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Dossier Kerouac: “Corderos, no leones” (1958) mayo 4, 2009

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N. del T: El siguiente texto apareció por primera vez en la revista Pageant Magazine en 1958. Luego fue recogido en el volumen recopilatorio The Portable Jack Kerouac, editado por Penguin Books.

Eran los años en que la figura de Kerouac empezaba a cobrar cierta notoriedad a partir de la publicación de On The Road y se veía precisado de explicar claramente el por qué del mote “Beat Generation,” dadas las diversas tergiversaciones que llevaban adelante los medios gráficos y televisivos.

Título original: Lamb, no lion.

Traducción: Martín Abadía.

 

 

                                                                                                                                                             beatnik4601 

La Generación Beat no es vandálica. Al igual que el hombre al que de golpe se le ocurrió la palabra “beat” para describir a nuestra generación, a mí también me gustaría decir algo antes que alguien en el mundo de las letras empiece a llamarnos “rufianes,” “violentos,” “desinteresados,” “desarraigados.” ¿Cómo podría ser desarraigada la gente? ¿Desinteresada en qué? ¿En tener pertenencias? ¿Rufianes porque no te muestras elegante?

Beat no significa cansado, o hecho polvo, tanto como beato, la palabra italiana para decir beatífico: estar en estado de beatitud, como San Francisco, intentando amar la vida y ser absolutamente sincero con todos, ejerciendo la resistencia, la amabilidad, cultivando la alegría del corazón. ¿Cómo se puede llegar a esto en nuestro mundo moderno de  millones de multiplicidades?  Practicando cierta soledad, andando solo de vez en cuando en búsqueda del más precioso de los oros: las vibraciones de la sinceridad.

Ser beat no se trata de ser un maniático. Quizás seas introvertido, pero no por eso has de ser malo. Ser beat no es una vieja forma de criticismo. Es un modo de afirmación espontánea. ¿Qué clase de cultura habremos de tener en un mundo de caras grises que dicen, “no creo que eso esté bien”?

Empecemos por el principio. Luego de que se publicó mi libro sobre la Generación Beat, me pidieron que explicase en TV, en la radio, en todos lados, de qué se trataba ser beat. Todos tenían la impresión de que ser beat era un ato de histeria frenética venida de ningún lado. ¿Qué estás buscando? me preguntaban. Yo respondía que estaba esperando ver el rostro de Dios. (Luego recibí una carta de una chica de dieciséis años diciéndome que eso era exactamente lo que ella había estado esperando también.) Me preguntaron: ¿Qué podría tener que ver todo esto con los alocados jazzeros? Respondí que incluso los locos y felices jazzeros, con todas sus emociones, chicas y conversaciones excitadas, eran criaturas de Dios, abandonadas sin saber por qué, aquí, en este infinito universo. Y de hecho, nunca había oído tantas discusiones sobre Dios, las Últimas Cosas, el alma, el adónde-vamos entre los chicos de mi generación; y no se trataba solamente de los del tipo intelectual, sino de todos ellos. En los rostros de mis inquisidores podía ver la pregunta sin fin: Pero, ¿por qué? Billy Graham tenía medio millón de niños espirituales a merced. Esta generación tenía muchos “chicos beats”; hay un vínculo entre ambas cosas, dije.

La Generación Perdida de los años 20s no creían en nada, de modo que se vieron libres para de ser cínicos y negativos. Esa generación es un corpus de autoridad en la actualidad y nos mira con disgusto, como por encima del hombro, a todos nosotros que queremos movernos — en la vida, en el arte, en todo, al confesar cada cosa a cada ser humano. La Generación Perdida aplacó eso; la Generación Beat está tratando de restablecerlo. La Generación Beat cree que debe haber algún tipo de justificación a todo el horror de vivir. La primera de las Cuatro Verdades Nobles es: La Vida es Sufrimiento. Y aún los oigo hablar sobre cuánto vale la pena si tan solo llegar a creerlo, si dejas que ese flujo sagrado salga a borbotones infinitamente, más allá de la fuente secreta de la felicidad.

“¡Hombre, lo entiendo todo!” Tantos tipos me dijeron eso en las aceras, en los años 40s, cuando el beat se erguía como una flor etérea, lejos de la sordidez y la locura de los tiempos. “Pero, ¿por qué?” preguntaba. “No tienes un centavo, ni un solo lugar para dormir.” Respuesta: “Hombre, tienes que seguir elevándote, eso es todo.” Y así veía a los mismos personajes al día siguiente, completamente hechos polvo y abatidos, rumiando sentados en un banco del parque, rehusándose a hablar, buscando algo más en que creer.

Y allí estaban todos, en la noche, los músicos bop sobre el escenario tocando, veías cientos de cabezas asintiendo en la oscuridad cargada de humo, asintiendo a la música. “Sí, sí, sí,” es lo que decían sus cabezas, meditabundas, hermosas, místicas. Los músicos también esperaban el momento de su solo asintiendo mientras escuchaban. Sí. Vi a toda una generación dando un gran sí. (También vi yonquis dando un No al pie de la cama.)

No creo que la Generación Beat acabe siendo una tonta banda de drogadictos y vándalos. Mis amigos favoritos beats eran de todo tipo, buenos chicos, entusiastas, sinceros (“¡Dame cinco minutos de tu tiempo y escucha cada palabra que voy a decir!”)…. ¡Qué tierna inquietud! Qué patética esperanza humana aboga porque todos estemos comunicados y seamos aceptados, todos unidos misteriosamente en nuestras mentes. Las drogas van a desaparecer. Son sólo una moda, como cualquier otra cosa. En la Generación Beat, en vez de las viejas botellas de champagne entrelazadas con medias de seda de la Generación Perdida, encuentras a alguien que vino de visita durmiendo en el ropero, o una vieja cucaracha en el tocador, todo cubierto de polvo. Las drogas estaban destinadas a un puñado de yonquis con problemas de metabolismo antes de que fuese vista pésimamente por las autoridades. Luego, se fue de las manos.

En cuanto al sexo, ¿por qué no? Una mujer que me entrevistó me preguntó si yo pensaba que la pasión sexual era algo turbio; dije, “No, es la entrada al paraíso.”

Sólo la gente amarga puede abatir la vida. La Generación Beat será dulce (como decía el gran Pinky Lee; Lee, que ama a los niños, y todas las generaciones están formadas por niños.)

Yo sólo espero que no haya una guerra capaz de herir a toda esta gente tan hermosa, y en realidad no creo que vaya a haberla. Pareciera que empieza a haber un Generación Beat a lo largo de todo el mundo, incluso detrás de la Cortina de Hierro. Creo que Rusia quiere una parte de lo que tiene América –comida y ropa y placeres para todos.

Avizoro que la Generación Beat, vista tan solo como loco nihilismo bajo la apariencia de un nuevo estilo, va a ser la generación más sensible en toda la historia de América, de modo que no puede más que hacer el bien. Todo lo que se entiende de manera equivocada, luego se refleja con cierta maliciosa interferencia. Si existe alguna cualidad de peso que yo haya observado en esta generación por encima de cualquier otra, es su espíritu de no interferencia con respecto a los demás. Tuve un sueño en el que no quería que un león se comiera a un cordero, y el león se acercó y se sentó en mi regazo como si fuera un pequeño cachorrito. Luego alcé al cordero y él me besó. Ése es el sueño de la Generación Beat.

 

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One Response to “Dossier Kerouac: “Corderos, no leones” (1958)”

  1. […] Corderos, no leones, por Jack Kerouac (1958). […]


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