La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Notas a Ruidos – Hugo Savino junio 26, 2009

Filed under: Literatura Argentina — laperiodicarevisiondominical @ 6:03 am
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 “Reivindicar el poder hablar demasiado de lo propio y de lo ajeno, poder que nos salva del resentimiento, la envidia y los celos del que no puede hacer nada, ni lo uno ni lo otro. Una tarea de transmisión, la escritura de otra cosa, donde lo último sean los argumentos porque rompen el estilo, la parsimonia del decir y del querer”

 Laura Estrin

 

300px-White_noiseRuidos está escrita contra el estilo. Contra la charlatanería y el lugar común del estilo: “no tener estilo también”, una novela, si se escribe, tiene un contra, un rechazo. Y acá no hay apología del estilo, o sea no hay apología de la angustia. La literatura paralítica pone toda la carga en el estilo previo. Angustia, novela familiar, relatos de diván, la vieja receta. Mariano Dupont invierte la carga y escribe del lado de los libros no permitidos. Ruidos está escrita por afuera de la métrica actual de las novelas realistas. Ruidos no se escribe en el verbalismo lúdico, la otra cara del realismo, rechaza el estilo porque dice yo en el arranque, generalmente se miente en tercera persona, y mucho, y se obedece también en tercera persona, y mucho. Ruidos es una novela de la revuelta, elegir el estilo es hundirse en la retórica, claro: “y el estilo te hunde”. Y contra el realismo: “no saber el día en que estás parado”.

El yo que habla, ese pronombre yo, no tiene respuestas claras. Se busca, y me gusta esa búsqueda casi explícita. El que habla se abandona a la voz, va a voz, a alucinación. Queda tomado. Único recurso: salir por el poema.

Lo demasiado visto nos aprieta y nos ahoga. La repetición también, pero están ahí, nadie está afuera, Ruidos arranca ahí, en ese melodrama. Sí, lo “demasiado visto”, empecemos el inventario, y así se inventa la escritura de esta novela, en la travesía, sin métrica, por eso rechaza el estilo, que es una elección y un cálculo. Acá vamos abajo, a sótano, a ventanuco, ahí, inventariamos. Se nombra y en la misma velocidad se pasa a sugerencia.

Perderse es una posibilidad contra la vulgata de lo auténtico o lo inauténtico. La vulgata está ligada al saber, y el saber está ligado al poder, por ejemplo, de los que legislan cómo se escribe una novela. Ruidos se pierde: dice yo, insisto, “horadar, horadar, como peludo”. O callar, yo, definitivamente”. Ruidos desobedece a los imperativos de la claridad, a los imperativos de la novela legible. Mariano Dupont hace Ruidos en la frecuencia de la visión, por la visión se enfrenta a la noria del existir, por la visión se sale, y se pierde, se pierde para inventar. Ruidos trae una posibilidad nueva, como todas las novelas que no repiten lo hecho, que no copian los tristes ejercicios académicos actualizados con astucias retóricas, la ocurrencia trapera de lo ya hecho, Ruidos es a contra fórmulas del oficio de novelista. El mentado oficio, hoy, está en manos de los que marcan el terreno. El oficio de la novela es una fórmula muerta, sólo la usan los que aman el confort de la narrativa eficiente. Ya pueden mandarla al museo de la ciudad, a la fórmula. Ruidos se escribe y se lee con lo que no se puede prever.

“Pero no parodiemos”, tampoco, esa frase cae así en el medio del bochinche del inventario. En Ruidos no hay imitación de lo hablado, ese otro yeite de la provocación universitariamente aprobada, paródicamente aprobada. Leónidas Lamborghini hay uno solo, y se rompió el molde. En Ruidos hay oralidad, incisión en la lengua fija de los valores literarios encorsetados. La palabra, acá, está llevada al máximo, tiene el lirismo de su voz, por única, por acentuada, por sintaxera, en el sentido de Mallarmé, “usted tiene su sintaxis”. Un escritor en serio es sintaxero. Hay que insistir con esto. Hay que repetirlo. Es una fórmula justa, que irrita al academicismo vanguardista. Al “panorama bostezable” de la provocación admitida que imita lo hablado, confunde hablado, oral, estilo, confunde todo y no inventa nada. Ruidos inventa su propia oralidad. La hace. Basta del verbo decir. Mariano Dupont le saca la careta al realismo, que siempre se las arregla para caer parado. Con la colaboración de los bienpensantes, “Por eso la crítica es necesaria, la crítica de todas las estrategias de pensamiento y de lenguaje. Y la crítica no es la polémica, como los piensa-corto quieren hacer creer: la crítica es la búsqueda de los funcionamientos y de las historicidades, la polémica quiere el poder sobre la opinión, y hace silencio sobre el adversario. Porque la libertad, el pensamiento, y una “vida humana”, como dice Spinoza, son indisociables, sino desaparecen los tres a la vez.” (Henri Meschonnic), los viejos mancos que vienen del jardincito de la crítica ven a la novela como una narración formateada. Una novela como Ruidos nunca pudo escribirse en la cocina de la prefabricación editorial, no es una novela de esas que podrían ser contadas también en un diván. Está escrita en el tranco del soplo, de la voz, Resonancias de otras voces, plural de la literatura argentina, del poema. Perder el carretel.

Acá no hay respuestas, ni claras ni oscuras. A contra respuesta. Mariano Dupont escribe a contra respuesta. ¿De dónde viene esa voz que ahí abajo dice yo, que comprime y despliega, confrontado a la resonancia de sus ruidos? Una gata y una PC contrapesan el paisaje. Y los ruidos del mundo y los de la cabeza: que distraen, arrinconan. No son mensajes o señales, están ahí, entran en la voz. Mariano Dupont siempre pasa por la voz. Lo digo mejor: lo que escribe se cuela por la voz. Lo pone en la voz. Es su continuidad de un libro a otro.

La poesía no está en las cosas, es otra de las fuerzas de Ruidos, no, está en el objeto o cosa que fue ”depositario de algo humano. Ese “algo” quedó ahí, como pegado al objeto, listo para salir a flote en el momento en que esas hilachas mnemónicas espaciotemporales fueran reclamadas por aquel que en otro tiempo, sin premeditación, supo depositarlas. (No sé si me explico).” Ese no “no sé si me explico” es la burla al realismo. Esa peste dominante. Que necesita montañas de explicaciones profesorales, hasta para leer una novela. Ruidos se explica sola, en la lectura. Es cristalina, si nos abandonamos. En el aire respirado y enrarecido de ese sótano se produce la paradoja de una voz que sopla. Busca en el vacío, ¿quién no? Se unen el oído y el ojo. Una voz que viaja. Y que es épica. Y “algo” de gracia. Todo el peso de la palabra gracia. El peso divino, no sagrado. Mariano Dupont no suelta la épica. La hace en nudos rítmicos.

Hay un estornudo, en el final. No cuento, esta novela es incontable, como las buenas novelas. No pasa por el teléfono. Hay un estornudo, hay nieve, “las “espinas del frío”, y los libros, “yo también tengo mis lecturas”, los libros peligrosos engendran lenguajes singulares, desplazados, de sugerencia. Ruidos pone a la poetización en un anaquel. La va pateando al borde, la aleja, la desdramatiza. No la habita. En este sótano la morada del ser está perturbada por una gata blanca. Albert Ayler enseñó, tocando, que somos la música que tocamos y no había leído a Proust. Que nos enseñó a atacar la lengua. Pero el Contra Sainte-Beuve es el libro maldito de los críticos. Los deja sin trabajo.

Ruidos es un conflicto de poesía. Porque la poesía está tomada por el facilismo de la estética. Conflicto, porque 9789871240333entra a saco en los moldes bien encajaditos de esos famosos noventa, que no se sabe bien qué son. O sí, pura autopromoción del conformismo poético. Ruidos les cae, como les cayó Quique, les cae entre las manos, y se queman. Dupont usa la puntuación. La barra. Para respirar mejor. Y en el uso las inventa para él. La puntuación es capital. Una parte de la censura pasa por la puntuación. La domestican. Como hacen con los clásicos. Normalización y domesticación de la traducción. Ruidos se escribe contra el mantenimiento del orden. Contra la domesticación. La regresión académica quiere leer lo mismo y bien puntuado. Entonces, que no entre en Ruidos. Dupont no hace poesía libre, es un poeta libre, que es muy diferente. Tiene la voz de la desobediencia.

 

 

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One Response to “Notas a Ruidos – Hugo Savino”

  1. Ramon M. Xuclà Comas Says:

    Buenos dias.

    Me interesaria ponderme en contacto con Mariano Dupont. Es para una cuestión puramente personal. Con relación a unos estudios de investigación, me interesaria saber si Mariano Dupont es hijo o familiar de Celestino Dupont Farre que fué un editor argentino.

    No tengo otra manera de comunicar con él y lo intento a través de esta web.

    Muchas gràcias.


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