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Torsiones de la verdad 2: Platón – la excomunión de la poesía para una existencia apacible noviembre 20, 2009

Filed under: Teoría — laperiodicarevisiondominical @ 9:01 am
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Todos los caminos conducen a la Polis

 

platonLa figura de Platón representa para muchos pensadores el nombre más importante de la historia filosófica occidental; en todo caso, jamás saldrá del grupo central, junto a Aristóteles, Kant y Hegel. Es algo odioso establecer un ranking al respecto, en cualquier área humana es odioso hacerlo: ¿cuáles son los parámetros para cotejar a dos mentes distintas? ¿es posible al fin y al cabo ese cotejo sin intermediar una apreciación subjetiva, ligada al gusto o a la ideología?. Tengo para mí que no.

 

Pero, a diferencia de otras “disciplinas” (volveremos sobre este concepto una y otra vez en la presente serie de escritos), creo que respecto a la filosofía este ranking tiene algún sentido o legitimidad, porque lo que se postula con este grupo de nombres propios es menos una valoración de sus sistemas, de la verdad o corrección de sus sistemas, que de la cantidad de problemas que han dejado planteados, abiertos. Quedan exceptuados por supuesto los fanáticos acérrimos de algún filósofo, los que creen con adoración enfermiza en cada una de las palabras de ese pensador: esas personas (como cualquier dogmático en cualquier aspecto de la existencia humana) rozan demasiado a la estupidez como para no acertarle de pleno en algún momento.

 

Platón en este sentido es, seguramente, imbatible: la serie de Diálogos que podemos manejar esbozan prácticamente todas las inquisiciones filosóficas que atravesaron la historia y que llegan hasta hoy, por fortuna, sin resolverse. No en vano uno de los grandes filósofos del siglo XX ha dicho, casi sin exagerar, que la historia de la filosofía occidental no es otra cosa que una nota al pie del corpus platónico. Las ansias de sistematicidad que el propio Platón introdujo a la empresa – puesto que la verdad es total en su sistema y, por lo mismo, única – fueron las que lo empujaron hacia todos los rincones humanos, naturales y supra-naturales.

 

Entre sus obras, hay una que descuella en popularidad: República. Dicha popularidad es de algún modo congruente, no tanto porque Platón no haya escrito volúmenes más agudos o jugosos (Fedón, Leyes o Parménides por ejemplo) sino porque resume en parte el pensamiento de Platón y – lo que es más importante – demuestra el cariz eminentemente político del genio y de su trabajo: en Platón todos los caminos – el ontológico, el gnoseológico, el ético, el estético, el erótico – conducen a la Polis Griega como institución, es decir, a la vida política.

 

 

El destierro de los poetas

 

sillaCuando Platón trata sobre la poesía (por lo demás, la forma más elevada del arte para él) en República, en el archifamoso Libro X, tiene lugar el también afamado destierro de los poetas. En resumidas cuentas, Platón afirma que es conveniente a la salud de una Polis modélica (a la República que está postulando) la expulsión de los poetas. En no tan resumidas cuentas, Platón dice allí un montón de cosas, que – por regla – han sido interpretadas de muy diversas maneras.

 

Hoy nos parecería inverosímil que un poeta – justamente un poeta – representase algún tipo de peligro para el orden político o espiritual de la época. Bueno, hoy nos parece inverosímil que cualquiera que no pertenezca al (capciosamente llamado) terrorismo represente algún tipo de peligro para el sistema. Es parte de la “libertad” democrática y liberal que hemos sabido conseguir. Pero, si se piensa un poco el asunto, desde aquella Atenas hasta hace muy poco tiempo (hasta las dictaduras latinoamericanas de los ´70 por ejemplo, hasta Lennon) los poetas efectivamente representaban un foco latente de subversión de los valores. Y en esta incisiva valoración del poder de los poetas Platón fue, una vez más, el primero de todos.

 

En el referido República X, Platón expulsa a los poetas. Eso es un hecho, y por cierto parece un latiguillo severo, similar a los garrafales titulares a los cuales nos acostumbran los mass-media. Pero ese hecho es pasible de algunas aclaraciones substanciales. En primer lugar, Platón no confina a todos los poetas sino solamente a aquellos que practican la mímesis fantastiké, es decir, la mimesis que crea meras apariencias, imágenes vacías. Pero existe otra mímesis, la eikastiké, la que tiene por detrás un paradigma, un modelo verdadero, las imágenes que se parecen a otras cosas; esta es aceptada por Platón, e incluso podríamos decir que es practicada por él mismo, por ejemplo en el mismo República, con la alegoría de la caverna, o en cualquiera de sus diálogos, que en principio también surgen de una mímesis, de una actitud imitativa del mundo, con personajes ficticios en lugares y tiempos ficticios.

 

Ahora bien, realizada la aclaración, es elemental entender el porqué del desahucio de los poetas trágicos (los que practican la mímesis fantastiké). Dicho desahucio se da por dos motivos principales. Por un lado, y en estrecha ligazón con el esqueleto metafísico platónico, un poeta de esa calaña reproduce la verdad a tres grados de distancia; para Platón, como es sabido, las cosas de este mundo son meras copias de las Ideas, con lo que un poeta estaría realizando la copia de una copia. Y por el otro, la retórica de los poetas seduce el alma de los ciudadanos, los persuade de lo que ellos (los poetas particulares, que no son filósofos y por tanto no conocen la verdad) creen.

 

Máximo Cacciari, en El Dios que baila (2000), insiste con la figura del espejo que Platón endilga a los pintores y a los poetas (a propósito, otra metáfora de Platón, otro recurso retórico); dice Cacciari: “lo que produce el espejo, son simples fenómenos (phainómena), no seres (ta onta) según la verdad (to alétheia), conformes a la verdad (…) indica pues un negativo, una ausencia: lo que no está efectivamente presente, lo que no tiene la consistencia real del qué es” (Cacciari:60) . Es decir: lo que está en juego todo el tiempo en la férrea postura de Platón frente a los poetas es la cuestión de la verdad. La metafísica occidental es una metafísica de la presencia, una metafísica que privilegia la presencia (de la cosa, del pensamiento, etc) a la ausencia en el terreno de la verdad. El arte, según esta metáfora del espejo, instaura la vacilación de la ausencia, de aquello que no está definido, de eso indefinible que cerca al ser en todas sus manifestaciones.

 

Los poetas trágicos son expulsados de la Polis ideal no por una cuestión moral (aunque esto es discutible), por un desacuerdo estético o por el rechazo decidido del arte como producción. De hecho, Platón había sido un poeta trágico en su juventud, hasta su encuentro con Sócrates. El fundamento de la expulsión es político, todos los fundamentos de Platón apuntaban a la política como organización humana esencial para el desarrollo individual de seres racionales. Escribe lúcidamente Gadamer al respecto en Platón y los Poetas: “la posición de Platón respecto de los poetas no es una consecuencia de de su sistema, que no permitiese una apreciación más justa de la verdad poética, sino una expresión deliberada de la decisión que ha tomadlo, impresionado por Sócrates y por la filosofía, contra toda la cultura política y espiritual de su tiempo y su capacidad de salvar el estado” (Gadamer: 92). Platón no quiere que los poetas, con su desmesura, con las espléndidas y aterradoras figuraciones de los dioses que son capaces de ejecutar, malogren su concepto de paideia, algo así como una educación encaminada a la armonía interna de los hombres a través de la dialéctica, de la filosofía.

 

Política y Verdad entonces…nos tiene que sonar de algún lado. Toda sociedad humana, para funcionar en modo organizado y estable, debe ceder el mando y las decisiones a un grupo de personas que pueden actuar con más fundamento y eficacia que ellos en tanto conocen la verdad. Dicho de otro modo: una vez definido qué es la verdad, el que la definió debe velar por ella. De esta manera no es tan arduo comprender la crítica platónica a la poesía como actividad humana, como factor de comunicación social. La poesía atenta contra la verdad, porque refiere más a su ausencia que a su efectividad, porque drena allí donde los métodos (cualquier método) racionales sucumben sin remedio.

 

 

El cuchillo de la verdad sobre la seda de la belleza

 

wn15-12Como se desprende de lo anterior el poeta, más que un ignorante o un vago, es un elemento peligroso para la vida social, un criminal de la verdad. Y respecto a este meollo hay que hacer un alto de suma importancia: uno podría preguntarse enseguida qué interés tiene en definitiva el grado de verdad que pueda alcanzar la obra de arte, o cómo no se da por descontado que la relación del arte con el mundo no se basa en la verdad y que precisamente allí reside su razón de ser. Podría decirse que Platón no comprendió la diferencia entre arte y realidad, pero, en fin…es Platón, y sin que esto signifique una rendición a la autoridad, cuesta en verdad abonar la posibilidad de semejante tosquedad.

 

Me inclino a pensar que el elitismo de Platón es la razón principal de tamaña confusión: Platón no confía en la sabiduría del hombre vulgar y por otro lado conoce – y de sobra – las dotes retóricas de los grandes poetas trágicos para encantarlos. Dicho en castellano: Platón en algún sentido temía que el populacho creyera a pie juntillas en las fantasías poéticas; Platón teme esencialmente al poder del arte. Más allá de lo antipática, esta forma de ver la cuestión está más cerca de Platón y de su proyecto principal, ético-político. Escribe Gadamer: “…la fascinante fuerza de impresión de la poesía es perniciosa para las verdaderas tareas de la educación y de la preservación del Ethos justo (…) el poeta es un ignorante de las medidas verdaderas, es decir del bien y del mal; y como el pintor la duda, despierta el poeta la confusión del desconcierto patético en el alma del espectador, transportándole por arte de magia a los volubles desencantamientos de la pasión humana” (Gadamer: 102).

 

Insisto: Platón teme al poder de los poetas (o de la poesía, que no es lo mismo) sobre el alma humana, sobre los pasiones y el pensamiento de los seres humanos. Teme al poder de la belleza sobre la recepción humana de la verdad; teme que los hombres, antes de atender los problemas-de-su-tiempo-y-su-lugar, o antes de lograr la-armonía-reparadora-y-narcótica-del-alma a través del acceso a la “verdad”, vivan la vida poética, vivan creyendo en las verdades de la poesía humana o, más fatalmente, que vivan.

 

No creo saber nada de Platón ni de dios ni de los hombres; tan siquiera creo saber algo de mí mismo, pero sospecho – y lo hago firmemente – que es precisamente en este rechazo de la poesía (no en el rechazo fáctico del filósofo Platón en la Atenas decadente, etcétera, etcétera sino en el rechazo genérico hacia la poesía como saber que posee además el poder de transformar el modo de vida de los hombres) que debemos buscar algunas de las claves de nuestra propia existencia, de eso que nos atormenta los lunes o nos duerme los sábados por las noches.

 

 

 

 Mome

 

 

 

One Response to “Torsiones de la verdad 2: Platón – la excomunión de la poesía para una existencia apacible”

  1. marisol Says:

    esta muy pagre esra comedia


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