La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Dossier Kerouac: “Acerca de la Generación Beat” (1957) mayo 4, 2009

 

 

N. del T: El siguiente texto fue escrito por Jack Kerouac en 1957, pero no fue publicado hasta marzo de 1958 por Esquire Magazine.

De algún modo, junto con la aparición de On The Road (1957), constituye una piedra fundacional en lo que hace a una descripción certera de la Beat Generation, al igual que el ensayo de Norman Mailer, El Negro Blanco, también escrito en 1957.

Título original: About the Beat Generation

Traducción: Martín Abadía

 

                                                                                                                                                             connections 

La Generación Beat es una visión que tuvimos a finales de los Cuarentas  John Clellon Holmes y yo, y Allen Ginsberg en un sentido más amplio, en torno a la generación de los locos, iluminados hipsters que de pronto se erguían y deambulaban por toda América, serios, curiosos, vagando y haciendo dedo en todos lados, harapientos, beatíficos, hermosos en un sentido nuevo y grácil — una visión extraída de la manera en que escuchábamos la palabra “beat” en las esquinas de Times Square y el Village, así como en el centro de otras ciudades nocturnas de la América de la postguerra — beat, que significa abatido y marginado, pero pletórico de una intensa confianza —- Incluso ya la habíamos oído en los hipsters de 1910, pronunciándola de la misma manera, con ese mismo desdén melancólico —- Nunca significó delincuentes juveniles, sino personajes de una espiritualidad especial que no se oponían a nada mas que siendo solitarios Bartlebies escapándose por la funesta ventana tapiada de nuestra civilización — los héroes subterráneos que finalmente se apartaban de la maquinaria de la “libertad” occidental y tomaban drogas, entendían el bop, tenías visiones introspectivas, experimentaban el “desarreglo de los sentidos,” hablando de manera extraña, siendo pobres y felices, profetizando así un nuevo estilo dentro de la cultura americana, un nuevo estilo (pensábamos) completamente libre de influencias europeas (a diferencia de la Generación Perdida), un nuevo encantamiento — Lo mismo estaba sucediendo en la Francia de la postguerra de Sartre y Genet y todo lo que por entonces sabíamos —- Pero en lo que se refiere a una idea verdadera sobre una Generación Beat, hay una posibilidad de que sólo haya existido en nuestras cabezas —- Tomábamos taza tras taza de café las 24 horas, poniendo un disco tras otro de Wardell Gray, Lester Young, Dexter Gordon, Willie Jackson, Lennie Tristano y todos los demás, hablando alocadamente sobre aquel nuevo sentimiento de santidad que veíamos surgir allí afuera, en la calle — Escribíamos relatos sobre extraños y beatíficos jazzeros negros, santos de barba que hacían dedo por todo Iowa con sus instrumentos, llevando el secreto mensaje de su respiración hacia otras costas, otras ciudades, como auténticos Walters Desposeidos al frente de una invisible Cruzada Fundamental — Teníamos nuestros héroes místicos y además escribíamos musicales novelas sobre ellos, largos poemas verticales que celebraban a los nuevos “ángeles” de la América subterránea — En la actualidad hay solamente un puñado de verdaderos hips, y lo que probablemente fue desapareciendo velozmente durante y después de la Guerra de Corea, al tiempo que un siniestro y novedoso tipo de eficiencia surgía en América, quizás haya sido resultado de la universalización de la Televisión y poco más (los oficiales de las Educadas Redes de “Paz” de la Policía de Control Total); más allá de los personajes beat posteriores a 1950, desaparecidos en cárceles y manicomios, o avergonzados en el conformismo silencioso, la generación tuvo una vida corta y no fue numerosa.

Pero no tendría sentido escribir este artículo si no fuera igualmente verdad que por obra de algún milagro de metamorfosis, inusitadamente, la juventud posterior a la Guerra de Corea emergió a su vez fría y abatida, habiendo tomado los mismos gestos y mismo el estilo, la nueva apariencia, la “enrevesada” y encorvada apariencia que finalmente empezaríamos a ver en películas (James Dean) o en televisión, los arreglos bop que otrora fueron el secreto éxtasis musical de la contemplación beat ahora aparecían en cada rincón, en cualquier libro (como en los trabajos de Neil Hefti, sin referirme a libro sobre Basie), las visiones bop se volvían propiedad común del mundo popular de la cultura masiva, el uso de expresiones como “crazy,” “hassle,” “make it,” “like,” “go,” se volvían familiares y de uso común al tiempo que la ingestión con drogas se hacía oficial (tranquilizantes, etc) y aún el estilo en la vestimenta de los beats y hipters empezaba a formar parte de la nueva juventud de rock n’ roll, vía Montgomery Clift (camperas de cuero), Marlon Brando (camisetas) y Elvis Presely (largas patillas); y la Generación Beat, pese a que estaba muerta,  resurgía y se veía de pronto justificada.

Sucedió realmente así y lo triste es que, mientras que se me pide que explique la Generación Beat, ya no existe un auténtica Generación Beat; hoy en día, desde México hasta Montreal, desde Londres a Casablanca, los chicos de vaqueros ponen discos de rock n’ roll.

En lo que respecta a un análisis sobre su significado… ¿quién sabe? Aún en esta última etapa de la civilización, cuando lo único que realmente importa a todos es el dinero, pienso que tal vez se trate de la Segunda Religiosidad que Oswald Spengler profetizó a todo Occidente (en América, el último hogar de Fausto) ya que hay elementos de una oculta significación religiosa en la manera en la que, por ejemplo, un tipo como Stan Getz, el más grande genio del jazz de su Generación Beat, fue encarcelado por intentar asaltar una farmacia y luego tuvo visiones sobre Dios y el arrepentimiento (hay algo de Villon en esa historia)—- O el caso de la posterior canonización de James Dean en manos de millones de chicos —- la extraña forma de hablar sobre el “fin del mundo” por el “advenimiento de otro mundo”, sobre “visiones de drogas” y ciertas apariciones que ya habíamos oído entre los primeros hipsters, todos creyentes, todos inspirados y fervientes y libres del materialismo Bohemio-Burgués, como es el caso de Phillip Lamantia, cuando un Ángel lo golpeó, haciéndolo caer de la silla y su visión de libros de los Padres de la Iglesia avasallando el Tiempo, o el de Gregory Corso, visiones del diablo y Heraldos celestiales, o de Allen Ginsberg, visiones en Harlem y en todas partes de un emotivo Amor Divino, o la compresión del mundo de William Burroughs, pensándose como el Único Profeta, o las visiones budista de Gary Snyder en torno a una promesa de salvación, visiones de peyote donde todos los mitos se volvían verdad, o las visiones de Phillip Whalen, donde maléficas y nyc154135b15dalucinadas formas hacían volar el techo de la casa, o las numerosas visiones celestiales de Jack Kerouac, la “Dorada Eternidad” echando luz en los bosques nocturnos, o las atolondradas visiones de Herbert Huncke sobre Armaggedon o las visiones de reencarnación de Neal Cassady bajo la voluntad de Dios, o bien las de Alene L. (1), en las que una electricidad misteriosa se adueñaba de todo, o las visiones de un chico anónimo de Times Square sobre el Advenimiento de otro Mundo que fuese televisado (todas ellas, verdaderamente y definitivamente, tuvieron lugar en la niebla de la vida cotidiana de las mentes de los miembros típicos de mi generación), reapariciones de una temprana Primavera Gótica que sentía la humanidad occidental de una manera especial, antes de que se tornase “Civilización” racional y se volviera hacia el relativismo, jets, superbombas y colosales, benevolentes y totalitarias estructuras burocráticas à la Gran Hermano — tal como Spengler dijo, cuando llegue el ocaso de nuestra cultura (ya presente ahora mismo, según sus gráficos morfológicos) y el polvo de nuestros esfuerzos civilizados se aplaque, la clara luz de final del día revelará preocupaciones una vez más, revelará una beatifica indiferencia para con las cosas que son del César –por ponerlo de algún modo-, un agotamiento con respecto a todo ello, y anhelos y arrepentimiento por lo que fuera un valor trascendental, en torno a “Dios,” al “Paraíso,” espiritual arrepentimiento por un Amor Infinito que se verificará con nuestras teorías de gravitación electromagnética y nuestra conquista del espacio, y donde hoy hay solamente técnicas de eficiencia no habrá nada más, al tiempo que la población atraviesa un violento terremoto que dejará tan solo la Últimas Cosas…. una vez más (ya que el hecho de que el mundo muriera, haría agradable al mundo).

Todos sabemos del Renacimiento Religioso (incluso Billy Graham) por el cual la Generación Beat, e incluso los existencialistas, con todos sus envoltorios intelectuales y pretensiones de indiferencia, representa un sentido de profunda religiosidad, el deseo de desaparecer, fuera de este mundo (cosa que no es nuestro propósito), “elevarse,” extasiarse y ser salvado, como si las visiones de los santos de los claustros de Chartres y Clairvaux hubiesen vuelto nuevamente a nosotros, brotando como hierbas en la acera de la almidonada Civilización, venciendo sus últimos preceptos.

O tal vez la Generación Beat, al ser la heredera de la Generación Perdida, sea tan solo otro paso más que dar hasta la última pálida generación, que tampoco sabrá responder sobre sí misma.

En todo caso, todo indica que su efecto ha echado raíces en la cultura Americana.

Tal vez.

Si no, ¿qué diferencia podría haber?

 

 

(1)Alene L fue la afroamericana con quien Kerouac tuvo un affair en New York City en 1953; su nombre es “Mardou” en The Subterreneans.

 

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3 Responses to “Dossier Kerouac: “Acerca de la Generación Beat” (1957)”

  1. […] Acerca de la Generación Beat, por Jack Kerouac (1957). […]

  2. […] 2012 Kerouac, Jack (traducido por Abadía, Martín). Acerca de la Generación Beat. Disponible en https://laperiodicarevisiondominical.wordpress.com/2009/05/04/dossier-kerouac-acerca-de-la-generacion… Consultada el 19 de marzo de 2012 Lane, Anthony. The journey of Robert Frank’s “The […]


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