La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Dossier Salinger: Eso del Amor o Parecido enero 12, 2009

 

 

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Infaltables discusiones, quejas y derrumbes. De arrepentirse, volver a casa y abrazar. No se trata –es lo que menos quiero- de definir las relaciones ni de puntualizar cómo y cuando, qué y dónde. Se trata, creo, al menos en este caso, de leer Las Dos Partes Implicadas y encontrarlo. Ver algo y no saber cómo entrar, pero querer hacerlo. El cuento inédito de Salinger, de 1944, trata sobre lo que dije, y de mucho más.

 

Lo narra Billy, marido de Ruthie. Y lo narra con la ironía y locura de los que buscan el problema, pero también se arrepienten. La historia es así: ella se casa muy joven, torciendo la voluntad de la madre. Él la quiere. Ella lo quiere. Tienen un hijo.

 

Se van a un bar y discuten. Él, dice ella, sale mucho. Él, asegura, no sale tanto. Insensible. Alguien llora. Es ella. Sale del bar y lo espera en el auto. Van a casa. No se hablan. Al día siguiente, él sale a trabajar. Cuando vuelve, ella ya no está.  

 

Dijo que desde luego entendía lo que quería decir, y dijo que también entendía lo que quería decir su madre, cuando su madre dijo que éramos demasiado jóvenes para casarnos. Dijo que ahora entendía lo que querían decir muchas cosas.

 

Frases que se dicen para que duelan. Y el subtexto propuesto por Salinger es claro: se sabe herir cuando se ama. En todo cuento de amor, de abandono, no puede faltar la nota. Un mensaje que se deja, algo oculto, pero lo suficiente visible como para que el otro lo vea. Y lo lea. Lo lea muchas veces hasta, como en este caso, se lo aprenda de memoria.

 

Billy: No veo que sirva de nada que sigamos juntos. Tú no pareces darte cuenta de que ya nos va tocando perder ciertas cosas. De que ya nos va tocando pasarlo de otra manera. No sé cómo decirte lo que quiero decir. De todas formas, no sirve de nada volver a machacar sobre ello, porque tú ya sabes lo que yo siento, y sólo hace que te enfades de todas formas. Por favor no aparezcas por casa de mi madre. Si quieres ver al niño, por favor, espera un poco.

 

¿Y qué hacer? Primero sentir la ausencia. El lugar no es el mismo. La locura de hablar solo e intentar poblar el vacío físico que es, en definitiva, el vacío del corazón. Así; bien cursi. Y Billy camina por la casa. Abre puertas y llama en voz alta a Ruthie. Pero Ruthie, y él lo sabe, no está. No hay nadie.

 

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Billy se siente Humphrey Bogart. Y canta: Moonlight Becomes You. Es la canción de ellos. Toda pareja tiene una canción. You’re all dressed up to go dreaming Now don’t tell me I’m wrong And what a night to go dreaming Mind if I tag along. Y Billy busca auxilio. Los amigos. Ahí tienen que estar los amigos. Pero no. No están. Nadie contesta o si contestan se han ido. Nadie puede ayudarte: Moonlight Becomes You.

 

 

Luego, casi como una regla inquebrantable, no hay que hacerle caso a la nota. Nunca. Si te dicen no llamar, llamas. Salinger lo dice claro: en esto de las relaciones nunca hacerle caso al otro. No hacerle caso a nadie. Entonces él la busca. Y llama. ¿Dónde? A la casa de la madre. La mujer no huye, se esconde. Se refugia. Aún estás a tiempo. Aún no aparece otro.

 

Contesta la madre. Ella dice que Ruthie no está, pero todos sabemos que sí está. Una regla más: nadie te hará las cosas fáciles. Es el precio a pagar. Nadie entenderá que tú, Billy, no quieres seguir pagando. No importa quién tiene la culpa: la culpa siempre será tuya. La culpa que sea. La culpa de no darte cuenta, por último. Y Ruthie ve a la madre y escucha a la madre y no lo soporta.: se pone al teléfono.

 

Ella dijo que volvería a casa.

 

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Y vuelve. Regresa. Él la espera. Se abrazan. El amor sigue. Pero la nota, la nota ya te la aprendiste de memoria. Por más que se haya solucionado, la memoria guarda las palabras dichas. Está escrita. Para Amar debes evitar soñar.

 

Se acuestan. Él despierta a mitad de la noche y no la encuentra. Va al salón y ahí está. Entonces, y como clausura final, Billy, al verla, define el amor: Ustedes no han visto nunca a mi mujer cuando lleva puesto un pijama azul o un vestido azul o un traje de baño azul. Yo nunca supe de qué color iba vestida una chica hasta que conocí a Ruthie. Pero con Ruthie se sabe que lleva puesto algo azul.

 

Y vivieron felices para siempre.

 

 

 

R.S

 

 

 

 

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