La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Dossier Kerouac: Epílogo mayo 4, 2009

Filed under: Dossier Kerouac,Literatura Norteamericana — laperiodicarevisiondominical @ 1:14 am
Tags: ,

 

                  Cuando encuentro una hoja de otoño, digo adiós.
                                                     Kerouac, Visions Of Cody
 
                                                                                                                                                         50

Conocí a Jack Kerouac cuando tenía dieciséis años y unos 30 pesos en el bolsillo. Por entonces, en la esquina de Santa Fé y Riobamba, había un Tower Records inmenso, de varios pisos y anaqueles interminables. Entonces los libros y los discos eran más baratos que ahora y si un poco de curiosidad te movía, podías con muy poco dinero llevarte verdaderas gemas a tu casa. El volumen de En el Camino, naranja, de tapas blandas, el que todos conocemos, se fue conmigo esa vez junto a otras cosas. El libro, lo recuerdo bastante bien, lo compré porque había leído algo sobre él en un recorte de periódico que había en casa. Allí estaban algunos de los preceptos y credos de la prosa moderna de Kerouac y algunas noticias, más o menos vagas, sobre su vida. El ejemplar, entonces flamante, quedó en un estante de mi habitación por un largo tiempo. Le había echado una ojeada y en una lectura rápida, no pasé del episodio en el que Sal Paradise lamenta su estupidez por no haber elegido bien el camino a tomar y se pasa toda una noche en la Montaña del Oso. No hice una lectura completa de En el Camino hasta un año después y no recuerdo que haya surtido un gran efecto en mí: tan solo supe que allí había algo grande que yo aún no estaba listo para entender. Y que necesitaba más. Y no hallé más hasta un año más tarde, cuando leí Los Subterráneos y creí entender todo: el estilo, las palabras, la música, el sentido de la partida.
 
 
 Hoy tengo 27 años, mi ejemplar está derruido y los últimos meses estuve inmerso en Kerouac una vez más. Lo extraño es que difícilmente uno pueda decir algo sobre Kerouac, como difícil es decir algo sobre las cosas que uno ama: no hay posibilidad. Se precisa más que distancia para la comprensión y menos que interés para la entrega.
Siempre me ha costado recomendarle a alguien algún libro. Me pierdo en dos circunstancias: no puedo recomendar ya que 1) no creo que vaya a gustarte, 2) leyendo lo que yo amo, vas a tener alguna sospecha de quién soy, y eso no me cae muy simpático 3) son muchos los sentimientos encontrados cuando te das cuenta de que tu recomendación creó un monstruo que rápidamente te habla de ese libro como algo que parece haber leído antes que vos y empezás a ver la metamorfosis del otro delante tuyo por la lectura de ese libro, algo básicamente horroroso, nostálgico y antiestético, y además lo mucho que le ha gustado, tanto que de pronto caés en la cuenta de que te robaron el secreto, de que ya no sos único por haber leído ese libro, que ahora son al menos dos y que también los libros, como los espejos, han de ser abominables, ya que reproducen la imagen de las personas (Borges parafradixit).
Entiendo que no hay recomendación válida en estas circunstancias y que en todo caso mis manías deberían quedar atrás. O acaso pensar que en realidad, por más que recomendemos o no, somos dueños de muy pocas cosas en este mundo y que todo lo que hace el paso del tiempo es corroborar esa fatalidad. Y cuando uno no es de los que van por la vida buscando adueñarse de nuevos En el Camino para presumirlos en los subtes o en los cafés, todo lo que queda es atemperar un poco las ansias y dar por sentado que si queremos cultivar cierto misterio en torno a nosotros –ese misterio que es producto de que no poder explicarte demasiadas cosas a vos mismo, ergo, no vas a ponerte a explicárselas a los demás-, es mejor hablar menos y dejar que nuestros En el Camino se vean reflejados en nuestras personalidades, que una manera de levantar un pocillo sea un poco Neal Cassady, que elegir ésta y no aquélla palabra tenga algo que ver con Mardou Fox, que nuestra mirada y nuestro desconcierto en el mundo revele algo de Jack Duluoz. Sin ánimo de defensa, colijo que ésa es la verdadera riqueza de la literatura y su influencia más evidente, devolver a los seres transformados, arrojándolos luego a una permanente metamorfosis, y ver reflejadas, en un tipo que está solo y escribe, cosas que pensaste y que podrían pasarte también a vos, que sepas en último caso que no sos solamente, al igual que él, un tipo que está solo y lee.
Como decía, mucho tiempo pasó del primer En el camino, y ahora me veo frente a la tarea de cerrar un trabajo que ojalá hayas leído con las mismas ganas que nos condujeron a hacerlo.
En nuestro espíritu queda tan solo eso. Y la visión de que en Octubre o en Marzo todos volvemos a casa para decir adiós y poder sentarnos a escribirlo.
A Jack.
M.A

 

 

One Response to “Dossier Kerouac: Epílogo”

  1. […] Epílogo, por Martín Abadía. […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s