La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Entrevista a Andrés Calamaro: “Canto por necesidad, porque no hay nadie a la vista para cantar lo que tengo que cantar yo” marzo 19, 2010

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En las preliminares de esta entrevista hubo un furtivo intercambio de correos donde se mencionaban grabaciones con Chuck E. Weiss, restaurantes de Río de Janeiro, Dexter Gordon sonando suave a la madrugada, savoir faire literario y lidiar con esa salvedad que viene a ser para todos la posibilidad de vivir.
Andrés Calamaro, autodeclarándose salvaje asilvestrado, evidencia oscuramente que no quiere vivir de ninguna leyenda que no sea la de un presente actual, lo más actual que se pueda. Y que vuelve al ruedo, hablando cálidamente sobre lo que será su nuevo disco, cálido y con estridencias, cálido y con cotidiana humildad, cálido y una lucidez tan corrosiva como urgente, una lucidez luminosa. Lo bueno de entrevistarlo es que habla mucho de lo que sabe. O de lo que inventa, o de lo que imagina: suelta hipótesis, plantea conflictos, juega un poco a ser el ojo clínico que ordene el letargo al que parecen acomodarse tantos músicos hoy, preocupados más que por su obra, por si salen airosos en esa foto o de esa actitud que les deparará los sosos quince minutos de fama que anduvieron prometiéndose. Y no tiene ningún remilgo en ajustarse a lo que cree que debe decir si ve algo que no está en su lugar.
Lejos de todo vedettismo, lejos de toda pose de artista maltratado, con la distancia en contra pero con una puntuación celinesca a favor, deja que las cosas salgan. Lo que fue saliendo en estos días de interviú in progress es lo que ahora queda en estas páginas.

 

Martín Abadía – Emiliano Marilungo – Roberto Santander

 

 

Singing Yeites & Nuevo Disco

 

Hablamos alguna vez de que Gardel decía que un buen cantante canta con la mitad de lo que le da la voz, por si en algún momento algo le hace tener que sacar el resto. ¿Cuándo sentís que una nota nada predecible entra, que no se cae, que es válida?
Gardel siempre tiene razón; su consejo conceptual para los cantantes es vigente; personalmente estoy en un replanteo de la interpretación vocal. “Cantor es el que debe (cantar), cantante es el que puede (cantar)” dice Facundo Cabral… Siempre canté templado por la inseguridad y por las cosas de la garganta; en 2005 recuperé armónicos y perdí un poco la humildad, pero recuperé la forma y el optimismo; derroché apenas pirotecnia vocal. La acrobacia fue mi divertimento, también porque creía que la dinámica de un recital dependía en parte de mis movimientos cantores como dependen de las guitarras solistas y del pulso. Sin embargo me llamo a la reflexión cuando sospecho que estoy tirando demasiado de mis fantasías de intérprete “en condiciones.” Vuelvo a escuchar anteriores grabaciones donde estoy más “en el molde”; ahora me guardo las notas extremas, aunque prefiero salir sobrado de facultades; no hay necesidad pero me gusta retorcer y empujar las melodías. Preferiría cantar como Muddy Waters pero ese registro lo cantaba Pappo como único representante argentino de la escuela de Chicago. No es excusa. Espero recordar cantar templado la próxima vez, y ofrecer un par de variaciones arriesgadas para el conjunto de accidentes provocados que colabora con la comunitaria dinámica del éxtasis colectivo.

 

Es cierto lo que decís. En los últimos recitales se hizo notoria una solidez en la interpretación bastante imponente. ¿Empezás a desconfiar, como bien decís, de que la dinámica del recital dependa en parte de lo que llamás “movimientos vocales”? ¿Cuánto valor le das al carácter de la voz? ¿No creés que una palabra de mucho significado, pero mal cantada, (mal dicha, diría Goyeneche) es una palabra en vano?
No me propuse cantar “mal” ninguna nota; además es placentero sentir dominio y con las capacidades intactas para divertirse cantando, pero se puede cantar “templado”, respetar las melodías y mejorar el tono y el feel ; cantar contenido no es cantar menos ; no exagerar es una virtud importante para un cantante … Goyeneche es el ultimate cantante de tangos, su versión crepuscular encandiló a una generacion de músicos y oyentes ; tenía fraseo y un gran carisma, pero en el tango las melodías se respetan siempre ; se interpretan y cada uno tiene sus cualidades humanas para interpretar (cool, sonido, elegancia, fraseo, pero se respetan porque se conocen …) Lo mío es tan sencillo como escuchar versiones recientes de algún live-track y notarlas un pelo exageradas, después compararlas con otras cantadas 12 años antes y descubrir, con cierto espanto, que estaban bien cantadas como estaban … Nunca es tarde para darse cuenta de algo y mejorar un poco (hasta que sea tarde) Es muy probable que si me limito a cantar contenidas las melodias originales, pero entero y trasmitiendo, la dinámica del recital (y el público) sea la misma… Pero me parece genuino algún alarde… Lo importante es gustarse.

 

¿Cómo aplicás estos hallazgos en cuanto al canto en tu nuevo disco? ¿Ves algún cambio importante en tu manera de componer y de grabar? ¿Cómo estás llevando el trabajo?
No me parece que este sea un disco para el lucimiento del cantante. Sin embargo, desarrollo mis cualidades polifónicas; dentro de los ingredientes para hacer el mejor disco posible intento cantar lo mejor que puedo, pero mi trabajo en el estudio (en la parcela vocal) no es únicamente el del track lead ; grabo “capas” y “bloques”, polifonía armónica o paredes vocales … es “mi especialidad”, me gusta hacer eso en el estudio ; no me siento un auténtico solista del bellcanto, ni un “gritador” de rock … Me siento representando, en cambio, por cada golpe de batería … por todo.

 

¿Con quién estás grabando? ¿Te asociaste con alguien?
Ahora estamos mezclando un tremendo track … con un dream team que incluye a Jerry González (!!!) ; al residente, pg y visitante (Calle 13), a José Reinoso (piano) & a la banda en estado de gracia ; muy bien grabados por Guido (n) en madrid … con Rafael Arcaute (en el grupo de tareas de producción, edición y arreglística) /// grabamos asociados con los músicos, mis compañeros, que ensayaron y grabaron en Madrid con Candy Caramelo de “timonel” y Guido (n) desde la primer session de grabaciones ; con Rafa Arcaute preparamos el disco en Buenos Aires desde las preliminares : José Bruno (batería), Candy (bajo), Diego García y Julián Kanevsky (guitarra) y Tito Dávila (teclado); además grabamos con Geni Genaro (guitarra), el piraña (percusión y cajón) y Vicentico … también tenemos colaboraciones extraordinarias de líderes del flow y de príncipes del flamenco grande /// ahora mismo estamos mezclando. De momento practicamos un hermético secretismo para no generar la opción de opiniones aceleradas.

 

Hablabas de grabar capas y bloques, polifonías y paredes vocales. Es algo que siempre está desperdigado por todos tus discos; incluso ya más contemporáneamente, en “Los Chicos”, hay una cierta necesidad de sobrecargar el ambiente, de sostener la canción en lo profundo de la armonía más que en la línea melódica. ¿De qué te viene este gusto por esta suma sphectoriana de elementos? ¿Pensás a veces en la voz como otro instrumento más entre los demás instrumentos?
Soy bipolar armónico ! /// No soy un explorador de las armonías planteadas por Bill Evans, el “two-five” y las escalas griegas ; me las presentaron, pero no es suficiente … a la armonía hay que explorarla con práctica y “estudio” /// me gusta concentrarme en un buen “track vocal” si puedo ; es mi primera opción … a veces la canción no resiste el “lucimiento vocal” del solista (por el motivo que sea o por el cantante que sea) & entonces la vox es un instrumento más ; en una grabación la polifonía es un recurso probable ; las capas vocales, los bloques, las armonías … además es una de mis especialidades en el estudio, es algo que me sale bien y que hago con alegría … a veces cantar un track vocal elegante (perfecto) es complicado y “se lo sufre” … otra historia es el escenario y los micrófonos shure (que son una extensión del alma)… Soy un cantor accidental ; en la división que hace Facundo Cabral [“cantor es el que debe (cantar), cantante es el que puede (cantar)“], yo soy una tercera categoría, de momento poco considerada por Facundo …: canto por necesidad, porque no hay nadie a la vista para cantar lo que tengo que cantar yo … y las gentes adoptaron mi sonido, ahora me quieren escuchar a mí y más me va a costar encontrar un cantante que pueda relevarme; y creánme que a veces me gustaría tener uno.

 

¿Tenés en claro como llegar a ese sonido o surge sin que te des cuenta, mientras vas llegando a él? Podrías decir, por ejemplo, (para que suene y suene bien): “el bajo va acá y de esta manera, el hammond allá, la voz en este otro lado.”
Aquella era la “fantasía” de quitarse un peso de encima y dejar de preocuparse por el status de la garganta y la integridad del registro vocal ; si el canto es placer, es emoción y es pura conexión con el espíritu de la música (“me di cuenta que estaba triste cuando me puse a cantar”), para los cantores el canto es un “campo de batalla” ; nos despertamos inquietos por el óxido en las cuerdas vocales, por unas probables anginas, no queremos ni escuchar hablar de conflictos con el canto, vivimos pendientes de la farmacia, del Decadrón y de cualquier forma natural o química de solucionar episodios de ronquera ; aunque el próximo concierto lo tenga que cantar en un mes y medio voy a despertarme inquieto, creo que siempre convivimos con el thriller de este instrumento de carne … Después el sonido, conocerlo, saber como generarlo ; el del canto y el del tejido instrumental … Yo estoy mucho más cerca de ser músico (como generador de sonidos con hammond y batería) que de ser cantante, es mi origen y es mi natural naturaleza, cantar es mi “látigo de Truman Capote” … y sí que puedo dominar la alquimia de la mezcla de los sonidos ; tengo mis teorías en los planos, en las compresiones, tengo un mapa de como tendrían que sonar las cosas ; ocurre que es un trabajo arduo y de muchas horas, y prefiero confiar en mis “intérpretes” porque lo saben hacer muy bien, mejor que yo o muy bien. Soy esclavo entonces del canto, porque mis canciones me necesitan, pero créame que me gustaria estar al costado del escenario, tocando guitarra y practicando la parada “stone” con un cigarro colgándome en la boca.

 

¿Podés marcar una diferencia entre buscar y encontrar una canción? ¿Cuál es tu caso?
Hay casos y casos ; épocas lindas donde parece que estás encontrando canciones (texto, rimas, ideas, fluido jam) sin buscarlas … quizás sea otra “clase” de búsqueda … cuando dinamitamos los calendarios y no sabemos en qué mes estamos … es la búsqueda de la libertad en la tormenta /// supongo que hay distintos tipos de búsqueda, de cultivo de canciones ; escribir textos, sentar una secuencia armónica, partir del groove, del sonido… ocurre que “la canción” es un modelo limitado para la música, incluso dentro del rock, la “cancion de rock” tiende a simplificar bastante lo que es la “búsqueda”, el “encuentro” y el resultado sónico ; no estoy diciendo que sea fácil escribir una buena canción, o una buena canción por día (ni mucho menos) ; pero prefiero liberarme del entallado de “la canción” y pensar en el rock, en la música, como un formato libre donde mucho más que una cancion es posible … y dejarnos influenciar por nuestros gustos y pasiones : el free jazz, el blues de Chicago, Tom Waits, Zappa y Beefheart, Metallica, el funk … tantas cosas que no necesariamente pasan por el “filter” de una estrofa y un estribillo.

 

Si, como decís, en el rock mucho más que una canción es posible, ¿qué otros alcances le ves? ¿políticos acaso? ¿éticos? ¿acaso la visión de persona de rock como “políticos eróticos” que dio Jim Morrison?
Mi enfoque era “menor” ; la música, el rock, no está hecha de canciones… solamente. Quitemos la cancion de medio y nos queda mucho … un blend de Muddy Waters con Ornette Coleman y Sun Ra ; heavy metal y grooves, afro, low fi elegante, rimas cargadas de verdad. El formato de canción con acordes, melodía, estribillo y estrofa, la canción de rock de The Beatles (así como existe el tango-canción que empieza con Gardel y termina con Troilo/Castillo) puede ser un modelo en extinción ; es la teoría de Chico Buarque …no descartemos la influencia de la palabra cantada como filo ético ; la imagen de “Político Erótico” derramada por Jim Morrison es sencillamente brillante…”Hedonista Ético” diría Carlos Indio Solari …

 

Tu música, sin embargo, puede tener alcances cinéfilos. ¿Te gusta pensar la música en términos visuales? Cuando escuchás “Aguas Peligrosas,” ¿Qué ves? ¿Imágenes de la peli o imágenes de esa otra nueva peli que crea tu canción?
Hoy me desperté con un agresivo decaimiento general ; me costó horas llegar (arrastrándome) al estudio de grabaciones /// no puedo jurar que “vea” imágenes en las canciones, para mí no tienen punto de comparación con el cine ; asimismo considero a la música algo muy importante para el espíritu humano … conmigo el cine funciona como alimentación cultural: en mi vida fue más poderoso que la literatura …. desde el punto de vista de la producción, el cine es mucho más comprometido que “el disco” ; involucra a más personas y mayores presupuestos ; los horarios son esclavos … es un trabajo duro ; como cualquiera siento debilidad por las estrellas de cine … una vez vi a Jack Nicholson en persona y fue como ver a los Rolling Stones.

 

 

Tradición & Oficio

 

Siempre se habló de una especie de síntesis peculiar que se da en muchos artistas en Argentina, una suerte de mezcla de la tradición propia con lo cosmopolita. Lo que sólo es tradicional produce lo folcklórico y en cierta medida, lo conservador. Lo que sólo es importado produce copias más o menos deshonestas de algo ya hecho. En cambio, aquel artista que produce una mixtura generalmente produce algo nuevo, de color peculiar y personal, una reformlación de mucha más larga vida. ¿Creés que esta visión se condice con tu manera de ver la música? Si tuvieras que mencionar que te hizo llegar musicalmente a la música que hacés ahora, ¿cuál sería la mixtura en tu caso?
“Lo que nos hace paisanos no es el pasado, es el paisaje” … Pensaba como trasladar esta verdad al contexto musical, y al mío propio; al de los músicos de acá, los de mis generaciones. De los nuestros, el más universal es Daniel Melingo y no es casualidad, ni solamente es el tango que le ayuda a sellar tantas veces el pasapiri; siempre fue talentoso, gracioso, inteligente … cool de mais. Tenemos el argot de los márgenes, hablamos un idioma que es nuestro; la mejor versión del blues y del rock en castellano fue la de Pappo y lo bien que entendió que se podía cantar como Muddy Waters, como lo entendieron los (británicos) Rolling Stones, Clapton, Burdon y Mayall. Absolutamente el rock está abierto, invita a los géneros a formar parte y quiere formar parte (de) el blues, el funk, el reggae, el latino, el jazz, la música de Buenos Aires, los ritmos tropicales, la vanguardia, la electrónica, el barroquismo de ciertos heavys, la melodía, la canción, la letra, la sílaba … A la música siempre estamos llegando.

 

¿Sentís el peso de alguna tradición que te sea especialmente cercana? Acaso si hacemos un poco de antropología musical caemos en que a lo largo de toda tu carrera voliviste en varias ocasiones a los primeros momentos del rock nacional, cuando las grabaciones aún no eran ni tan “profesionales” ni tenían tantos arreglos… ¡a veces más que todos los discos de Yes & Jethro Tull juntos…!
No tengo las capacidades para pensar discos tan arreglados, aunque tampoco soy “tan silvestre” ; me gusta grabar cosas sofisticadas pero fuera del antiguo concepto de “progresiva” // mis vueltas al respeto por las cualidades estéticas del rock no son antropológicas aunque me gusta estudiar lo concreto y lo sutil de los géneros … aquellos discos de Yes prácticamente ni se podían escuchar , menos intentar tocar así … Bill Bruford !

 

Sin embargo pertenecés a una generación de músicos que, para decirlo de manera sencilla, sabían de música, y mucho. ¿Notás que esa tónica sigue siendo primordial en las nuevas generaciones o que, por el contrario, la dinámica publicitaria con que el negocio de la música se presenta hoy día ha fagocitado esa actitud, a pesar de la facilidad pirata para conseguir toda la música que se desee?
No puedo menos que respetar al conjunto de musicos y aficionados ; quiero suponer que se rigen por buenos valores eticos y estéticos, que hay gente evolucionando en sus análisis y en su expresión … /// “todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral y engorda” /// partiendo de esta graciosa realidad, no deberia molestarme demasiado el irrespeto por la propiedad intelectual, este nuevo socialismo protofascista y reaccionario ; la realidad es que el derecho de autor fue pisoteado por la realidad, no tanto por la piratería … grandes emporios de telefonía y banda ancha (híbridos de empresas privadas y estatales) se comieron el derecho de trabajador autor para vender mas teléfonos y explotar el petróleo virtual /// creo.

 

En una entrevista de 2001 dijiste “No sé qué soy. La categoría músico de rock me suena a barman de Pinamar: un vitrina triste para participar en esa línea de la edición de discos“. Considerando las triquiñuelas que vos mismo realizaste para sacudir un poco la industria disquera, la declaración parece profética. Pese a que el disco como objeto y como obra está perdiendo terreno las razones que señalás, la categoría “músico de rock” sigue funcionando en su producción, incluso con una fuerza estética y sintética inusitada. ¿Ves en esto un debilitamiento de lo que alguna vez se llamó “rock”? Quiero decir: ¿representa para un músico consagrado como vos un tema importante la manipulación que se pueda hacer de tu oficio?
Tengo que asumir que sí soy un “músico de rock” ; músico “a secas” quizas me quede un poco grande … el rock también es una forma de ver la vida, beber para creer !
Últimamente decidí profundizar en el significado de “la palabra” y “rock” es el movimiento de la cuna, de la silla “mecedora”, ese balanceo es el “rocking” ; en contra de lo que “se cree” (que rock es piedra y roll es movimiento rodando) /// Rock es una palabra que se usa desde la llegada de esclavos a New Orleans, es una palabra más noble que lo que casi siempre creemos, porque la asociamos (libremente) con los tópicos típicos del sub-género (machismo, heavy, cuero, coches, pinup girls) ; sin embargo “mi” rock (el nuestro) tambien es surrealismo, feminismo, sentido del humor, fumar y dibujar, nocturnidad y revoluciones … somos de una generación (y media) que no quiere separar el rock del cine, del arte, de la experiencia, de la expansión de la conciencia … después de mi poco afortunada frase, pensé que lo que necesitaba era un encuentro con músicos más … académicos, más experimentados, más sabios … más “algo” (pero más) ; y fue cuando conocí a Jerry González e inmediatamente después a “Niño” Josele y Diego “El Cigala” ; a Javier Limón, al maestro “caramelo” de Cuba, Antonio Serrano, Rubem Dantas, Enrique Morente … sé perfectamente cuál (y cuánto) es el contraste entre un músico con mayúsculas y yo, y nosotros … un músico de verdad puede tocar Giant Steps , los demás somos músicos de rock o servimos tragos en Pinamar !

 

También hace ya bastante años te quejabas suavemente de la falta de debate en la música. Del hecho de que hablar de música puede pecar de snob o de elitista. ¿Creés que sigue siendo así? ¿El nivel de debate es bajo o simplemente no hay debate alguno?
Es difícil leer un análisis musical profundo, sin embargo es habitual leer crítica de cine específica y académica, o crítica literaria ; todos los días el análisis deportivo llena páginas de periódicos, y el circo político es desmembrado en profunda superficialidad … sin embargo no hay espacio para las críticas de discos (ni de conciertos) en los principales periódicos ; “El País” de España, “Clarín” de Argentina, sólo por citar dos ejemplos, no incluyen críticas de discos (ni recitales) en el cuerpo principal del diario ; las noticias musicales son “reducidas” a su posible interés “de actualidad” ; los músicos recibimos tratamiento de “celebridades de segunda” ; si nos resbalamos y nos caemos de orto en el escenario, salimos en todos los periódicos de América y España ; Internet también fracasó como espacio de análisis y debate musical ; y lo peor de todo es el énfasis por hacer notar el desacuerdo, importa más anunciar aquello que “no te gusta” , lo que te parece “malo”, los “defectos” y las declaraciones desafortunadas ; no hay prensa para las positive vibrations … el real time son los conciertos, los recitales … (eso lo dijo Bob Dylan) ; lo demás es bullshit … es una mierda que si te la tomas en serio te quita las ganas de seguir haciendo algo … los resentidos tiene donde publicar la mierda que tienen en la cabeza !

 

 

LA POSTERIDAD: “la posteridad es una “mala noticia”; deberíamos conformarnos con una buena “perpetuidad” … estabamos grabando en NYC cuando Joe Blaney me dijo (a propósito de “Media Verónica”): “esta canción se va a a escuchar cincuenta años después de … ” y lo primero que sentí fue el deseo de mandarlo a tomar por culo (por pensar en semejantes cosas); ahora la posteridad es algo más sencillo, o menos solemne, para mí … ni siquiera me interesa escuchar mis viejos discos, por lo que la trascendencia de mis grabaciones no debería importarme realmente /// pero sobrevivimos al olvido, y sobrevivieron unas cuantas canciones de este repertorio ; se siguen descubriendo … es probable que algunas se escuchen “para siempre” … no importa demasiado tampoco … prefiero que se escuchen hoy, mañana … pasado mañana nunca se sabe.”

 

LIBROS: “últimamente leí a Phillip Roth, a Rodrigo Fresán, a Sandor Marai … siempre estoy leyendo a Foster Wallace, a Bolaño, a los japoneses … hay muchas cosas que me gustaría releer … Vonnegut, Cheever … no soy un literariamente correcto, no leí clásicos rusos, ni Ulises. Es demasiado lo que no leí. Estoy más cerca del propotipo de músico que no lee nunca ! Ahora voy a prologar la segunda parte de las memorias de un gánster de Barcelona … mi padre es muy lector, de estos que promedian casi cien libros por año, que es lo que yo voy a leer en toda una vida. Esta vida.”

 

INTERNET: “la “Aldea Mac” es una autopista para las canciones, la música y las grabaciones ; sin embargo (también) es un semillero de opinión reaccionaria ; no importa qué disco grabes, no importa quién seas, siempre hay alguien esperando (no es que esperen realmente) para insultarte desde el resentimiento más ignorante y vulgar /// el gran fracaso de internet 2.0 es confundir libertad de expresión con expresión de libertad; es una realidad indudable ; hay mucha gente conectada, esta nueva generación de internados (ciudadanos internautas) que no genera opinión ; la bloggósfera es un fracaso comercial y como generador de tendencias no tiene la influencia de los macromedios de incomunicación ; sin embargo mucha gente quiere “participar” contando lo que está haciendo “ahora mismo” (aunque no estén haciendo casi nada) ; se cansan de buscar compañeros de colegio y empiezan a contarnos todo lo que hacen, a qué fiestas van, qué libros no estan leyendo, qué youtube descubrieron, qué cancion están escuchando ; y en ese contexto la música encuentra pavimentos para circular por el mundo …”

 

ADN MUSICAL ARGENTINO: “La primera regla del Fight Club rockero es no hablar del Fight Club rockero ; créanme si les digo que atesoro más barbaridades destroyer que lo que cualquiera podría imaginar. ¿Quiénes no podrían faltar? Pappo, Solari … Pescado Rabioso. Manal.”

 

DESPENALIZACIÓN DE LA TENENCIA: “ahora habría que discutir la “figura legal” del narcotraficante ; si hay “despe” para la “tenencia para consumo”, pues no tendríamos que ser tan frágiles en las aduanas (en los aeropuertos) ; la tenencia (ilegal tender) en un aeropuerto te convierte en un narco y la pena es la misma por una cantidad mínima (consumo personal) que entrando una tonelada y media (presunción de narcotrafico) ; asusta pensarlo, ¿verdad? La fragilidad del consumidor convertido en criminal, asumido como enfermo, es aberrante y a mí me indigna bastante … vivimos en un mundo violento, violador, infractor y consumidor ; principalmente vivimos en un mundo hipócrita … la persecusión del consumo de cannabis es una de las mayores mierdas del siglo veinte ; y si pensamos que durante los veinte siglos anteriores (al veinte) la única cura contra el dolor era el opio, el absurdo es cruel en el cartel … el consumo de psicofármacos es desmesurado ; la cantidad de millones de pastillas “antidepresivas” y “ansiolíticas” que se consumen por año, en los países occidentales, es mucho mayor de lo que cualquiera podría calcular o suponer.”
 

HÁBITOS: “yo soy bastante pastillero, hoy en día mi consumo de drogas legales es más sostenido que el de cannabis y otras sustancias … también estoy interesado en la micro-dosis ; pequeñas dosis de alucinógenos naturales que funcionan como “antidepresivos” ecológicos … en este momento no tengo hábitos habituales, ni coqueteos, con la cocaína, los licores o el tabaco ; y puedo pasar días enteros sin fumar un porro … tampoco es algo de lo que esté orgulloso.”

 
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Tumberitos en Tacuarentown febrero 25, 2010

 

Cuando un hombre empieza a trabajar en sí mismo, todo le habla
Néstor Sánchez

 

Recuerdo una entrevista en algún suplemento cultural, las páginas dobladas desprolijamente, ajadas y amarillentas por el paso del tiempo. El inmémoro que habita en mí no remeda más detalles. Debe haber quedado en algún lado. El título era “Sí, es un disco yonqui, ¡pero es ficción, boludos!” y la declaración era de Andrés Calamaro. No recuerdo de quién la elección de aquel titular. Pero negar su atractivo parece una necedad.

 

En esas páginas se reportaban los sucesos de ese país imaginario de los que están cerca o apenas lejos de los cuarenta años: Tacuarentown, un país de jóvenes vejetes de oxidado arsenal, una dulce tristeza negra y la idea de que ese segundo que es el presente es lo único verificable y lo único válido. Todo aquel que emigraba a Tacuarentown tenía sangre pedregosa en las venas y la sentía correr a una irreprimible velocidad. Desde esa velocidad se quería decir algo. Lo que se decía siempre era urgente.

 

Afuera, detrás de las persianas cerradas al sol, retumbaba otro derrumbe y otro país demasiado parecido al de adentro. Todo corría a la misma velocidad, todo se mezclaba. Lo más probable es que todo se tratara de lo mismo, que la presura interior confluyera en la de afuera. A esa velocidad dos países se convertían en uno, pero sólo uno de ellos cobraba forma de disco, El Salmón, repertorio quíntuple de la República Tacuarentown, exilio de unos cuantos desamparados que decían tener el gobierno del aire.

 

Lo extraño fue que ese gobierno no fue depuesto fácilmente. Las grabaciones se volvían cada vez más anárquicas, pero también más precisas y punzantes. Todo cobraba dimensión de Cara B, cada abismo revelaba uno más próximo y más certero, pero por sobre todas las cosas, con mucho más que decir. Y esa fue la palabra que tuvo que escucharse: decir, o bien, tener, necesitar, querer decir. Expresarse. Probablemente desde aquel frenético De Nada Sirve de Moris, desde la taciturnia porteña farmacológica de Javier Martínez, desde esa madrugada última que acarició Spinetta en los primeros discos de Invisible, no se había logrado nada igual en Argentina. Y el amor amargo y las cuentas pendientes con lo que es y debe ser la vida que sobrevolaban aquel quíntuple, trocaban en un pulso aguerrido y mordaz, de pocas pulgas, de libertad sin límite en esta nueva aventura.

 

Hubo un giro violento. Lo que se decía ya no iría a tener formato: se regalaría, se lo entregaría sin más porque había sido concebido de esa manera, con el fin de que una vez pronunciado, fuera escuchado. Y así fue. El material que produjo Andrés Calamaro en Tacuarentown luego de El Salmón no tuvo ni título ni orden jerárquico. Estaba ahí, al alcance de todos, y desperdigado por su propia casa. Sólo el vértigo lo describe, sólo la violencia de la propia humanidad cuando se deja entrever que una obra puede animarse a extensiones insospechadas. Tal como declaró Paul Valéry en sus Cahiers: “una obra de arte digna del artista sería aquella cuya ejecución fuera también una obra de arte – por la delicadeza y la profundidad de las dudas – el entusiasmo bien medido, y rematando casi la tarea con maestría en el desarrollo de las operaciones – Eso es inhumano.”

 

El gobierno del aire de quienes habitaban Tacuarentown devenía imagen en la obra y la obra, imagen de su origen. Es acaso soberbio creerse tan veraz como para afirmar cuál de las dos apuestas es más profunda. Las dos reclamaban en quien se atrevía a la escucha de esos registros esa imagen doble: la que la obra proyecta y la de su proceso de ejecución. En cada sonido, en cada falsete, pero sobre todo, en la original utilización de material precario de grabación (bajos hiper saturados, baterías sucias de teclado o de máquinas de ritmos, guitarras que se empecinan en enunciados tan elementales como demoledores) y en la misma voluntad cíclica de no sólo escribir música, sino de dar dentro de esa misma música las claves para su composición (“al cuaderno donde escribo yo / se le acabaron los renglones / ahí escribí alguna canción buena / las otras son buenas canciones (…) Si versa sobre la realidad / entonces no hay verso que valga / solamente cabe la verdad: una frase dulce y la otra, amarga (…) Si escribo para olvidar va a ser para llorar / entonces mejor no escribo nada. / Sólo la letra es sagrada porque si no hay, no puedo cantar”) se adivina la génesis de una zona extra-musical, metaficcional, en donde un autor puede jugar con todo tipo de variaciones de sí mismo. Es el compositor, el intérprete, el escucha y el crítico. Es, además, quien tiene la facultad de hacernos verlo todo como un juego que aprendió a jugar en la marcha, como si no hubiese reparado en que estaba jugándolo.

 

El fumador –escribió Jean Cocteau en Opiumllega a ser una obra maestra. Una obra maestra indiscutible. Obra maestra perfecta, porque es fugitiva, sin forma y sin jueces. Por más individualista, solitaria, reservada, aristocrática, lujosa, monstruosa que sea la obra maestra, no por eso es menos social, capaz de afectar al prójimo, de emocionarle, de enriquecer espiritual y materialmente a la masa. Pero en el hedonista el deseo de expresarse, de relacionarse con los demás desaparece. No quiere hacer obras maestras, quiere convertirse él en una, la más desconocida, la más egoísta.”
 

Se dice que no existen dos infiernos iguales. Probablemente sea cierto. También fue Cocteau quien, cuando le preguntaron qué salvaría de su casa si de pronto ardiera en llamas, respondió simplemente: “El fuego.” Que el fuego es siempre el mismo fuego también es cierto.

 

Lógicamente, pasados los años, los rumores sobre aquellos días son innumerables: el claustro eterno, las arenas movedizas de un submundo de sombras y luces intermitentes, el epicureismo de una vida y una imaginación sedienta, incursiones furtivas a la villa del Bajo Flores, alguna aparición en televisión en que se mencionaba entre dientes que Beethoven creía que la música es el lenguaje del alma y que el alma debe dar un paso al frente cuando el lenguaje debe ser reformulado cada nueva jornada. Una numeración como ésta no remeda la idea de que cierta clandestinidad parecía ser lo único preciado. También pudo escucharse algún axioma febril: nada que no se acabe nunca puede ser malo. No había demasiadas noticias porque ellas corrían por dentro. Tal como se avisaba en aquel dictum radial de los años 50’s, “si no te gustan las noticias, hay que inventar otras nuevas,” en esos días, entiendo, debió surgir una preocupación por otros encierros, otros claustros, acaso mucho más acuciantes, pero que en carne propia se vivían de manera similar.

 

Acaso el tango haya sido el primer género musical del siglo XX que retrató con fidelidad a los reos y acaso porque su mundo habitaba en muchos casos al límite de la coerción social. También se corrobora en muchos blues del delta del Mississipi. También en algún registro de Tom Waits. Daniel Melingo y el Indio Solari supieron a su vez relatar el horror de los presidios. Los reos y ese mundo que, puertas adentro, forja sus propios mandatos, sus propios códigos, instituye una ley sin otra institución más que el honor y el deber de tener que cumplirla. El honor y esos reos que no pueden más que aferrarse al recuerdo de una vida de la que, puertas afuera, ya nada saben. Ciertas consignas, cierto lenguaje carcelario domina buena parte de la lírica de lo ejecutado en el Tacuarentown posterior a El Salmón. Andrés Calamaro buscaba y encontraba precipicios como los que se abrían a sus pies. Y en buena medida volvía a atreverse a describirlos desde un óptica múltiple. Se convertía en visitante y personaje de esa otra escena, tan parecida a la que Tacuarentown exigía dentro de sus fronteras, fruto de la experiencia personal, la empatía y ese extraño dolor que nos busca allí donde vemos que seres tan distantes a nosotros nos reclaman más que ninguna otra cosa. Se escucha en La Visita,

 

El ingreso es muy lento / te hacen tocar el piano / cachean todo tu cuerpo / te revisan las zapatillas / te hacen bajar los lienzos y también los calzoncillos / revisan los paquetes / y con requisada terminada, me mandaron a un pasillo tan largo como frío/ antesala del infierno / me pidieron las tarjetas y los pases que me dieron / pasé por el corredor, llegué a una reja / pasé y la cerraron / otra reja, pasé y la cerraron / otro pasillo con paredes agonizantes y grises / llenas de consejos furtivos y condenados

 

Ese camino ad infinitum que dispone la prisión, donde una reja se cierra detrás de otra y de otra, esa visión caleidoscópica del inframundo y del alma del hombre, abreva luego en visiones del horror, ese horror tan sentido como compartido: horror de quienes intrépidamente aún pueden brillar en el infierno, de todos aquellos que en las sombras se emplean en la audacia, la lucidez, la honestidad.

 

Algunas de esas visiones son crónicas de los vaivenes de la suerte

 

“¿Cómo se llamaba el gallego que venía por tráfico de Carabanchel en vuelo directo a Devoto? (…) Cayó por un documento / y aprendió que adentro lo ayudan y afuera nadie lo espera, / como pasa casi siempre. / Tenía una sola campera y jugaba bien al ajedrez/ con piezas hechas de papel y migas de pan

 

otras retratos de esa sagacidad trapera-deambulante muchas veces conocida como picardía

 

A la mañana estudiaba para Boga / y por la tarde lo veías caminando / de punta a punta el pabellón, siempre acompañado, / casi siempre con el Huevo, / hablando de sus cosas. / Donde a nadie se le dice “Señor,” / ni se dan los “Buenos Días,” / cambiaba de color el pelo como un camaleón / y tenía bigote-cerradura, / la inteligencia pura, / ¡era el Bocho de la Zurda!”

 

pero todas convergen en la vigencia de esa suerte de pacto tácito que aúna a todos los reos, que les hace ser las mismas almas entre rejas en todo el mundo, amparadas por las mismas tristezas, sujetas por sobre todo a una misma y única condena: vivir más allá del margen del visto bueno social, ese que puede modificarse tantas veces como sean necesarias en función de que la desigualdad impere, abra una brecha insondable entre quienes han podido pagar su precio de vivir en sociedad y quienes no,

 

En el quinto estaba la Ranchada de los Paraguayos, mezcla rara de ratas, tráfico, caño y bagayos (…) Buena gente de pipa / justa, sonriente y callada/ que aunque estén pagando mucho, siempre comparten su poco (…) No se aguanta estar adentro. Algunos están por nada

 

vivir tan al margen que no queden ya márgenes, sino una espesa caída interior con la que tampoco poder hacer nada excepto esperar, mirándote los pies sabiendo que ya no hay lugar al que ir, tan solo atravesar una puerta y otra puerta y otra puerta y siempre hacia adentro, hacia cada vez más adentro, tanto que ese adentro te brilla azul en los ojos y te duele casi con desprecio.

 

Alguna vez aulló Enrique Symns, “Brindo por los intrépidos que hoy están tristes, por los vagabundos que se creen perdidos, por los rebeldes que están resignados, por los seguidores que timidamente poseen el secreto. Que sigan siendo polizones ocultos entre los pliegues de la pesadilla colectiva. Que nunca los encuentren , que siempre lleguen a tiempo o que no exista el tiempo, para que puedan llegar.

 

Pero Symns nunca dijo que en ocasiones que no exista tiempo para llegar es algo tan lacerante como que el tiempo te llegue un día estando dentro, implacablemente, de una vez y para siempre.

 

 

M.A

 

 

Andrés Calamaro: Cordillera Izquierda diciembre 11, 2009

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Hace algún tiempo, cuando Calamaro estaba alejado de los escenarios, cuando colgaba sus canciones en Internet, cuando se especulaba, con esa moralidad mundana que insiste en no dejarnos tranquilos, sobre su estado de salud, empecé a escucharlo. Ciertas letras, ciertos ritmos, encontraron un espacio. Pero, y centrándome en lo que pasó el 5 de Diciembre en Santiago, hubo algo que marcó particularmente mi relación con su música que se volvió a dar en su reciente concierto. Me refiero a la idea de música como un lugar donde confluyen muchos ritmos, texturas y variaciones, acordes que preceden y anteceden siempre a otro. Cierta temporalidad que sacude el tiempo de una canción, y se sumerge en la profundidad de los sonidos; la actitud de hacer patente la materialidad. Ése, creo, es el Calamaro que más me interesa. El que, sin prejuicios, se apodera del legado popular y lo canta con vigencia. Un músico que no conoce de jerarquías académicas, sino que explora, con la libertad del que busca lo urgente, ritmos que convivan y narren una parte de nuestra historia.


Hace un tiempo, cuando tuvimos espacio para conversar con él, nos confesó que “La música popular y las artes académicas están condenadas a una convivencia alegre y enriquecedora, de ninguna manera quisiera perderme la tradición, el ritmo y el sentimiento, de los géneros y subgéneros populares americanos.”


Y algo de eso se pudo escuchar ese sábado 5 de Diciembre. Empezar con Jumpin´Jack Flash y enlazarla con El Salmón, para más adelante cantar Salud, dinero y Amor al ritmo de Walk of life de Dire Straits, es tal vez un juego que muchos otros músicos hacen –recuerdo un par- pero cuando escuchas parte de la obra de Calamaro, entiendes que el gesto de deliberado tiene poco. Más bien se centra con esa actitud de deconstruir y volver a armar que tiene el músico argentino, y, por sobre todo, con una especie de agradecimiento que Calamaro le rinde a los orígenes de la música que toca.


Sus referencias no quedan sólo ahí. Desde que incorporó los tangos a su repertorio, siempre se encarga de que aparezcan y luzcan en sus recitales. En esta ocasión tocó Los Mareados, Naranjo en flor y Soledad. Un poco más adelante, volvió al tango y tocó un pedazo de Volver. Lejos de querer imitar a los viejos cantantes, Calamaro les entrega un toque y tono personal, con un desparpajo hacia la forma, y siempre resaltando la actitud antes que la técnica.


De otra sonoridad, relucen las menciones a Bob Marley y James Brown. Y aparece lo latinoamericano con alusiones concretas y directas a Víctor Jara, Violeta Parra y Mercedes Sosa. No obstante, habría que profundizar un poco en lo del cantante chileno. El concierto de Calamaro –y así nos lo confesó días antes por mail- tenía un sentido especial: tocaba el mismo día en que se realizaba el funeral de Víctor Jara. Recuerdos de otro Santiago, de uno más sangriento y amargo, aparecieron en escena, y apoderándose de una simbología a la que Calamaro le tiene particular agrado, cantó versos de Te recuerdo Amanda como si así formara parte del mismo cantar.


Siempre haciendo épica de sí mismo, el músico argentino dispone las partes materiales de lo que son sus propias canciones. Rastrear influencias es posible, no con el ánimo de determinar de dónde vienen, necesariamente, sino con la disposición de comprender que la música se hace de fragmentos, de acordes que vienen de otros y que están en potencia de transformarse. Podrían enumerarse muchas contradicciones, sin embargo, no lo haremos. Hay una sombra que cada uno debe y sabe cuidar.


El Andrés Calamaro que estuvo sobre el escenario el día sábado no tiene mucha relación con ese temeroso músico que subió al escenario del Cosquín Rock el 2005. Se mueve y habla más, sale del piano –que no tocó- y se calza la guitarra con decisión. Se da espacio para cantar canciones como El Perro -desatendiendo el pedido popular que siempre tiende a las más conocidas. Aún está por verse ese concierto –y sí, estamos especulando- donde toque, por poner un ejemplo, gran parte de El Salmón. En esas letras, y en esos registros, está el Calamaro que tal vez más me agrada. Las grabaciones caseras, los mensajes políticos, la poca rigurosidad técnica, la sensación de estar verdaderamente haciendo algo contra la corriente. En tiempos donde pocas canciones acceden a la zona que duele, escuchar en ese disco Un poco de diente con diente, puede ser una buena clave para entender el compromiso de cierto arte.


Así como este texto nunca pretendió ser una crónica del

concierto –al modo en que dicen deben escribirse las crónicas-, las sensaciones y peligros de una música que no aspira a ser otra cosa que canciones para tiempos de amor, tiene poca validez. Las partes del show que más me gustan son esas donde se nos intenta mostrar que las canciones no son una obra de originalidad, sino que tienen trazos de otras.


Siempre hay una muestra indolora, pero también una versión urgente donde el cantante –y se nota- devela su deseo. Pretender que la canción no esconda el lugar que ocupa en la historia. Exhibir la superficie, no con ambición, sino con la consciencia de que lo importante es la canción y los paisajes e imágenes que recorre. No sé si siempre lo logra, no sé si siempre se defiende el lugar. Pero hay infiernos mejores que recuerdan canciones de otros infiernos. Hacer presente dónde estamos. No olvidar. No olvidar a aquellos que cantaron antes.


R.S

 

Dossier Kerouac: La América de papel (suite) mayo 4, 2009

 

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(Allemande) De la América de Papel reconozco dos registros certeros.
El primero certifica un ingreso y se encuentra al final de la primera parte de En el Camino. Es entonces que el término se hace patente, el regreso a la ciudad crepuscular luego del extravío en los caminos. Regreso a lo dado, ingreso al mundo que es.
El segundo se ubica después, hacia el capítulo tercero de la cuarta parte del libro, y marca un egreso de ese mismo mundo: se sale, pero se ingresa a la vez: se ingresa al mundo que fue alguna vez.
Pero luego, al recorrer En el Camino página tras página, al habitar una y otra vez la obra completa de Jack Kerouac, caemos en la cuenta de que la América de Papel no es corroborable mediante el pasaje de un mundo a otro, de una tierra a otra, y que no importa tan solo a éste o aquél capitulo su difusa transparencia, sino que se encuentra desperdigada por todos lados, a veces de forma intensa, otras subrepticia, y que en la mayoría de los casos deja de ser una toma de posición, o una petición, o la manifestación de una voluntad, para ser un estado de ánimo, algo con lo que aprehender el mundo y soportarlo, y soñarlo, y hacerlo revivir. Algo, en última instancia, con lo que hacer del mundo un ensueño, una manera de morar en él sin ser un muerto vivo.
Y los muertos vivos, aceptémoslo, pueblan la tierra, ejercen atinadamente las funciones más obedientes, los rigores más perentorios en una sociedad que ha de funcionar útil y repetidamente, sin sobresaltos, sin excedentes, sin incidencias. Una sociedad silenciada detrás del rugido mecánico de sus sostenes. Sociedades que avancen, que no dejen de extenderse horizontalmente hasta saciar su último y por siempre efímero deseo de consumación, cuando consumar algo refiere siempre a sobreponerse al fracaso de no llegar a tiempo al futuro, y pretender que el futuro está aquí siempre que se empleen los medios por sobre los fines para apresarlo. Y los medios estipulan la marcha prolija hacia el futuro, y los medios borran los fines finalmente y de los fines tan solo saboreamos el vértigo de haberlos podido alcanzar: saber que la meta estuvo aquí por dos segundos, que pudimos hacerla nuestra y que no importó a cuántos hemos dejado a un lado del camino por nuestra fiel vocación de un mundo de permanente actualización aquí y ahora, de un mundo siempre presente, siempre enérgico e impávido, y tan repentinamente válido en tanto haya una consigna enhebrada con mediana y mediocre sapiencia que acometer y con la que cumplir.
Entonces es que la tarea del artista no difiere tanto del mundo al que éste se opone, ya que también el mundo vislumbra su estrella, y también se confunde y se desconcierta detrás de una estrella fugaz tas otra hasta que se hunde (En el Camino, 151). Pero resta acaso una diferencia crucial: el artista va hacia donde no sabe que va, va allí adonde no hay idea clara del mundo, donde el mundo va haciéndose en sus propias huellas, en el devenir de su viaje. El artista deviene al trasponer el horizonte, refundándolo, permutando la mirada del horizonte por la suya, y lo que consigue al fin es verse devenir, sabiendo en último caso que es el mundo el que le impulsa a corregirlo, y no al revés.
 
 

 

 

(Courante) Jack Kerouac fue quien sembró otra tierra en su tierra, quien abrió en ella un espacio para la vida, espacio por el que la vida se sostuviese tan solo en la medida en que un hombre se precie de estar vivo y resuelva que no hay batalla final más que la de un presente intenso que te arrastre a vivir pedestremente con lo que puedas abrirte paso. Jack Kerouac creó también un hombre para esa vida, uno o varios. Jack Kerouac creó sobre todo héroes detrás de una inalterable consigna: “you can’t die without heros to look after” (Doctor Sax, 27), y se echó a andar detrás de ellos, tratando de buscar en sus pasos un tiempo que los americanos extrañamente han podido vivir en su historia como en la literatura y en la memoria ancestral de sus paraísos perdidos.
La América de Papel no podría entonces ser más que una clave, una eterna sugerencia que mueve a Kerouac sin preguntarle demasiado, sin pedirle nada tampoco. Y Kerouac de la misma manera se abalanza en el ensueño, yendo, como un maniático, para seguir habitándolo.
América es varias Américas, como Kerouac es varios Kerouacs, varias versiones de una vida y varias e permutables visiones del sueño, el sueño del amor, de la amistad, de los caminos, de la fuente de algún incierto saber, de una imposible redención. Kerouac supo todo esto, por eso lo confundió todo, por eso fue desobediente a cualquier mandato, porque sabía que no podía sino forjar uno propio, que lo que justificase, que revelase que la mejor manera de amor y responsabilidad con respecto a alguna idea es apropiarse confusamente de ellakerouac44481 y devolverla como algo absolutamente nuevo. Y de las varias Américas que hubo, Kerouac eligió acaso la menos verídica y verificable, y vislumbró entonces su América de Papel atrás, mucho más atrás, en esa América primigenia donde las auténticas rebeliones aún eran posibles (Henry D.Thoreau), donde la osadía parecía ser una obligación (Herman Melville) donde el heroísmo era el resultado de la aventura y de la amistad de un otro que alteraba con su sola presencia y de un solo plumazo, el curso de nuestras vidas para siempre (Jack London, Mark Twain). Y esa América tan solo resistía en los confines, en las lindes de la otra gran América, la que empezaba a instalarse como vigía de sí misma y del mundo entero, e instalaba en cada hogar un puesto de vigilancia: la televisión.
 
(Zarabanda)Quand irons-nous, par delà les gréves et les monts, saluer la naissance du travail nouveau, la sagesse nouvelle, la fuite des tyrans et des démons, la fin de la superstition, adorer – les premiers ! – Nöel sur la Terre !” solían repetir los primeros beats, inclinándose sobre sus ejemplares trajinados de Temporada en el Infierno, en los primeras borracheras y desórdenes en New York, mientras lidiaban con sus propios fantasmas e ilusiones, y empezaban a abrirse a la aventura de vivir literariamente. Y así vivían, en cualquier departamento, con cualquier alma que les alojara, sin vergüenza, sin sentir nada como un error. Vivían y se encaminaban como Rimbaud hacia el espíritu, mientras el coglomerado de neón de la ciudad los hundía en las anfetaminas, la bencedrina y la lectura acalorada de Thomas Mann, de William Blake, de Céline.
No obstante, frente a tal entrega no deben haber desapercibido aquella otra notación rimbaudiana que, sin darse cuenta, empezaban a poner en práctica: “Vous êtes en Occident, mais libre d’habiter dans votre Orient (…) L’esprit est autorité, il veut que je sois en Occident. Il faudrait le faire taire pour conclure comme je voulais.”
La América de Papel, la fantasía de vivir fuera del ipso facto de lo cotidiano de un ritmo social bajo el que todos tus días están contados, todas tus carreras universitarias bien acabadas, todos tus hijos tienen juguetes y todas tus esposas se quejan por el aumento de los impuestos; la América de Papel, el lugar donde vivir en un oriente dentro de tu cabeza, desapercibiendo todo lo que te rodea.
(Giga) Entonces fue que apareció la palabra beat. Mucho ha escrito Kerouac sobre ella –más que todo, en respuesta a todo lo que pretendía estandarizarla- y en sus declaraciones, algo cansadas, siempre dejaba sospechar que no había razón para tan ciclópea tarea. En 1931, Duke Ellington había ya zanjado la cuestión al titular una de sus composiciones “It ain’t mean a thing if it ain’t got that swing,” mucho antes del beat, mucho antes de que se confundiese ambigüedad con polisemia. Esta última circunstancia, rara vez tratada, alberga buena parte de las innumerables discusiones en torno a la palabra. Si hay algo que sostiene al signo Beat no es su oscuridad o su capacidad de difuminar los contornos para que cualquier cosa pueda parecer cualquier otra, sino su permeabilidad, su potencial para hacer despertar en una cosa, todas las cosas. El mismo Ellington, cuando se le preguntó por el significado del swing, dijo, “si te lo explico, no vas a entenderlo.” Ya en nuestros tiempos, Andrés Calamaro habría de reformular la frase inteligentemente, “el swing, como los vicios, no se pueden explicar. Se tienen o no se tienen, pero no se explican.”
El swing, como lo beat, mientras veían como una usina se llevaba el río y como el río también servía para hacer la guerra, se funda en una capacidad para moverse de una manera especial, para ser abatido de una manera especial, para tener visiones de una manera especial, pero por sobre todo las cosas, para vivir de una manera especial y saber que esa manera te es propia, intransferible y te concede fuerzas suficientes como para hacerte a un lado del mundo y no sentir la necesidad de dar demasiadas explicaciones, ya que para entender has de latir a la par y sólo latiendo, llegarás a entender. En la literatura de Jack Kerouac, ritmo y sentido son claramente indisociables ya que reclaman, en el hombre que se mira en el agua, la fuerza altisonante con que las aguas se mueven bajo la mirada del hombre. Ritmo y sentido se precisan para constatarse, para saber el uno la verdad del otro y en último caso, para realizarse. Jack Kerouac, como bien dice hoy su epitafio, honró la vida, puesto que no sólo vivió, sino que forjó además una manera de sentir de qué se trata esto de estar vivos, se pasó la vida buscando el lenguaje adecuado para hacernos sentir de qué se trata esto de que la vida venga a atravesarnos.
 
(Minué) Con la publicación de En el Camino en 1957 más que el manifiesto de una generación, se abría paso a un estilo y una forma de ejecución. En el Camino narraba aventuras del período 1948-1949 y los años que le tomó a Kerouac conseguir un editor que publicara el libro, anotician de cuán adelantado estaba a la sociedad literaria de entonces, cuando en ese ínterin de 8 años de esperar un editor, Kerouac ya había escrito Los Subterráneos, Los vagabundos del Dharma y esa joya del fraseo y la imaginación que es Doctor Sax. Esta asincronía explica más o menos bien cómo buena parte de su obra fundamental, posterior a En el Camino y en muchos casos superior a ella, fuese arrojada al ostracismo y el hecho de que cuando la crítica y el público fue en busca de Kerouac y quisieron ver quién era el hombre que había firmado aquel kerouac145libro, se encontraron con un “católico loco” que se veía obligado a responder sobre asuntos que él ya había reformulado, actualizado y ejecutado de varias maneras diferentes, nunca símiles entre sí. No obstante, entiendo fácil y peligroso hablar de Kerouac tan solo como un escritor que se encargó de narrar un quiebre generacional y sus posteriores consecuencias. Lo insoslayable, como nunca antes, fue el cómo antes que el qué: entre muchas otras cosas, como sus adorados Bird Parker, Dizzy Gillespie y Thelonious Monk, Kerouac fue el primer perfomance de la literatura occidental, alguien capaz de interpretar estilísticamente la realidad de un momento, embargando a su propia escritura con las vibraciones propias del momento en que se escribe, dejando que el éxtasis del presente se transporte a su literatura a la misma velocidad en que ocurre en su propia vida y confiando finalmente en que su satisfacción personal, como dijera alguna vez, estimularía en el lector una satisfacción de iguales dimensiones.
(Rondó)Monsanto dirá “No hay que hacer más que eso, no preocuparse, todo está perfecto, no tomes las cosas con tantas seriedad, están mal aunque las analices en profundidad con conceptos imaginarios, como siempre dices”—Sacaré el boleto y diré adiós en un día lleno de flores y dejaré atrás San Francisco y volveré a casa a través del otoño de Norteamérica y será como si fuera el principio— La eternidad pura y dorada derramando su bendición sobre todos— Nada ha sucedido nunca— Ni siquiera esto— Santa Carolina del Mar seguirá siendo dorada de una u otra manera— El niño crecerá y será un gran hombre— Habrá adioses y sonrisas— Mi madre me estará esperando contenta— En el rincón donde está enterrado Tyke habrá un sepulcro nuevo y perfumado que hará que mi casa parezca de algún modo más propia— Las noches de primavera me quedaré en el jardín bajo las estrellas— Algo bueno nacerá de todas estas cosas— y será algo dorado y eterno— No hace falta decir una palabra más.” Así concluye Jack Kerouac Big Sur, acaso una de las últimas y mejores muestras del poder de su escritura y del sueño de una América de Papel que no supo escapársele de las manos hasta el último momento. Cuando no lo hacía en pequeñas libretas, Kerouac escribía en largos rollos de papel teletipo, sintiendo que sus palabras se extendían toda la noche, al igual que los caminos, a lo largo de su vida. “Habrá adioses y sonrisas,” acota, y nuevas Américas de Papel van fundiéndose en la suya, transformándola, hasta decir palabra, hasta decir una última palabra que nunca será posible decir.
M.A

 

 

 

 

 

 

 

Entrevista a Andrés Calamaro: “Prefiero pensar que soy un ilustre desconocido” marzo 19, 2009

 

                                                                                                                                                                      th_negro 

Cuando Andrés Calamaro está disperso o patitieso o lidiando con sus propios entuertos musicales, intenta un desdoblamiento. Se cree alguien más que, sin luces sin humo, sale a un escenario subterráneo. Allí él y allí sus intermediarios, todos los que Andrés es, todos esos que conocemos que es. Entre tantos, vemos uno, uno solo y él responde. A veces dice que un tal B. -que acusa estampa de actor porno- intermedia en su nombre y arremete con la misma violencia de algunos riffs,  obviando con cierta displicencia y algo de desprecio la calificación de “músico de rock”, o al menos, aquello que se espera de esa ominosa etiqueta.

La fama –la puerta de la fama- es tan solo ese margen donde hay demasiada gente. El respeto es siempre un elixir traicionero. Los días y sus noches pasan de largo, y en cada avión, en cada ida y vuelta de llegar y tocar, al volver a casa, te dijeron tantas cosas que podés serlas todas y no serlas.

Lo cierto es que Andrés Calamaro tiene esta vez entre manos y casi en la calle un box-set séxtuple, que incluye recopilaciones y material inédito de sus años prolíficos, su redención musical y su santo grial emocional. Con el rótulo escueto de Andrés: obras incompletas, este intenso festín de canciones amenaza con hacerse cargo de los fieles y los no tan fieles. Y sumirnos a todo en una pantanosa laguna donde la música es sagrada, con el mismo fuego, la misma entrega.

La Periódica recibió un primer aviso hace unos días:

 

El box es arrasador, recién estaba intentando ver el DVD pero ni puedo, para mi es demasiada emoción, mas de la estoy dispuesto a soportar un domingo…

Que década infernal, y celestial, para resumir …

INTERVIEW:  B accedió a intermediar entre M.A y AC para que este interview fuera probable y el resultado es este :

 

Así que bien, amigos. El resultado es éste.

 

 

   Martín Abadía – Roberto Santander

 

 

Seamos cuasi- contemporáneos.¿Cómo viviste el vivo con el Indio Solari?¿Con rigor, ansias, felicidad?

Para mí fue cerrar el círculo abierto con la grabación conjunta, la invitación, de VENENO (el veneno sabe esperar); grabar con INDIO & cantar juntos no está en los planes de nadie; es una cumbre irrebatible, hay mucha grandeza junta; lo que ocurre debajo del escenario post-ricotero (solarista) es imposible de explicar, para mí es, lejos, más importante que cualquier partido de fútbol… ni hablar !  A mí el fútbol ni siquiera me interesa tanto, respeto los aspectos deportivos y estéticos, y entiendo el temblor social que arrastra, pero prefiero no abundar en análisis; no sé verlo ni sé jugarlo, aunque trabe amistad con mucha gente del fútbol y, cuanto mas les conocí, mejores hombres descubrí, más inteligentes, abiertos … Sin embargo el rock es “mi fútbol” , siempre me importó más … Explicar que los desposeídos, los desdentados, el lumpen, y el pueblo, encuentran un espacio donde son protagonistas, donde son estallido poético, donde entienden un código hermético y estético, no es suficiente para contar el, verídico, fenómeno que lidera Indio desde hace 25 años; treinta si contamos las primeras actuaciones de Redondos en Buenos Aires, para decenas de personas … Pero instalado en el escenario mis sensaciones son las de un músico que tiene que cantar, pendiente de lo que escucho y de lo que voy haciendo, tratando de cruzar miradas con mi anfitrión, con el director de esa orquesta de 50 mil músicos, tratando de compartir ese momento también, con la línea de musicos, incluso  26con los técnicos y personal de organización y escenario; porque subirse a ese escenario para cantar tres canciones en el momento más caliente del concierto es formar parte de un momento gigante del rock de todas partes; la banda está perfecta, todos se escuchan bien, ya hay buena energía en el escenario, las guitarras empujan mucho, el público es un océano de corazones puntiagudos; además ya ensayamos dos, o tres veces, y nos entendimos desde el primer momento, todos me reciben con sonrisas y afecto, algunos nos conocemos hace mil años, el ambiente es cálido y cordial, siempre un mate y un instante de charla; sin embargo todos tratamos de que las cosas salgan como las quiere Solari; que eligió El Salmón para cerrar el segundo bloque del show, justo antes del estallido con los emblemáticos, ya, himnos de Oktubre; antes cantaríamos “Esa estrella era mi lujo” por pedido mío, hace tiempo que lo vengo grabando informalmente, y Solari ya lo sabe; abriríamos con Veneno Paciente; la primera noche todo sale bien, llegamos a La Plata con una caravana de 5 Km. de rodados modestos, autocares ricoteros y charter terrenos; y todos nos vamos en operación comando, antes que esa multitud gane la calle y la ruta; al dia siguiente todo va a salir mejor, mayor tranquilidad, más perfección, detecto un sutil cambio en el publico (como siempre que hay dos funciones), el público es igual pero menos fundamentalista, se pueden ver más sonrisas, incluso verticales, más muchachas, pero el efecto dominó es el mismo … Incluso me siento más cómodo con la ropa que elegí ponerme (!!) ; siempre de sencillo negro; es la última noche y no nos vamos a ir, nos quedamos para brindar todos, los cantantes nos buscamos para encontrarnos en un sofá, volver a brindar y seguir hablando … dos horas después volvemos a casa, con una caravana de 50 Km. … la carretera está inundada de coches hasta Buenos Aires. 

En estos años, creo, la música ha perdido el poder que tenía antes. Como si ahora las canciones fuesen un producto de consumo rápido antes que una  revelación o necesidad. ¿Compartes el juicio? ¿A qué se debe?

Creo que a nuestra generación le corresponde no darse cuenta si estas nuevas canciones van a quedar prendidas en el recuerdo de los pueblos para siempre … Ya no es cosa nuestra; supongo que el chiste del rock´n´roll es disgustar a gente de nuestra edad, suponiendo que los dos tenemos más de 30 años, probablemente más de cuarenta también … Técnicamente es mucho más popular (¿poderoso?) que hace veinte años, se multiplicaron las radios que tocan nuestras canciones, seducimos a discográficas multinacionales, las empresas eligen festivales, y conciertos, de rock como objetivo publicitario, para derivar presupuestos insospechados pocos años atrás … También son más grupos mundiales los que se llegan hasta el sur a brindar sus conciertos; jazzistas, mega-estrellas, grupos populares de vanguardia, viejos lobos de mar … Creo que la música de “consumo rápido” existió siempre, claro, pero , incluso esta música “ligera” forma parte de la “banda de sonido” de las generaciones (por más cursi que suene escribirlo así) … Lógicamente, lamentamos la gradual desaparición del objeto “disco”, del LP; la proliferación del descuartizamiento digital y radiofónico, diluyen la “mística” de juntarse a escuchar discos con amigos … mil veces … de hacer de un disco un objeto de adorable estudio y placeres, a veces una invitación inversa a conocer otras músicas anteriores, fuentes literarias, etc. … 

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"Explicar que los desposeídos, los desdentados, el lumpen, y el pueblo, encuentran un espacio donde son protagonistas, donde son estallido poético, donde entienden un código hermético y estético, no es suficiente para contar el, verídico, fenómeno que lidera Indio desde hace 25 años"

Cuando miras hacia atrás y analizas tu carrera desde la salida de Los Rodríguez, ¿la imaginabas así? ¿Qué te hubiese gustado hacer y que no hiciste? ¿La nostalgia sólo sirve para hacer canciones?

Quizá me hubiera gustado viajar antes por América, por México & Colombia, por toda la patria grande … Peligrosamente, mucho de lo que me imaginé, sucedió ! … NO me consta que la nostalgia sirva para escribir canciones, quizás sea útil a los novelistas, pero para escribir canciones no basta; creo que es más útil el deseo, incluso otras sustancias… Sin dudas hay letras de tangos, boleros y rancheras (incluso canciones de Beatles) que parecen inspiradas en la nostalgia, como estadio de la inteligencia, pero no recomendaría la nostalgia (100 % pura) como motivación, ni técnica, para escribir una canción… Casi siempre alcanza con menos que eso!

En la época del Salmón escribiste “Mi vida se divide en tres piezas; en una tengo dos de las tres cosas, en otra rock n’ roll.” ¿Cuál es la imagen que te queda de esas tres piezas?

Bueno, esos versos son de Marcelo Scornik, pero estábamos compartiendo el momento y el paisaje; concretamente; Esas tres piezas, habitaciones. Había sido expulsado de mi vivienda, mis propios vecinos me acusaban formalmente por “daños”; para declarar lo menos posible, cargamos todo lo que pudimos en un taxi y nos instalamos en un “apart”, en tres habitaciones … EL que escribe es Marcelo, pero la primera persona somos los dos; si de tres cosas, una es el rocn´n´roll, las dos primeras conforman la santísima trinidad rockera, ese happening nuestro … Cuando escribíamos y grabábamos todo el dia, con pausas para seguir siendo animales humanos, canciones pensadas para nadie.

 

Mientras hacías el Salmón y el post-Salmón – esos años infinitos- afuera, en la calle, latía un momento de mucha convulsión en Argentina. ¿Hacías canciones pensando en eso o tan solo lo viste como una punta de iceberg en la sociedad que se inmiscuía -simbólicamente, si querés-  en los artistas?

Mi generación , y mi continente, vivió momentos de mucho convulsión siempre … casi todos mis discos, especialmente aquellos grabados en Argentina, acompañan momentos críticos de nuestra sociedad, auténticos estallidos socioeconómicos y políticos; cambios múltiples de presidentes, devaluaciones, saqueos, cortes de luz, crisis de la materia prima, fracaso de planes económicos, etc. … inevitablemente algunas canciones son un apéndice de lo que hablábamos y pensábamos, conclusiones, a veces anárquicas o delirantes, de nuestras conversaciones en torno a la argentinidad, el destino de América latina, las décadas, el peronismo, etc. …

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"La musica popular y las artes academicas estan condenadas a una convivencia alegre y enriquecedora, de ninguna manera quisiera perderme la tradicion, el ritmo y el sentimiento, de los generos, y subgeneros populares americanos"

¿Qué impresión te da esta agitación, algo adolescente, de los conciertos? Compartes que “ya nadie escucha, sólo saltan”? ¿Es un fenómeno de estos años o es que el rock – el rock en tanto cultura- es un asunto elitista?

Los que estuvieron en Woodstock dicen que aquello fue una autentica mierda, que no se escuchaba, que no se veía … que Jimi Hendrix llegó tarde y ya no quedaba casi nadie … Yo sigo descubriendo públicos participativos y calientes, es cierto, pero que saben escuchar, que se permiten la emoción de la música y el instante, que lo viven como futuros recuerdos permanentes, amigos que se abrazan cantando, muchachos que esperaban escuchar esas canciones, mujeres en éxtasis colectivos, multitudes respetuosas que ovacionan el tango argentino … la “cultura rock” es otra historia;  quizás sea el conjunto del arte, la literatura, la militancia, el feminismo, el surrealismo, las drogas y las experiencias, que conformaron el universo cultural de una generación que rompió con las complicaciones de la represión, de la presión social de aquellas familias, de la iglesia y de la política, y el efecto sobre la vida natural, sexual y cultural, de tantas generaciones … juntamente inspirados por la nueva conciencia que estos textos, manifestaciones culturales, mayos franceses, polvos inolvidables, marihuanas maestras y lisergia, desataron en cada uno …

 

Dijiste alguna vez “en mi casa se escucha Dalila y Thelonious Monk.” ¿Creés que los géneros menores son una especie de soporte de los mayores o no sentís una diferencia abrupta entre ellos?

La música popular y las artes académicas están condenadas a una convivencia alegre y enriquecedora, de ninguna manera quisiera perderme la tradición, el ritmo y el sentimiento, de los géneros, y subgéneros populares americanos … Recuerdo cuando el rock´n´roll estaba mal visto por los talibanes de otro rock más sofisticado y “progresivo”; y ahora son los rockeros “pesados” los que condenan la cumbia, que tiene identidad, tiene corazón y tiene … concha ! (coño) … Particularmente, Dalila es una cantante extraordinaria, es cumbia santafecina, ocupa el espacio de la cancion romántica (melódica) y adapta los clásicos sentimentales al ritmo mundial … y Monk ! … músico de músicos … Me gustan sus discos de piano, entre otros y entre tantos discos de jazz y latin jazz … él solo con el ébano y el marfil …

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Estás por sacar un nuevo disco, séxtuple esta vez. Contanos un poco acerca del box-set. ¿Qué hay ahí? ¿La inclusión de un disco recopilatorio fue idea tuya para darle ruedo a tu obra en países donde no se conoce mucho o fue la condición de la compañía para sacar el material inédito de Honestidad Brutal y El Salmón?

El BOX es conmovedor, los primeros tres discos son una antologia de canciones publicadas entre 997 y 007 (casi todas) , mi década inmediatamente posterior a Rodriguez … Considerando que, solamente, el track list de Honestidad Brutal & El Salmón son 140 canciones, elegir 18 x 3 no fue sencillo; para mí volver a escucharlas fue conmovedor, y, particularmente, me gustan las recopilaciones, especialmente cuando son “curadas” por su propio autor … Que sirvan para redescubrir, recordar y escucharlas de nuevo, o por vez primera, en el orden que elegí ; lo más atómico, lo más recordado, lo más olvidado, lo más poetico, lo más rockero …. Después hay dos discos de inéditos e inconseguibles, colaboraciones y rarezas, maquetas y descartes, vanguardia y directos, instrumentales y noise; y un sexto cd integramente dedicado a las versiones : ninguna de las canciones es de mi autoria … despues los DVD que son dos (2) , más de tres horas de recitales, grabaciones, intimidades, los años perdidos, los amigos que ya no están, los promoclips y otros instantes audiovisuales .. Además de un libro que recoje todas las letras, incluso las versiones, comentadas, ilustradas y acreditadas las grabaciones … Tres discos son recopilatorios, y fue idea mia; me parece importante … No hay debate que resista, es una retrospectiva incompleta pero muy amplia, no presumo de ser un musico escuchado en el mundo entero, prefiero pensar que soy un ilustre desconocido, pero incluso suponiendo que muchos escucharon, y tienen copias, de algunas de estas canciones, me gusta presentarlas, y ofrecerlas en esta secuencia, en esta colección de éxitos, de no éxitos, de experimentaciones, de letras improbables, de colaboraciones que me honran y me vuelven a emocionar. Ninguna compañía, ninguna discográfica, me puso condiciones jamás, todo lo contrario : Yo siempre llevé las grabaciones al extremo del presupuesto , de la lógica, de la capacidad de reacción comercial y radial, de lo recomendable … Y las Obras Incompletas son una buena muestra de que la compañía me acompaña incluso con proyectos demoledores como fue El Salmón, y como es este lingote de grabaciones encontradas. De música. Que es de todos.

 

 

 

Entrevista a Rodrigo Fresán: “La función del escritor es la de proveer historias”. diciembre 22, 2008

Antes de la introducción, algunos apuntes: 1) Cuando finalizó la presentación de Mantra –a cargo de Alberto Fuguet el año 2002, en el Auditorio de la Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, Rodrigo Fresán se puso de pie y comenzó a ser entrevistado por una radio. Sobre la silla, su billetera. La Periódica Revisión Dominical la recogió y se la devolvió, no sin antes dudarlo mucho. Dijo gracias. 2) El año 2004, saliendo de una charla sobre Bolaño en la biblioteca de Nou Barris, Barcelona, Rodrigo Fresán sorprende por la espalda a La Periódica Revisión Dominical y le pregunta: dónde está la parada de metro. La Periódica, que llevaba sólo dos días en la ciudad, no sabía la respuesta. Fresán, nos atrevemos a creer, la encontró solo. 3) Un martes en la mañana, el año 2005, en una sala de la Universitat de Barcelona, Rodrigo Fresán comienza a leer La Vocación Literaria. Luego, preguntas. Al finalizar la clase, La Periódica Revisión Dominical se acerca. El escritor argentino le pregunta dónde puede conseguir agua. La Periódica tampoco sabía.


En la literatura de Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) pueden entrar todos. Es una escritura que se desplaza libremente por la realidad y fantasía, con la seguridad de saber que, para la ficción, todo espacio, situación o personaje, existe para ser contado. Novelas que transcurren en una semana o textos que apelan a una multiplicidad de géneros para contarse; el autor argentino explora el mundo no para develar un misterio, sino para generar incertidumbre. Una exploración en los posibles y probables; una escritura que funda nuevas maneras de contar y contarse.


La Periódica Revisión Dominical conversó vía mail con Rodrigo Fresán. Aquí sus respuestas.

Roberto Santander – Martín Abadía


 

 

 

 

 
Para empezar, Rodrigo, han pasado 17 años desde la aparición de tu primer libro. ¿Qué recuerdos tienes de todo lo que provocó la publicación de Historia Argentina?

 
Tengo los mejores recuerdos. No sólo porque con su salida se realizaron las fantasías juveniles más demenciales que se pueden llegar a tener en lo que hace a un debut literario sino porque -lo más importante- los años pasan y me sigo reconociendo en ese libro. De algún modo, es como el Big Bang de todo lo que vino después y en él ya laten las constantes de mis siguientes libros.

En unos meses, Anagrama sacará una tercera edición con un relato nuevo y un prólogo de Ray Loriga. Con Historia argentina pasó una cosa curiosa. Yo no era nadie, trabajaba para una revista de una tarjeta de crédito y tenía unos nueve pseudónimos diferentes: como mujer, como gay, como aristócrata anciano y decadente… tenía muchas personalidades. Salió el libro y a los tres días estaba en los primeros puestos de ventas. Yo sé lo que es irte a la cama un día sin ser nadie y levantarte al día siguiente siendo número uno en listas de Best-sellers. Pero lo que en realidad importa es que el primer libro es, de algún modo, la corporización para segundos y terceros de un deseo que uno espera que se cumpla desde hace años.

La vocación literaria suele ser una vocación infantil. Y yo, desde que tengo memoria, quise ser escritor. Ni siquiera en la infancia quería ser corredor de Fórmula 1, jugador de fútbol, o presidente del país, (bueno, cuando eres latinoamericano no quieres ser presidente de tu país, esa es una vocación que, supongo, se desarrolla sólo en lugares como Canadá o Australia). En ese sentido, yo no creo en Dios pero doy gracias a quien corresponda porque yo he sido un privilegiado al ver cumplida mi vocación primera, la mayoría de la gente tiene que renunciar a ella. Un niño dice: “Quiero ser Superman”, y hay que explicarle “No, mira, no vas a ser Superman”. Soy escritor y no me puedo quejar, era lo que quería. Además, toda mi historia se va armando en torno a lo de ser escritor como única posibilidad de oficio más o menos profesional, porque yo no tengo el colegio primario terminado en Argentina.


El único cuento de “Historia argentina” que es estrictamente autobiográfico (aunque en muchas partes hay momentos verdaderos, como el del choque con Borges en la calle) es el de “La vocación literaria”, el del secuestro. A los 10 años fui secuestrado y, después, me tuve que ir con mi familia a vivir a Venezuela.


Yo hice allí mi secundaria y cuando volví se perdieron los papeles, así que para la ley Argentina hoy soy semianalfabeto: sé leer y escribir pero no he terminado la educación básica. Entonces, tampoco pude hacer otra cosa que no fuera escribir y meterme en el periodismo. Siempre escribí, desde pequeño. Hay un cuento de “Historia argentina”, el microrelato de los aztecas, que yo escribí a los ocho años. El tiempo pasa pero el impulso permanece.

"Lo de McOndo es más un prólogo que un libro. No siento que haya ninguna generación que me contenga. Si se trata de “cartografiar” la literatura, me gusta pensar que cada escritor es un pais en si mismo que puede mantener o no relaciones amistosas y diplomáticas con otros paises/escritores."

"Lo de McOndo es más un prólogo que un libro. No siento que haya ninguna generación que me contenga. Si se trata de “cartografiar” la literatura, me gusta pensar que cada escritor es un país en sí mismo que puede mantener o no relaciones amistosas y diplomáticas con otros países/escritores."


En algún momento te clasificaron como perteneciente a lo que se llamó la generación Mcondo. ¿Te sentiste cómodo? ¿Cuál es tu percepción de esa clasificación cuando ya han pasado varios años desde ese momento?


Con el paso del tiempo, me da la impresión que lo de Mccondo es más un prólogo que un libro y, por supuesto, mucho menos que una generación. Yo entregué un cuento para la antología a pedido de mi amigo Alberto Fuguet y no leí la introducción sino hasta que salió el libro. Hay cosas que comparto y cosas en las que no estoy de acuerdo sencillamente porque nunca pensé en ellas. En lo personal, no tengo ningún problema con el realismo mágico. En lo generacional, yo creo que uno lee y escribe -entre otras cosas- porque le gusta estar solo. No siento que haya ninguna generación que me contenga. Si se trata de “cartografiar” la literatura, me gusta pensar que cada escritor es un país en sí mismo que puede mantener o no relaciones amistosas y diplomáticas con otros países/escritores. Tampoco me interesan las guerras, aclaro.


¿No sientes que esta nueva moda de criticar a Cortázar se ha vuelto casi como una carta de presentación de corrección literaria?


 

Yo no tengo nada que criticarle a Cortázar y sí tengo mucho que agradecerle. Esta pregunta habría que hacérsela a quienes lo critican. El único reparo que tengo yo con Cortázar es la ingenuidad de sus posturas políticas no porque uno no tenga derecho a ser políticamente ingenuo (o romántico, o inocente, o bien intencionado) sino porque me parece que en su etapa non-fiction descuidó un poco su faceta fiction.


vonnegut

Kurt Vonnegut

De alguna manera, la literatura norteamericana, con la que tanto está asociada tu literatura, si lo pensamos ampliamente, ha sido la literatura que en los últimos años pegó más fuerte en casi todos los países de habla hispana (sobre todo en América Latina). ¿Crees que se trata de una suerte de depuración en la manera de pensar la literatura y aún de escribirla?


Lo que ocurre es que yo jamás le he pedido a los libros acta de nacimiento o pasaporte o visado. No me siento a leer idiomas sino autores que me gustan. Así ha sido siempre y así seguirá siendo. Y está claro que me gustan más los autores que practican un cierto tipo de literatura antes que otros. Lo cierto -ya lo dije muchas veces- es que leí primero a Kurt Vonnegut que a Macedonio Fernández. Con el tiempo, leía Macedonio Fernández. Y descubrí que me gustaba más Vonnegut. En cuanto a motivos para “pegadas” extraterritoriales, sólo puedo hablar por mí. Y ya hablé. El resto es terreno de gente con certezas absolutas como los editores y los académicos.


La música es una constante en tu literatura. ¿Tocas o tocaste alguna vez algún instrumento?


No. Mejor así. Alguna vez -tendría unos ocho años- les manifesté a mis padres cierto interés por aprender a tocar el saxo. Me compraron una guitarra. Creo que fui a una clase y media y eso fue todo, amigos. En cuanto a la música en mi literatura, sí, suena mucha.


En Mantra retratas Ciudad de México basándote mucho en los referentes culturales que tenemos comúnmente de lo mexicano. Casi como un México for export. ¿Crees que, en el fondo, esa es la única manera que tenemos actualmente de acercarnos a las ciudades? ¿Fue inconsciente o es lo que tú entiendes como lo propiamente mexicano?


Como ya dije muchas veces, Ciudad de México vino impuesta. Pero enseguida descubrí que la inverosímil historia de Mantra y de los suyos sólo podría resultar verosímil en una ciudad increíble en todos los sentidos y dirección como es el Distrito Federal. También, a nivel personal, me causaba gracia e ilusión apuntarme y sumarla a la lista de novelas mexicanas escritas por extranjeros. Pienso en Bajo el volcán, El poder y la gloria, La serpiente emplumada, Los detectives salvajes y todos esos textos beatniks.


La idea fue, siempre, que la anatomía del libro reflejara la cartografía imposible y fragmentada del D.F., sus demasiadas partes, su físico freak. De ahí también que Mantra sea muchos libros o un libro con demasiadas cabezas. No lo pensé en términos estructurales sino des-estructurales, como algo invertebrado y casi gaseoso. El libro es el resultado de mezclar varias ideas que me parecieron posibles puntos de partida: una guía de turismo apócrifa, una investigación sobre el mundo de los luchadores enmascarados, un ensayo sobre el Día de los Muertos, una enciclopedia de visitantes ilustres y malditos al D.F., un viaje al mundo de las telenovelas, una continuación de “Bajo el volcán” de Malcolm Lowry narrada por el nieto de uno de los asesinos del Cónsul … No me decidía por ninguna y metí todo junto. El D.F. es un poco eso: una acumulación de factores teóricamente irreconciliables que acaban conformando un todo mutante y armonioso. Más mutante que armonioso,como me gusta a mí.


una acumulación de factores teóricamente irreconciliables que acaban conformando un todo mutante y armonioso. Más mutante que armonioso, como me gusta a mi."

"El D.F. es un poco eso: una acumulación de factores teóricamente irreconciliables que acaban conformando un todo mutante y armonioso. Más mutante que armonioso, como me gusta a mí."

Guy Debord habló de que el hecho de caminar por una ciudad era ya un hecho estético de orden superior. La visión del México de Mantra se construye en buena parte a través de lo fragmentario. ¿Es esa tu manera depercibir una ciudad o es una percepción que solamente le es propia a Mantra?


Creo que respondí a esto en la pregunta anterior, pero amplío: la percepción tiene que ver, también, con que Ciudad de México está erigida en una zona sísmica. Y a mí me gusta imaginarla así: como un puzzle en el aire, en el momento exacto del terremoto. Una de las cosas que más me gustan de “Mantra” es ese temblor constante en la última parte del libro.


En tus libros, aunque pocas veces se diga, hay una crítica política a la realidad latinoamericana. Tienes opinión frente al tema y lo abordas, lo comentas y lo satirizas muchas veces. Pienso, por ejemplo, en Jardines de Kensington cuando tu personaje habla de que todos se apartaron del sistema en vez de atacarlo y cambiarlo desde adentro. ¿Dónde te ubicas tú como escritor dentro de esa clasificación?


Vuelvo a lo de antes, a lo que te respondí a la altura de Cortázar… Yo creo que hay una función social del escritor, cierta y verdadera, que no pasa por esto de la literatura comprometida o ir abriendo ojos. A mí el escritor totémico que se va paseando por las mesas redondas o rectangulares del mundo prediciendo el Apocalipsis… Por otra parte, ya la actitud y la gestualidad y la mecánica del escribir es algo muy burgués: uno necesita de cierta comodidad, tiempo libre, tranquilidad, estar solo… La función social del escritor existe y es la de proveer historias: que la gente tenga algo que leer, un punto de fuga por donde evadirse y conocer realidades alternativas. Me parece más que suficiente y, de algún modo, épico y epifánico y, si se quiere, comprometido. La misma función que, en la prehistoria, alrededor de una fogata, tenía alguien que una noche empezó a contar algo para sus amigos. Quiero pensar que el oficio no ha evolucionado mucho. Y me parece que está bien que así sea, que así haya sido.


Se esboza en tus escritos una visión aparentemente crítica de esta especie de revival postmoderno. Pienso por ejemplo, en algunos fragmentos de Esperanto o Jardines de Kensington. Pero, paradójicamente, creo que ese mismo gesto está presente en tus libros de forma paródica. ¿A qué crees que se debe la tendencia contemporánea de pensar que lo nuevo es mejor que lo menos nuevo y que lo clásico siempre será más moderno que cualquier vanguardia de fin de semana?


La verdad que no tengo la menor idea. No leo ni escribo pensando en esas cosas. Pero una cosa sí es verdad: no creo que haya o vaya a haber libro más moderno y vanguardista que “Moby Dick” de Herman Melville.


Escribes periodismo. Entiendo que lo haces, por una parte, para sobrevivir, pero también, supongo, porque hay algo que te llama la atención del formato. Sin embargo, sueles sobre todo en las contratapas de Página 12- utilizar el formato para hablar un poco de tus obsesiones y hacer literatura. Tu mirada a la realidad desde esa tribuna apela bastante a la caricaturización de lo real. ¿Qué es lo que buscas, literariamente, cuando escribes esos textos? ¿No te da la sensación que, en el fondo, todo puede ser parte de una gran ficción mientras se narre y se lea con esos códigos?


Y, sí, todo es parte de lo mismo. De ese/eso mismo que soy yo. Afortunadamente, siempre he trabajado para medios muy comprensivos con mis fobias y placeres y perversiones. Pero, atención, no creo que lo que yo hago sea periodismo en el sentido más clásico (o riguroso) del término o que lo que yo haga sea crítica literaria. Es otra cosa. Una especie de diario abierto (que no llevo como diario) repartido a lo largo de artículos. Me gustaría, sí, disponer de bastante más tiempo para la ficción y de dedicar bastante menos tiempo a la no-ficción. Antes me cansaba menos. Podía conciliar ambas facetas mejor. Siempre digo lo mismo y volveré a decirlo aquí: con el tiempo, con el correr de los libros y de las primeras planas de los diarios, de los suplementos y de las revistas es inevitable cierta erosión o fatiga de materiales. Así, antes yo pasaba de la ficción a la no-ficción con la facilidad de quien se cambia de sombrero. Ahora, con los años, es como cambiarme de traje de astronauta. Se hace más pesado. Y el escribir crónicas siempre sobre cosas que te gustan es un arma de doble filo: por un lado es placentero, pero por otro, con el tiempo, descubrís que no hay libro o película o cd que no sea una posible nota y te la pasás pensando automáticamente, por reflejo, en posibles títulos. Y llega un momento en que sientes que ya no tienes vida privada, que todo es “articulizable”. Es un tanto alienante, la verdad. Pero lo cierto es que nunca dejaría de hacer periodismo o crítica como se llame lo que yo hago. Tal vez mi no-ficción sea como esos mensajes subliminales injertados en los discos y películas de mi ficción, ¿no?


 

el pais de los libros que lee y el pais de los libros que escribe."

"Un escritor pasa buena parte de su vida en otros países: el país de los libros que lee y el país de los libros que escribe."

Vives en Barcelona. Te cambiaste de casa hace poco. ¿Por qué Barcelona? ¿Qué tiene Barcelona que hace que te guste vivir ahí?


Bueno, ya van a cumplirse 10 años. Y a principios del 2008 me mudé del Eixample a Vallvidrera, Tibidabo arriba. Y estoy muy bien. Yo creo que la pauta de una buena elección geográfica te la dan los libros que escribiste allí. Y a mí me gusta lo que llevo escrito en Barcelona hasta la fecha. No vine aquí en busca del consabido “despegue internacional” provocado todavía hoy por el espejismo/oasis del Boom y todo eso. Lo cierto es que yo ya sentía un poco agotada mi etapa en Argentina y comenzaba a aburrirme y cansarme de cierto mundillo literario y caníbal. A mi llegada a Barcelona, en 1999, yo ya tenía dos libros publicados en España y dos vendidos en Francia. Así que la fantasía no pasaba por ahí. No sé, yo creo –no es la primera vez que lo digo- que todo escritor es extranjero de un modo u otro. Incluso los escritores “nacionales”. Un escritor pasa buena parte de su vida en otros países: el país de los libros que lee y el país de los libros que escribe. Hay una interesante contradicción en la práctica de la literatura: es el oficio más sedentario que existe (pocas cosas más inocurrentes que contemplar a un escritor trabajando) y al mismo tiempo la actividad más nómade de todos. Y a mí me gusta viajar mucho y lejos y, de tanto en tanto, creo pertinente también transplantarme para volver a empezar, limpiar la pupila, sentir como pasa el tiempo y pasan las distancias. Con esto no quiero criticar a esos escritores que nacen y mueren en la misma casa y que escriben sólo sobre lo que ocurre en su barrio. Bien por ellos. Pero yo no podría. Insisto, también lo dije varias veces: nací argentino y espero morir escritor. Y la verdadera patria es la propia biblioteca.

Volviendo al tema del “mundillo”, también es cierto que la Argentina –o Buenos Aires, o ciertos ambientes de Buenos Aires— practica más la crítica de escritores que de escritos. Y que la percepción que se tiene de uno es siempre externa y lejana y que rara vez (es más fácil opinar que leer) pasa por el interior y la cercanía de lo que uno hace. Y que se corre el peligro de quedar petrificado –a los ojos de los demás—en la edad en la que uno “apareció” para esos otros. No sé, una de las mejores cosas que me ocurrieron al llegar a Barcelona fue el ser percibido por la gente como alguien de 35 años y no alguien eternizado en los veintipico. Ahora que tengo 45 años es un alivio tener exactamente esa edad, sentir que el tiempo se mueve y que uno se mueve con el tiempo.


Vine a vivir a Barcelona en 1999 -ya lo dije muchas veces- más intrigado por Copito de Nieve (una obsesión de mi infancia) que por la mística de una ciudad literaria. He de decir que estaba en lo cierto y que no me equivoqué al elegir: Barcelona me parece una ciudad muy funcional a la hora de escribir, esa función tan quieta y sedentaria y, al mismo tiempo, nómade. Barcelona tiene el tamaño justo, hay muy buenas librerías, y ahí están el mar y la montaña cerca. Tan cerca que ni hace falta interrumpir la escritura para sentir que están ahí.


¿Qué está pasando en Canciones Tristes?


Muchas cosas. Con solo decir que ahora Canciones Tristes está en otro planeta.


Hablando un poco de tus proyectos, ¿qué pasó con la traducción de letras de Bob Dylan que preparabas? ¿Hay fecha para la publicación de una nueva novela?


De lo de Dylan prefiero no acordarme. Y hablar equivaldría a hacer memoria. Así que prefiero dedicar la memoria de mi disco duro para cosas más útiles y gratas. La novela nueva (que en realidad es la segunda novela nueva que saldrá antes de la ya terminada novela nueva) aparecerá, si todo va bien, a finales del 2009. Por esos días acaba de aparecer en Francia una nueva versión de “La velocidad de las cosas” (con un nuevo relato) y está a punto de lanzarse en Mondadori Roja y Negra, colección de literatura criminal. Proyectos no me faltan, me falta tiempo…


Sugerencias, Rodrigo.


Un disco para una ruptura amorosa: Bueno, hay músicos pertenecientes a ese subgénero. Están los que piden perdón y los que exigen disculpas. Así que me inclinaría por un término medio que es, además, especimen casi fundante de la especie (si no se cuenta aquella crepuscular trilogía de Sinatra) y uno de sus mejores especímenes: “Blood on the Tracks”, de Bob Dylan.


Pepsi o Coca-Cola: Es una pregunta casi ofensiva. Coca-Cola, por supuesto. ¿Qué es Pepsi?


Un libro para leer antes de dormir: De un tiempo a esta parte –tengo un hijo de dos años—podría recomendar una portada de libro para la hora de dormir porque difícilmente paso de allí antes de desmayarme. Así que recomendaré un práctico manual de fragmentos y textos breves editado por la revista The Paris Review de título muy largo: “The Paris Review Book of Heartbreak, Mandes, Sex, Love, Betrayal, Outsiders, Intoxication, War, Whimsy, Horrors, God, Death, Dinner, Baseball, Travels, The Art of Writing and Everything Else in the World since 1953”


Un libro para Chavez: ¿Para qué? Me parece que ya tiene demasiado con ese ejemplar minúsculo de la constitución que lleva a todas partes, siempre a mano, como rubia de King Kong.


Lo peor de Argentina: Supongo que unos cuantos (demasiados) argentinos que andan por ahí.


Una canción para Zapatero: No sé. Alguna de Kraftwerk, tal vez. Por su dicción y fraseo cada vez más robótico, digo.


Qué le preguntarías a Pynchon: Cada vez se me ocurren menos cosas para preguntarle a los escritores. Prefiero pensar que todas las respuestas están en sus libros. Pero, puestos a molestar, le preguntaría a Pynchon si es cierto eso de que tiene proyectada una novela sobre Godzilla y monstruos japoneses.


La canción que te hubiese gustado tocar sobre un escenario si hubieses sido músico: Muchas, demasiadas. Supongo que “Visions of Johanna” de Bob Dylan y, si el público no me echó, remataría con “A Day in the Life” de The Beatles.


La mejor canción de Calamaro: Tiene muchas mejores… Pero nunca me olvido de “Señal que te he perdido”, del primer verso de “Señal que te he perdido”.