La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Dossier Kerouac: Kerouac, Parker… los calambres del espíritu mayo 4, 2009

Filed under: Dossier Kerouac,Literatura Norteamericana — laperiodicarevisiondominical @ 1:43 am
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                                                                                                                                                          ti_jean2 

Estamos hartos de las sistematizaciones, admitámoslo. Hartos de las divisiones y subdivisiones, de las categorías hueras que resultan del roedor trabajo. Hartos como se está harto de la lluvia en otoño. Hartos como se está harto de uno mismo cuando la noche se acerca al epílogo.

Las cosas se nos escapan de las manos. Como si alguien las hubiese enjabonado. Las cosas importantes: esos suspiros de belleza y terror, esos chispazos de la eternidad que nos sostienen erguidos a las que, debido a la falta de ingenio del lenguaje mismo, llamamos cosas.

Nos habituamos a distinguir. (Nos habituamos a casi todo). Nuestra tradición es implacable sobre el tópico: sin indulgencias, sin debilidad: la distinción entre un supuesto A y un supuesto B (qué simple es el asunto cuando las cosas son letras vacías ¿no les parece?), su alejamiento mutuo, debe ser perpetrada por cualquier habitante del lado occidental que ansíe hallarse del lado sano. Por cierto, esas distinciones deben ejecutarse bajo la rectoría de la explicación. Todo tiene una explicación, repiten, tan acicalados sus cabellos, tan prácticas sus mentes. De lo que no hablan es de la nada que resta cuando algo es explicado. Nada. Eso queda tras la dilucidación. Nada. La misma nada que se esparce, combada, en la cama cuando la mujer que amamos se marcha.

 

Kerouac escribe música; Parker suelta de su fuelle volcánico palabras entramadas, tan ausentes como claras. Y para esto no hay una explicación. Gracias al cielo.

 

Kerouac es universalmente proclamado como el “escritor del bop”, en una denominación que huele demasiado a la que se había granjeado Fitzgerald como “narrador de la era del jazz”. Pero ¿qué significa ser el escritor del bop? ¿significa algo o se trata, una vez más, de nuestra comodidad y nuestros humos? Kerouac no se preocupó tanto por narrar la era del bop como por escribir desde y como ella. El rótulo aplicado a Fitzgerald es aceptable; el impuesto a Kerouac, cuanto menos, es simplista. Entiendo que su operación es más ambiciosa: Kerouac quiere lo imposible en la lógica genérica occidental. Kerouac quiere escribir novelas que sean música. Novelas musicales es un eufemismo en este caso. Kerouac quiere escribir palabras que suenen, que inauguren el sonido tras el silencio del diluvio.

 

Esfuérzate en descubrir el fluido que ya existe en tu mente.

 

Bird Parker quiere contar. Su irrupción no se agota en la toma de pescuezo del swing o del cool. Bird también se aloja del otro lado del silencio y desde allí metralla su aullido etéreo, su atronadora significación sin significado. Parker abre con su llave divina la puerta de todos los lenguajes para violarlos dulcemente. No es él quien pone ritmo al silencio eterno; tampoco Kerouac lo hace: el ritmo lo tiene el mundo, la eternidad, ellos únicamente lo descubren a los espíritus reglamentarios. Sea lo que sea la eternidad, es ritmo. Quiero decir: latido, pulsión, abertura, explosión, cadencia. Ritmo. Quiero decir: espontaneidad. Bird Parker quiere narrar. Narrar con el silencio. Narrar el silencio. ¿Alguna vez oyeron Relaxin’ at Camarillo?

 

Sé conciso en una mirada aguzada, nadando en el mar del lenguaje.

 

Hay quienes gustan de imaginar a la eternidad como una habitación estática, previsible, regular. Esos, generalmente, también gustan de dictar. Hay quienes gustamos de imaginar a la eternidad como el reverso del tiempo, como la instancia más libre y espontánea de todo el tablero, como el afuera del tablero. La eternidad se hace a sí misma a cada instante, nosotros la pensamos en clave de futuro o de pasado; nosotros la pensamos inevitablemente con esquemas temporales, pero la eternidad está antes del pasado y después del futuro, está en el presente más puro, en la raíz misma de la potencialidad.

 

Escribe para que el mundo vea la exacta imagen que tienes de él.

 

La eternidad es (des)acomodación, tormenta y sangre, el pájaro ladrándole a las formas desde el hall del Savoy, el muchacho de hombros generosos bordando los parches que ocultan el vacío y la velocidad del charlie_parkerooodelirio. La eternidad está dada para nosotros en obras que revelan los calambres del espíritu, ese espíritu absoluto que entrevió (y vació al nombrarlo) Hegel. Obras como las de Kerouac y la de Parker.

 

Cosquillas visionarias temblando en tu pecho.

 

La melodía siempre ha tenido una primacía en nuestro dispositivo intelectual: esperamos de las cosas – y de las producciones artísticas en particular – la belleza plácida e inmediata fundada en lo agradable, lo armónico, lo simétrico. Las vanguardias de principios del siglo pasado (también las del período de entreguerras) minaron la primacía referida; sentaron a la belleza en sus rodillas y la injuriaron, tal como había prescrito el ángel de ojos diabólicos. Pero quedaba una tarea por hacer: cualquier vanguardia tiene un sino trágico que consiste en su abolición por parte de otra vanguardia, otro concepto. La vanguardia después de la vanguardia: el espíritu abriéndose paso a los empellones entre los alambrados electrificados de la inteligencia oficial.

 

Lo que sientes encontrará su propia forma

 

Parker y Kerouac abandonaron las prerrogativas de la melodía a manos del ritmo, de las secuencias abiertas y espontáneas que estallan una y otra vez contra el espinazo ajado del motivo. La belleza oblicua: el derrame colateral de los nervios espirituales danzando en derredor de un núcleo que ya no existe, que deja de ser núcleo por la abolición de su centralidad. El núcleo sin núcleo. El centro sin centro. Parker y Kerouac cultivaron (y seguirán cultivando eternamente: las bromas del tiempo no llegan a tanto) la contradanza en rededor de un hueco. El hueco que genera la complaciente cordura cuando se marcha; ese mismo hueco en el que críticos y mercachifles de la cultura buscan desesperadamente un gramo de prudencia y orden para hundir su cuchillo. No busquen más. Ya no. Los calambres del espíritu sólo pueden divisarse con los ojos del alma, y ya sabemos de las lagañas de cierta gente.

 

La joya central del interés es un ojo dentro de un  ojo. 

 

 

 

Mome

 

 

 

One Response to “Dossier Kerouac: Kerouac, Parker… los calambres del espíritu”

  1. […] Kerouac, Parker, los calamabres del espíritu, por Mome. […]


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