La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Nadie va a Madrid febrero 9, 2009

Filed under: Literatura Chilena — laperiodicarevisiondominical @ 2:15 am
Tags: , , , ,

 

marcelo-mellado6Lo siguiente puede ser sobre escritores que se mueven o escritores inmóviles. Puede ser sobre literatura o sobre la impostación literaria. Puede, incluso, funcionar como declaración de principios o como apología del localismo. Contra otros, contra uno mismo.

 

 No iré a Madrid, dice Marcelo Mellado, en el cuento que inaugura su libro Ciudadanos de baja intensidad, y la consigna se repite a lo largo del relato, como un gesto que recrea el estado de las cosas. El yo se instala en un espacio, encuentra un contexto, y narra su consigna política. Porque No iré a Madrid funciona como cuento, pero también como declamación.

 

Hay unos y otros: hay un aquí y un allá; hay un narrador que se instala en un lugar y desde esa ubicación cuenta. Por sobre todas las cosas, No iré a Madrid es un relato que encuentra un espacio desde donde contarse; un espacio ineludible, que llena de sentido el mensaje, que lo justifica y que lo agrede. Más que reacción, el narrador autoconfiesa sus preferencias. No busca invalidar lo ajeno, sino que, en el discurrir de los hechos, procura autoafirmarse.

 

Es tan insoportable ser chileno que he pensado seriamente en renunciar a esta nacionalidad perversa. (…) Vivo, en un país, territorio o paisaje que no faculta para la vida humana, por eso no iré a Madrid.”

 

3211099030_96f41a1781_m1El hablante, como he dicho, encuentra su lugar, pero no lo caracteriza con la intención de elevarlo a categoría idílica, sino como una necesidad de afirmarlo tal cual es. Lejos de fantasías y paraísos, el lugar de Mellado es una realidad insoslayable, por lo que sólo queda asumirlo.
A su vez, Mellado deconstruye todo tipo de ensoñación literaria. Me explico: las imágenes creadas, a partir de la misma literatura, de París, Madrid, Barcelona, Roma, Lisboa o Ginebra, no son más que añejas imposturas de un tipo de literatura que las ensalzó como lugares -valga la repetición- literarios. En consecuencia, en No iré a Madrid, el narrador se aleja de la figura del escritor que anhela las tierras donde se ubican sus novelas preferidas, para refugiarse en un país que no es mejor, pero que es su lugar.

 

No iré a Madrid, porque los que suelen ir para allá son los buenos escritores y uno que otro futbolista, y creo que algunos políticos invitados y también las putas y algunos delincuentes, y yo no pertenezco a ninguna de esas cofradías. (…) Y volviendo a lo de los escritores, se trata o me refiero a esos que escriben como hay que escribir, no como uno que escribe idioteces sin sustancia ni fundamento.”

 

mm150108No ir a Madrid se convierte, a su vez, en elección, pero también en imposibilidad. Aunque se quiera, no se puede. O sí, pero traicionando ciertos principios que, al menos someramente, el narrador tiene. Porque el yo que cuenta tiene un lugar físico, pero también un lugar social. Es esta ubicación social –podríamos llamarle clase- la que no se transa. En el Prólogo a Los Lanzallamas, Roberto Arlt dice: “Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero, por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encarna como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de la sociedad.” Pues bien, el narrador de Mellado, a mi juicio, hace suyas las palabras del escritor argentino. Un escritor, escribe. Los salones, la comodidad, son para otros. Es, como el mismo Mellado sostiene, “para los escritores que escriben como hay que escribir”.

 

No soy artista ni intelectual, ni empresario, ni carterista internacional, luego, no tengo billete pa’l pasaje, y aunque lo tuviera tampoco iría, porque no tengo nada productivo que hacer allá y para pasear o vacacionar me basta con esa cagada de litoral central que queda aquí cerquita y que está llena de poetas hijos de puta. Te insisto, no iré a Madrid ni a Roma tampoco, y menos a Buenos Aires. Ya sé que es más barato, es como obvio, no tengo línea de crédito ni capacidad de ahorro. Por eso no voy. Porque ese huevón que fue y después escribió España en el corazón, se benefició del agregadurismo cultural y allá se hizo cafiche de una mina con plata que, además, le enseñó los modales necesarios para transitar por esos lados. Por eso no voy a ir ni cagando a Madrid, porque no quiero y no puedo, no me lo permiten mis condiciones de vida.”

 

Hace unas semanas, Marcelo Mellado publicó en un periódico de Chile, The Clinic, un texto titulado No iré a La Habana. El artículo, si bien no tiene los entramados argumentales de No iré a Madrid, responde a la misma lógica. “Yo sé que no soy un escritor con buenos estándares de calidad, pero al lado de cualquier patipelao chileno no quedo tan mal parado”.

 

Mellado, en el texto antes mencionado, radicaliza su postura y la convierte en algo evidentemente político. La queja existe, pero es una queja contra todo un sistema que asume lo artístico como algo decorativo. Ir a La Habana, al menos en el papel, podría ser, en otro tiempo, signo inequívoco de una postura política. Hoy, ya no. Ahora, y allí es donde Mellado se centra, el aquí y allá no está necesariamente marcado por América y Europa, sino por la capital y la provincia.

 

Pero a la hora de la cochina práctica poético cultural ni un culiao me la gana, soy más revolucionario que cualquiera de los lameortos que van. No hay ningún escritor cara de chileno que sea más consecuente que yo a la hora de hacerle la lucha contra el fascismo y la perra concertación; lo que pasa es que yo no vivo en Santiago y los huevones de allá discriminan como locos, porque son tan centralistas como la derecha (son de derecha los culiaos). (…) No iré a la Habana porque Chile es el país invitado y yo soy, a mucha honra, antichileno; al menos de ese Chile lamecaca y liberal que van a promover los que van.

 

cuba01041Lo planteado por Mellado, tanto en el cuento como en el artículo, invita a una reflexión sobre el territorio como lugar social. ¿Qué es lo que somos? ¿Por qué somos de acá? ¿Qué historia nos contamos? Contra la impostura y la literatura snob, contra el falso e ilusorio realismo. El cuento apela al falso turismo cultural, que es una aspiración de estatus, antes que una misión concreta. La literatura, en consecuencia, no tiene objetivos, pero sí tiene una responsabilidad: responder a la agresión, por ejemplo, y denunciar aquello que la agrede.

 

El escritor asume sus textos con una doble cara: decir lo que se es y decir lo que no. Eludir el conflicto, no, pero sí cubrirlo con la contextualización social de lo que se escribe. Como dice Mellado: “Lo que intento hacer es, quizás, hacer un catastro de no lugares para refregártelos en la cara y así evitar la historia que debo contar”. Pero, finalmente, la cuenta igual.

 

 

R.S

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s