La periódica revisión dominical

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Levrero y El Discurso Vacío: una manera de escribirse enero 21, 2009

Filed under: literatura latinoamericana — laperiodicarevisiondominical @ 4:38 am
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Que la buena literatura no resiste clasificación ya está dicho, pero es necesario repetirlo –y dejarlo bien grabado- cuando leemos obras que colindan y subvierten los géneros convencionales y se aproximan a eso que, comúnmente, llamamos buena literatura. La aclaración es pertinente cuando nos aproximamos a El Discurso Vacío, libro de Mario Levrero (Montevideo, 1940-2004). Obra de carácter autobiográfico, se dice, El Discurso Vacío comienza, para su autor, como un libre ejercicio de autoterapia grafológica. Sin mayores pretensiones, el texto se escribe buscando experimentar cambios psíquicos a través de la perfección de la letra manuscrita.


 

El párrafo anterior es un buen comienzo, y podría acabar ahí, pero la obra de Levrero sucumbe a sus intenciones y se convierte en uno de los textos más vivos que la literatura latinoamericana ha producido. Con la excusa de los ejercicios manuscritos, El Discurso Vacío se transforma en una lucha –personal y sufrida- entre la escritura y el contenido de la misma. ¿Qué decir cuando queremos sólo escribir? ¿Qué significa lo que escribo aun cuando no quiero decir y mucho menos significar?


 

“Otra vez estoy desviándome y prestando poca atención a la letra y mucha a los contenidos, lo cual es antiterapéutico (…) y debo ceñirme a lo que me he propuesto, es decir, una especie de escritura insustancial pero legible.” (Levrero 20 )


 

Levrero estructura sus apuntes en función de una fecha. Si bien no tienen la continuidad de un diario, se asemeja; son sus impresiones personales, en torno a un día marcado. Los continuos saltos temporales hacen que el relato pierda la frecuencia de los sucesos forzosamente narrados, pero esos mismos espacios –podemos llamarlos neutros- provocan que las temáticas tratadas –más que temáticas podríamos denominarlos obsesiones- no importen. Fecha tras fecha, el autor se debate entre lo que está diciendo y lo que no quiere decir.


 

eldiscursovacioMario Levrero comienza su escritura intentando restarse de lo escrito. Sin embargo, con el transcurso de la escritura, la operación se funda en una contradicción. ¿Qué decir? El contenido se filtra, se aproximan los significados, pese a la voluntad tajante del escribiente de anularse. El Discurso Vacío lucha por no significar, y en esa batalla significa. El autor uruguayo confiesa su angustia:


 

“Pero ya no estoy poniendo lo mejor de mí mismo en la letra; me distraigo con los temas y me olvido del dibujo. No puedo atender ambas cosas al mismo tiempo. (…) Parece que la función de escribir o de hablar es por completo dependiente de los significados, del pensar, y no se puede pensar conscientemente en el pensar mismo; de igual modo no se puede escribir por escribir o hablar por hablar, sin significados.” (Levrero 39 )


 

El discurrir narrativo resulta ineludible. Pero también la significación de lo que se narra, sin intenciones literarias, como mero ejercicio práctico, comienza a diseñar un camino propio. ¿Qué mensaje se esconde tras la aparente necesidad de no decir nada?


 

Lo que importa, y eso me atrevo a sostener, es que el relato cumple una función de pregunta y respuesta: escribir es decir algo. Por más que me afane en la búsqueda de un vacío narrativo, sólo encuentro discursos secretos que no sabía que tenía, pero tengo y doy cuenta de ellos.


 

“Tengo plena conciencia de que estos ejercicios caligráficos han ido derivando en ejercicios narrativos; hay discurso –un estilo, una forma, más que un pensamiento- que se impone ansiosamente a mi voluntad.” (Levrero 41 )


 

La voluntad no alcanza. Descifrar el mensaje que se escapa comienza a ser un objetivo para Levrero. Rescatar un significado del entramado de anotaciones que se escriben, en un principio, sin intenciones literarias. Levrero tiene conciencia de no querer hacer literatura, pero la hace. Y es quizá desde ése punto donde surgen los contenidos más vivos, crueles, desoladores y cercanos que hacen de una supuesta inconsciencia una obra llena de lucidez. Es que desde la negación a decir es desde donde aparecen los secretos.


 

“Tal vez, si hubiera un lector que no fuera yo mismo, ya habría descubierto en las líneas escritas algo del contenido real del discurso; y esa idea me perturba todavía más que la idea de aburrir.” (Levrero 44 )


 

El autor lo intuye; reconoce un contenido subterráneo que llena de significado al gesto de escribir. La escritura no será un simple discurrir, sino un entramado de mensajes que se apoderan de lo escrito. El lector se da cuenta de que algo pasa; que los sucesos se disponen; que la terapia grafológica comienza a ser una excusa para acercarse a las zonas mudas del narrador.


 

Sin embargo, Levrero se rebela a aceptarlo. Habla del perro; relata sus sueños. Cualquier excusa es válida, pero toda digresión es también una ruta de retorno al significado.


 

“Estoy tremendamente aburrido de hablar de perro. Siento que mi discurso se ha desnaturalizado por completo, que ya no conserva su forma, su ritmo inicial, y estoy escribiendo como por rutina, automáticamente. No me olvido sin embargo de mis objetivos; tal vez, pienso, este aburrimiento sea necesario para capturar de pronto, en un asalto sorpresivo, a los verdaderos contenidos que sigo esperando encontrar. No sé. O, tal vez, para continuar escribiendo deba hacer una pausa y esperar un golpe de inspiración.” (Levrero 78 )


 

cultura8Entender los contenidos que aparecen, se convierte en necesidad para el autor. Con el tiempo, se da cuenta que el mensaje aparece, escapa al control y es necesario entenderlo. Literatura autobiográfica, sin intenciones literarias, pero escritura cargada de contenido y sentido. Es que, al fin y al cabo, Levrero no puede escapar, y ésta es una de las conclusiones tras la lectura, de su condición de escritor. No quiero decir con esto que un escritor deba, necesariamente, contar algo –lo que comúnmente llamamos como contar-, sino, y tomando una cita de Barthes “es absolutamente “natural” que el escritor escriba siempre, en cualquier situación.” (Mitologías 32 )


 

Y la contradicción de Levrero se refleja en sus propios escritos. Es continuo el decir algo y luego retractarse de lo dicho: No hay nada en el presente que signifique contento, ni por un instante; no hay paz ni sosiego, no hay sueños por recordar –como si el espíritu fuera un campo árido, un desierto. (…) Esto es un ejercicio caligráfico y nada más. No tiene sentido preocuparse por darle un contenido más preciso. Sólo llenar una hoja de papel con mi escritura.” (Levrero 114-115 )


 

Innumerables los pasajes donde el escritor escribe negándose a decir. Pero la operación, como hemos visto, resulta imposible. La tarea de escribir sin aproximarse a un significado, es una estrategia perdida de antemano. Puede importar la letra, pero su propia vida es imposible de soslayar. Como si la voluntad no fuera suficiente. Y la vida se filtra entre las palabras. Aunque los hechos no se narren con la exactitud de un escritor dedicado a contar sucesos, las sensaciones que Levrero libera en su prosa dicen más de su situación que cualquier narración detallada y minuciosa.


 

“Debo luchar contra las fobias y contra la inmovilidad, la pasividad, sobre todo porque detrás de esta pasividad se oculta una poderosa fuerza destructiva. Sería preferible que rompiera objetos, que hiciera cualquier cosa antes que continuar en un estado insensato de espera, durante el cual nada se va a resolver, y yo voy a seguir acumulando frustración y rabia.” (Levrero 118 )


 

levrero_azul2La pasividad, sobre la que habla la cita anterior, tiene relación con un hecho puntual que se explica al interior del texto, pero también, en una segunda lectura, promueve la idea de que la escritura está frenada por un yo que se niega a contar todo lo que puede hacerlo. Es ésa determinación la que inunda al libro de un continuo devenir. La operación que Levrero se propone, en un comienzo, busca su anulación como “autor”, para convertirse en una mano que sólo escribe palabras vacías de contenido. Operación que deviene, en consecuencia -e involuntariamente pero de forma ineludible-, en una mayor presencia del sujeto. La proximidad con la que se narra El Discurso Vacío se antepone a sus fines. Pero ¿qué fines? ¿No significar?


 

El narrador busca esconderse, pero no lo consigue. Levrero subestima el poder significador del lenguaje, y se ve envuelto en él. El escritor escribe, pero también se escribe.

 


“Mi buena voluntad no alcanza; estoy desesperado por salir de este lugar, apresuro mi escritura todo lo que puedo para terminar de una vez la hoja y salir corriendo. SOCORRO.” (Levrero 119 )


 

El Discurso Vacío es un texto que, para comprenderse,  debe tenerse presente la escritura como operación significadora, que da sentido y nos da sentido. La figura del escritor se ubica en el centro del relato y el texto involucra, de forma cercana y certera, el rol del autor con su escritura. En el anhelo por no decir, lo dicho adquiere nuevas profundidades. Los escritos, aparentemente neutrales, relatan y cuentan más de lo que el propio autor pensó en decir. Leer El Discurso Vacío es adentrarse en las profundidades de un inconsciente que pugna por salir y finalmente sale. Como bien dice Levrero: “cuando mi escritura se vuelve actual y biográfica, resulta inevitable poner inconscientemente en juego esos misteriosos y muy ocultos mecanismos, los que al parecer comienzan a interactuar secretamente y a producir algunos efectos perceptibles.” (86-87)


 

R.S



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4 Responses to “Levrero y El Discurso Vacío: una manera de escribirse”

  1. […]       Pero hete aquí que  ha caído en mis manos el libro ideal para un estado de vaguedad intelectual: El discurso vacío de Mario Levrero. LLevaba  mucho tiempo rondando al uruguayo, del que había oído hablar en otros blogs de los habituales (Quaderno Ribadavia, Blue Mund,  La periódica revisión dominical…)  […]

  2. Hola, perdona, llegué por accidente, estaba hablando con una amiga por teléfono cuando un mosquito se paró en la pantalla del móvil, echaré un vistazo al blog [el mosquito ha muerto, lo he chafado]

  3. diariomediocre Says:

    Totalmente en desacuerdo, a mí me ha espantado y eso que Mario me había ganado con el Dejen todo en mis manos.

    Siempre es un placer descubrir opiniones discordantes.

  4. […]       Pero hete aquí que  ha caído en mis manos el libro ideal para un estado de vaguedad intelectual: El discurso vacío de Mario Levrero. LLevaba  mucho tiempo rondando al uruguayo, del que había oído hablar en otros blogs de los habituales (Quaderno Ribadavia, Blues Mund,  La periódica revisión dominical…) […]


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