La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Charly García y los hologramas del silencio marzo 10, 2009

 

                                                                                                                                                                       charly-garcia-canal-a-rockeros

La definición es de Pipo Lernoud; en todo caso yo no hago más que corroborarla y repetirla: Charly García y las calles vacías. Que la aliteración no nos sea molesta, que denote lo que dice y lo que quedó por decir.

Un tal Charly García, antena parabólica de presencias esquivas en una ciudad vacía. Aunque Charly García difícilmente presencie; acaso tan solo presuma. Charly García que, en algún momento de 1978, devuelve a Marilyn a sus pastillas, a sus sueños de fábula y empieza a introvertirse. Dispone de un cuarto, de unos cuantos instrumentos, de un millar de fantasmas. Fantasmas. Ve todo un elenco de sucesiones elípticas, de errática evanescencia: ve espejismos, y los espejismos tienen siempre lo que uno precisa y lo que uno no puede ver. Allí hay solamente un par de ojos de poca solemnidad, fugitivos, escapistas, sonámbulos. Esos ojos miran y por sobre todo, están despiertos. Charly no debe haber dormido por entonces o bien, desde entonces, debe haber dejado de dormir.

En un momento dejó de salir de casa y ese mismo momento -que ha de empezar con cierta decisión y también cierto castigo-, se vaticina infinito. Ve un afuera, pero qué hay afuera: afuera las calles vacías, afuera las calles calladas, afuera nadie se queda afuera, todos vuelven a casa. De noche, sobre todo. De noche, hay rostros que chocan contra los autos, contra los graffitis que el día oculta. Afuera todas las miradas perdidas. Afuera y estar solo, hasta estallar de ver y no ver la salida.

 

No estás solo si es que sabes que muy solo estás.

No estás ciego si no ves donde no hay nada.

 

Fue así que García empezó a quedarse dentro y no pudo volver a salir. Importaba el afuera y el adentro. Afuera, el horror; adentro, el ser, perdido en el ser. Voces que sólo pueden surcar a una mente extraviada en un walkman; eso es afuera. La suerte dispar de las almas que sueñan conocerse y tropiezan con sus propias huellas, eso es adentro. Se buscan en los demás y los demás no están. Estoy yo, quieto, ariscamente moviéndome en el lugar. Me muevo por dentro. Dentro, fuera y dentro otra vez. Me muevo y tictaqueo. Soy tiempo, soy caño, soy muelas que apretar, soy darse al viento y el viento que me lleva. Yo me llevo.

 

Y el reloj en tu puño marcó las tres.

 

Es inmiscuirse o desolarse. Verse en los espejos, en los del final del pasillo y en los pasillos nerviosamente alineados de un espejo de bolsillo. Y así atreverse a todo, mirarse en el espejo o en el techo o en ese ir de la cama al living. Corroborando este itinerario desde mí a mí, puedo serlo todo.

 

Aunque vives en mundos de cine

No hay señales de algo que viva en mí.

 

Puedo decir así que vivo en aquél que va de un lado al otro, que se la pasa viajando en su propia imagen, cavando hondo, hondo, hondo, hasta no salir jamás de la proyección de esa imagen que no acaba siendo yo. Soy y soy aquello que voy mostrando. Soy y no puedo ser fuera, de modo que soy dentro. Dentro, insisto, soy Todos. Charly García y saber que entre calles vacías no me atreveré a ser quien soy, que no puedo serlo. Y no se trata de una cuestión de identidad. No tengo identidad. Fuera no la tengo. Fuera la he perdido. Fuera me la quitan o en todo caso, desaparezco. Soy anónimo y no por estar perdido, sino porque perderme de vista ha sido su mejor solución. No me quieren: afuera no hay brújulas; sólo buscapiés, boomerangs, mi nombre en el nombre de otro que no sabe de mi nombre. Adentro, ya rota las brújulas, ya detenido los relojes, soy mi propio pulso, el refulgente holograma de mí que soy. No. Dios, el mundo es un infierno. No lo digas. No. Dentro, más tiempo dentro. Bajo la mirada, hasta los pies. Pienso: preso en mí mismo o preso para los demás. Una de dos. Y una de dos es sobrevivir y sobrevivir no es estar vivo. Una de dos. No puedo sobrevivir, nadie pudo. Las reglas son claras. Son reglas de hecho. El trabalenguas, traba lenguas. El asesino, te asesina. Quién sobrevive, quién puede hacerlo y quién va a contarlo. También cosas como éstas pueden decirse mediante reglas de hecho. Pero los que quedan dentro, image10los que ven toda la noche como una sola y larga noche sin fin, empiezan a asemejarse a los de afuera, cada uno en su oscuridad. Se forma un círculo de cautividades: dentro de una celda (cuando lo que hay es una celda) o dentro de uno mismo (si queda algo de uno mismo). Y allí, no es silencio lo que hay, no existe siquiera la posibilidad del silencio. Se precisa el disfraz, la máscara, la fachada, dentro y fuera, dentro y fuera, dentro y fuera. La máscara no es silencio, sino la prueba evidente de que nadie tiene nada que callar por olvido, por omisión, por urbanidad; podría hasta no importarle la diferencia entre callar y no callar. Pero dentro (el lado que más amablemente conocemos) el filo narcótico de una noche sin estrellas, que me tiene intacto y a punto de quebrarme a la vez, ese ir y volver del baño, ese ir y volver y ver el fuego en la hornalla de la cocina como algo irreal. Charly García y vacío, vacio, vacío solamente. Nada, nada queda, si no es por unas cuantas melodías ardientes, un poco de aire viciado, líneas de bajo que parecen marcan el paso hacia la muerte, hacia varias de las muchas muertes que pueden conocerse en vida. Son horrores que precisan poetas, el adornicidio está demás. Son horrores que surcan la vida de lado a lado. Son lo inútilmente triste de nuestra humanidad, nuestros errores pacientes, mejor calculados, esos que también planean destinos y titulaciones y viajes en subte y espuma de café y sonrisa inconsolablemente confusa del lustrabotas confuso. Son hoy la brevedad del comentario del cínico y la pastosa voluntad de quien se hizo militante del horror sin haberlo vivido demasiado. Con errores así se construye la memoria. Con nuevos silencios, con nuevas máscaras. Charly García y tener el talento suficiente para decir cosas que perduren, para registrarlo todo cuando lo que puede registrarse es nada. Charly Gracía, para abrir una grieta sutil entre lo que se ve y lo que no se ve, y meterse dentro.

 

 

¿No ves que el mundo gira al revés…?

mientras miras esos ojos de videotape…

 

 

 

 

 

 

Así me meto dentro y luego, casi sin que lo notes, me paso la noche entera buscándote. Como si aún estuvieras. Como si nunca te hubieses ido de aquí.

 

 

 

 

 

 

M.A

 

 

 

 

3 Responses to “Charly García y los hologramas del silencio”

  1. Gemma Says:

    “Y existimos solos”
    Esa misma grieta donde se puede compaginar la inocencia con la piel, supongo. Pero también la locura y lucidez, lo real y lo imaginario, tú y yo y todas las contradicciones. Esa grieta en la que uno y el mundo pueden existir impunemente y a salvo.
    Esa grieta que se conquista y se reconquista, llamada arte, locura, imaginación o anteojos negros de carey.

  2. Pandemonio Says:

    Garcia tendria que asumir su homosexualidad latente, reconocer que es un mediocre pensador de derechas y elegir mejor a sus mecenas, ahora mismo, traicionandose a si mismo aunque un poco tarde, engorda con empanadas empanadas de Palito Ortega, sin embargo una corriente de generosidad critica, evita recordar sus canciones light, su carencia absoluta de resistencia cultural, y darle forma epica a un transatlantico que se hunde de gordo que esta !


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s