La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Prefacio a la primera edición de “El Muchacho Audaz del Trapecio Volador – William Saroyan julio 8, 2009

 

Saroyan_profile_right-718x980_27351934_stdEscribo el prefacio a la primera edición en caso de que este libro sea objeto de una segunda edición, de modo que entonces podré escribir el prefacio a la segunda edición, explicando lo que dije en el prefacio a la primera edición, agregando algún detalle sobre lo que estuve haciendo en el interín.
En caso de que este libro alcance una tercera edición, planeo escribir un prefacio a la tercera edición, apuntando lo que ya había dicho en los prefacios a la primera y segunda edición, así que mi plan es seguir escribiendo prefacios para las nuevas ediciones hasta que me muera. Después de eso, espero que haya niños y nietos que se ocupen de continuar mi trabajo.
En este primer prefacio, ahora que no tengo ni idea de cuántas copias van a venderse de este libro, lo único que puedo hacer es hablar de cómo llegué a escribir estos relatos.
Años atrás, mientras recibía una educación muy severa en mi pueblo natal, me di cuenta de que había algo raro en la manera en que algunos hombres habían sacado adelante los relatos por cientos de años, y que existían reglas que ocupaban a la construcción de relatos.
De inmediato empecé a estudiar las reglas clásicas, incluyendo las de Ring Lardner, y al final descubrí que aquellas reglas estaban erradas.
El problema era que ellos me dejaban de lado, y por lo que sé, yo soy el elemento más importante en la materia, de modo que hice nuevas reglas.
Escribí la regla Número Uno cuando tenía once. Estaba en cuarto grado y acababan de enviarme de vuelta a casa por haber hablado de manera irrespetuosa y haber querido hacerlo.
No presten ninguna atención a las reglas que hacen los demás, escribí. Las hicieron para protegerse. A la mierda con eso (estaba bastante irritado ese día.)
Algunos meses después descubrí la regla Número Dos, la cual dejó una marca en mí. Allí donde fuese, llevaba esa marca. La regla era: Olvídate de Edgar Allan Poe y de O. Henry y escribe los relatos que tengas ganas de escribir. Olvídate de todo aquel que escribió algo alguna vez.
Desde entonces, agregué otras cuatro nuevas reglas y me di cuenta de que ya era suficiente. A veces no me fastidio con reglas y simplemente, me siento y escribo. Ahora y siempre, me pongo a escribir y escribo.
La tercera regla era: aprende a escribir a máquina, de modo de poder sacar los relatos tan rápido como Zane Grey.
Ésa es una de las mejores reglas.
Pero las reglas sin un sistema que las ampare, como podrá decirte cualquier escritor, son siempre insuficientes. Puedes quitar el “siempre” y la oración significaría lo mismo, pero es más agradable poner un “siempre” allí cada vez que puedas. Los escritores exitosos creen que una palabra no significa nada por sí misma y que es mejor enfatizar su significado con la ayuda de otra. Otros escritores van más allá y ayudar a una palabra inocente con cuatro o cinco palabras, y en ocasiones matan a la palabra inocente por caridad. A algún escritor ignorante que no conocía nada de adjetivos le tomó años y años resucitar la palabra que había matado por amabilidad.
En todo caso, estos relatos son el resultado de un método de composición.
Yo lo llamo método Festival o método Fascista, y funciona de la siguiente manera:
Alguien que no es escritor empieza por querer ser escritor y se afirma en su deseo unos diez años, y en todo ese tiempo convence a todos sus parientes, amigos e incluso a sí mismo de que él es escritor. Pero aún no ha escrito nada y ya no es un muchacho, así que empieza a preocuparse. Todo lo que necesita es un sistema. Ciertas autoridades afirman que hay al menos unos quince sistemas, pero en realidad sólo hay dos: (1) puedes escribir como Anatole France o como Alejandro Dumas o como cualquier otro, o (2) puedes olvidarte de que eres escritor y sentarte a la máquina a bajar las palabras al papel, de a una por vez, de la manera más elegante que conozcas –cosa que nos lleva a la cuestión del estilo.
La cuestión del estilo siempre despierta cierta controversia, pero para mí es tan simple como un A B C, si no es más simple aún.
A la larga un escritor puede llegar a tener uno de los dos estilos que hay: puede escribir en una forma que implique que la muerte es inevitable, o puede escribir en una forma que implique que la muerte no es inevitable. Todo estilo que haya sido empleado por cualquier escritor estuvo influenciado por una u otra de estas actitudes frente a la muerte.
Si escribes creyendo que a la larga tú y todo el mundo morirá alguna día, hay una posibilidad de que escribas con un estilo bastante apocado. Si no, eres apto para ser pomposo o blando. En el segundo caso, para no ser un tonto, debes creer que tanto como la muerte es inevitable, la vida también lo es. Esto significa que la tierra es inevitable y que la gente y todas las cosas vivas lo son, pero ningún hombre puede durar demasiado en la tierra. No tienes que ser melodramático con respecto a esto. De hecho, puedes divertirte todo lo que quieras. Es verdaderamente una de las cosas más cómicas y las formas en que puedes reírte de todo esto son muchas. Si recuerdas que los vivos son tan buenos como los muertos, podrás percibir muy bien que son muy graciosos en su accionar, cosa que quizás nunca hubieses pensado que pudieras percibir al verlo de manera diferente.
No obstante, creo que el consejo más firme para un escritor es: intenta aprender a respirar profundo, a saborear realmente la comida cuando comas, y a dormir realmente cuando duermas. Trata de estar completamente vivo, con todas tus fuerzas, y cuando rías, ríe como un demonio, y cuando te enfurezcas, enfurécete como nunca antes. Trata de estar vivo. Estarás muerto en muy poco tiempo.
 
 
 
Traducción: Martín Abadía

 

 

 

 

One Response to “Prefacio a la primera edición de “El Muchacho Audaz del Trapecio Volador – William Saroyan”

  1. Cómo me suscribo. Es un espacio muy interesante.


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