “escalera” que podemos conceder a su obra, que por otra parte es la única convicción sobre la literatura que le conocemos (se puede comprobar fácilmente esta cuestión en varios de los artículos de este dossier, especialmente en la entrevista publicada): la literatura de Salinger cuenta historias que en el mejor de los casos nos permiten “acceder” a la presentificación de una visión justa del mundo, que en el mejor de los casos puede mostrarnos ese mundo desde una visión que, sospechamos, es “justa” en el sentido wittgensteniano, por cierto nada moral. Salinger no nos da respuestas ni fórmulas para maniobrar en ese mundo, no prescribe normas de fondo para las soluciones necesarias en esa visión del mundo. Su literatura es de este modo un placer propio (así se encarga de decir una y otra vez el autor) que servirá únicamente para aquel que pueda comprenderla en su simbolismo y coherencia; que servirá únicamente para acceder a la hilera de misterios que nos apañan en tanto seres atormentados por la razón y la fe, pero no para elucidarlos.

 

Nuestra tarea, por lo demás, creemos, puede intervenir en el mismo sentido: leer a Salinger también es un desafío, una aventura, y cualquier cosa que se pueda escribir sobre ello (esto es, la famosa crítica literaria) será más dichosa en tanto más colabore como escalera. Lejos estuvo de nuestras pretensiones decretar una lectura determinada (y definitiva) de Salinger o de interpretar sus obras mediante elementos irrefutables en su conexión simbólica. Esperamos haber ascendido un peldaño al menos en la escalera, y haber ayudado a alguien más a subir ese peldaño. Sospechamos que cualquier dossier es un acto desesperado de amor o cariño, una forma activa de pensar en el desconcierto propio de la obra de cualquier autor grandioso. Continuamos abonando la sospecha tras estas páginas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mome        

 

  

 

 

3 Responses to “Dossier Salinger: Epílogo”

  1. oesido Says:

    Excelente trabajo en torno a Salinger. Enhorabuena. Que tal ampliar igualmente el trabajo de Fante? Un saludo.

  2. laperiodicarevisiondominical Says:

    Gracias. Se tendrá en consideración.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s