La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Siempre en despedida febrero 1, 2010

Filed under: Dossier Salinger — laperiodicarevisiondominical @ 9:32 am
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Lo van a intentar de muchas formas, lo van a justificar de diversas maneras. Y tal vez lo único claro, lo único que vale la pena decir en medio de esta avalancha de declaraciones y teorías, sea que Salinger escribió unos cuantos libros y que ahí están esperando ser leídos.


En rigor, Salinger siempre estuvo ausente. Estuvieron sus libros, esos que sin presumir de una cualidad biográfica, fueron piezas vivas, hermosas, radiantes y agresivas. También estuvo en algunas declaraciones; pequeños fragmentos que deslizó en entrevistas y cartas. Sin embargo, su lugar siempre fue la literatura. Develar la impostura, marcar con una cruz todo aquello que sugiera convención. Y más: contar una familia norteamericana, y no intentar perdonar, y no intentar dar lecciones, sólo contarla demostrando el narcisismo y superficialidad de una generación, pero a la vez dando a entender que un contexto nada justifica.


Como se desliza en uno de sus relatos, Salinger fue un narrador, pero con necesidades personales muy apremiantes. Y tal vez una de esas necesidades fue restarse. O, en otras palabras, no seguir el ritmo de los tiempos. Cuando todo era –y es- mostrarse, exhibir, Salinger siguió el camino contrario. Una ruta que opaca la gloria de los medios y la fastuosidad literaria actual, pero que convierte al autor en lo que es una vez que el texto está escrito: un ser prescindible.


Desde cuándo el escribir es tu profesión? Nunca fue otra cosa que tu religión. Nunca. Estoy un poco sobreexcitado. Puesto que es tu religión, ¿sabes qué te preguntarán cuando te mueras?


La operación de su escritura también tuvo que ver con una estrategia similar. Cuatro libros publicados que son la carta de navegación de una generación de escritores que no ha podido ni ha intentado sacar una voz propia. Autores que confiesan la admiración por el autor norteamericano –la cual, claro está, es merecida- pero que, en muchos casos, no han podido encontrar la sustancia que llene sus obras. Porque lo que Salinger escribió nos recuerda que la impostura no cuenta al momento de escribir. Que el carácter es una actitud que subyace en todo texto, y que en Salinger se nota que es real.


Vendrán muchos, ahora, que pedirán que se publiquen los supuestos diarios que escribía, los cuentos de la familia Glass o un nuevo libro con Caulfield de protagonista. Probablemente cada uno de esos pasos –desde el encuentro de los manuscritos, hasta las peleas por la herencia literaria- sean episodios que la prensa no olvidará de comunicarnos. Es alta la probabilidad de que esos textos tengan un valor literario similar o superior a lo que ya conocemos de Salinger, y no puedo –al menos mientras escribo esto- decir que no quiero leerlos. Lo que sí quiero evitar, es el retorno a la decoración académica, al rumor de prensa estéril y poco substancial, a la anécdota pueril. Porque de haber algo, no me cabe duda que será un mensaje rabioso y disconforme. Veo a Salinger, encerrado en su casa, escribiendo en su escritorio, consciente de lo que alguna vez publicó, burlándose de nosotros y mostrándonos eso que somos y no queremos, eso que hacemos y no queremos, eso que mentimos y no queremos, eso que decimos y no escuchamos.


De momento, y antes que empiece el show de los otros, Salinger: sigue al borde del camino, continúa afuera. Y gracias por todo.


R.S

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One Response to “Siempre en despedida”

  1. Laud Says:

    Gracias con amor y sordidez


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