La periódica revisión dominical

BUNKER LITERARIO

Entrevista a Bob Dylan – Playboy Interview (1966) – 1ª Parte diciembre 6, 2009

Archivado en: música — laperiodicarevisiondominical @ 4:38 pm
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En el texto preliminar a esta entrevista, Nat Hentoff, no sin cierto barroquismo, señala algunos detalles tanto concurrentes como vanos sobre aquel Bob Dylan de mitad de los años sesenta: Que estaba convirtiéndose en una mixtura de James Dean y Holden Caufield. Que se esperaba que su cuenta bancaria trepase a fin de año el millón de dólares. Que estaba cada vez más elusivo, más mordaz. Que su lírica había adquirido, como nunca antes, un carácter personal que la apartaba de cualquier otra. Que su lírica: “una amalgama surrealista de sensualidad opaca y sátira kafkeana de amenazante corrosión.” Que la entrevista concedida a la revista Playboy en febrero de 1966 que sigue aquí abajo tuvo lugar en el décimo piso del edificio de Columbia Records en Manhattan.
 

Traducción: Martín Abadía

 

 

“La música popular,” le dijiste a un reportero el año pasado, “es la única forma de arte que describe el ánimo de los tiempos. En el único lugar en que eso sucede es en la radio y en los discos. Allí es donde la gente pasa el tiempo. No con los libros; no en los teatros; no en las galerías. Todo ese otro arte del que estábamos hablando no puede salir de su cascarón. No hace feliz a nadie.” En vistas de que, hoy en día, la gente lee libros, va a ver obras y a galerías de arte más que nunca, ¿crees que lo que dijiste se apega a la realidad?
Las estadísticas miden la cantidad, no la calidad. La gente que se hace cargo de las estadísticas está muy aburrida. El arte –si existe algo a lo que poder llamar arte- está en los baños; todos lo saben. Ir a una galería de arte en la que te sirven leche y donuts y donde toca una banda de rock n’ roll: eso es sólo una cuestión de status. No lo critico, date cuenta; pero yo suelo pasar mucho tiempo en el baño. Creo que los museos son vulgares. Todos están en contra del sexo. Igualmente, no dije que la gente pasaba el tiempo con la radio; dije que se conectaba en la radio.

 

¿Por qué crees que el rock n’ roll llegó a convertirse en un fenómeno internacional?
En verdad, no creo que haya algo como rock n’ roll. De hecho, cuando piensas en ello, nada que no tenga una existencia real puede estar ligado a un fenómeno internacional. De todas formas, ¿qué significa “rock n’ roll”? ¿Significa Beatles, significa John Lee Hooker, Bobby Vinton, el hijo de Jerry Lewis? ¿Qué hay de Lawrence Welk? Él debe poder tocar algún rock n’ roll. ¿Esta gente es toda igual? ¿Ricky Nelson es como Otis Redding? ¿Mick Jagger es realmente como Ma Rainey? Yo puedo decirte con sólo ver la forma en que sostienen un cigarrillo si son como Ricky Nelson. Creo que está bien que Ricky Nelson guste: de hecho, no podría preocuparme menos si a alguien le guste Ricky Nelson. Pero creo que no estamos yendo por las ramas. No hay tal cosa como Ricky Nelson. No hay tal cosa como Beatles. Oh, perdón, me retracto: hay muchísimos Beatles. Pero no hay nadie como Bobby Vinton. De todas maneras, la palabra acorde no es “fenómeno internacional,” sino “pesadilla paternal.”

 

En los últimos años, según algunos críticos, el jazz ha perdido atractivo en las generaciones jóvenes. ¿Estás de acuerdo?
No creo que el jazz haya atraído alguna vez a las generaciones jóvenes. En todo caso, no sé realmente de qué generación joven se trata. No creo que vayan a meterse en un club de jazz de todas formas. Pero el jazz es algo difícil de seguir; me refiero a que en verdad tiene que gustarte el jazz para querer seguirlo. Y mi lema es: nunca seguir nada. No sé cuál es el lema de la generación joven, pero me animaría a pensar que deberían seguir a sus padres. Digo, ¿qué le dirían sus padres a un chico que llega a casa con un ojo de vidrio, un disco de Charlie Mingus y los bolsillos llenos de plumas? Preguntarían, “¿a quién estuviste yendo a escuchar?” Y el pobre chico tendría que quedarse allí, con agua en los zapatos, la corbata anudada a la oreja y hollín saliendo de su ombligo, y diría, “Jazz, padre, estuve yendo a escuchar jazz.” Y su padre probablemente diría, “trae una escoba y limpia todo ese hollín antes de irte a dormir.” Y luego la madre del chico le dirá a sus amigas, “Oh, sí, nuestro pequeño Donald, es parte de la nueva generación, sabes.”

 

Solías decir hasta hace poco que querías tocar lo mínimo posible, que querías darte la mayor cantidad de tiempo para ti mismo. Sin embargo, estás tocando cada vez más y sacando discos cada año. ¿Por qué es? ¿Es por dinero?
Ahora todo ha cambiado. La primavera anterior, creí que iba a parar de cantar. Me sentía muy agotado y por la manera en que se estaban dando las cosas, se preveía una situación muy desgastante. Me refiero a estar cantando “Everybody loves you for your black eye” mientras en tu cabeza todo se está desplomando. Más allá de todo, estaba tocando un montón de canciones que no tenía ganas de tocar. Cantando palabras que no quería cantar. No me refiero a palabras como “Dios” y “madre” y “Presidente” y “suicidio” y “cuchilla de carne,” sino a palabras simples como “si” y “esperanza” y “tú.” Pero Like A Rolling Stone lo cambió todo: después de eso no volví a preocuparme por escribir libros o poemas o lo que sea. Digo, era algo que yo mismo podía entender. Es muy abrumador tener a tu alrededor gente que te dice cuanto te entiende cuando no puedes entenderte a ti mismo. Es un entretenimiento de un ingenio tremebundo. Al contrario de lo que piensan algunos asustadizos, no toco con una banda ahora por razones comerciales o de propaganda. Se trata tan solo de que mi música son imágenes y la banda hace la música de esas imágenes.

 

 ¿Sientes que el haber reunido a un grupo y pasar del folk al folkrock te ha mejorado como intérprete?
No estoy interesado en mí como intérprete. Los intérpretes interpretan a otra gente. Es lo que los diferencia de los actores. En mi cabeza todo se ve muy simple. No importa qué tipo de reacción provoque en la audiencia. Lo que sucede sobre el escenario es contundente. No se espera la aprobación ni el veto de ningún agitador. Es ultrasimple, y sucedería tanto si hubiese alguien ahí para escucharlo como si no. En lo que concierne al folk y al folkrock, no interesa qué clase de nombres horribles invente la gente para la música. Podría ser llamada “música arsénica,” o quizás “música de Fedra.” No me parece que una palabra como folkrock tenga algo que ver con todo esto. Y “música folk” es un término que no puedo usar. La música folk es un montón de gente gorda. Tengo que pensar en todo esto como música tradicional. La música tradicional estaba basada en hexagramas. Se inspiraba en leyendas, en la Biblia, en las plagas, y hablaba sobre vegetales y muertes. No hay nadie que vaya a matar a la música tradicional. Todas esas canciones sobre rosas creciendo en la cabeza de la gente y amantes que en verdad son gansos y cisnes que devienen ángeles – todo eso no va a morir. Se trata tan solo de un montón de paranoicos que creen que alguien vendrá y les robará el papel higiénico del baño –ellos son los que van a morir. Canciones como “Which Side Are You On?” y “I Love You, Porgy” – no son canciones folk; son canciones políticas. Y ya están muertas. Obviamente, la muerte no es algo que se acepte universalmente. Digo, quizás pienses que la gente en torno a la música tradicional deduce a través de sus canciones que el misterio –el misterio, simple y llano- es un hecho, un hecho tradicional. Yo escucho viejas baladas, pero no iría a una fiesta para escuchar esas viejas baladas. Podría darte una descripción detallada de lo que han hecho de mí, pero probablemente cierta gente pensaría que mi imaginación se ha vuelto loca. Me resulta gracioso que la gente tenga en verdad las agallas para pensar que yo tengo una imaginación fantástica. Me desola un poco. Pero, de todas formas, la música tradicional es demasiado irreal como para morir. No precisa que nadie la proteja. Nadie va a hacerle daño. Hoy en día, es en esa música donde puedes sentir la única verdadera muerte válida al poner un disco. Pero como todo lo que tiene gran demanda, la gente se lo apropia. Tiene que ver con cierta pureza. Creo que lo que no tiene significado es sagrado. Todos saben que yo no soy un cantante folk.

 

Algunos de tus viejos fans han reconocido que, desde tu debut con una banda de rock n´roll el año pasado, en el festival de folk de Newport, recibes muchos abucheos, bastante estridentes, por haberte “vendido” a un cierto gusto comercial. El primer Bob Dylan, sienten ellos, era el Bob Dylan “puro.” ¿Cómo te sientes al respecto?
Me ha dejado atónito. Pero no puedo menospreciar a alguien por venir a abuchearme. Después de todo, ha pagado para poder entrar. Sin embargo, podrían haber sido un poco menos vociferantes y menos persistentes. Había también mucha gente vieja allí; muchas familias que habían conducido desde Vermont, muchas enfermeras con sus padres, y bueno, ellos venían solamente para relajarse en una fiesta folk, sabes, donde sonasen una o dos polcas indias. Y cuando todo estaba yendo muy bien, ahí llego yo y todo el lugar se convierte en una fábrica de cerveza. Había allí mucha gente bastante complacida de que yo fuese abucheado. Pude verlos después. Lo que me molesta, pese a todo, es que todo aquel que me abucheó haya dicho luego que lo hizo porque era un viejo fan.

 

¿Qué opinas de que digan que has vulgarizado tus dones naturales?
¿Qué podría decir? Me gustaría ver a alguno de esos viejos fans. Me gustaría que me los trajeran con los ojos vendados. Es como perderte en el desierto y pedir auxilio y que luego, al volver, los niños del parque te arrojen la arena del arenero. Sólo tengo 24 años. Esta gente que ha dicho esto, ¿eran norteamericanos?

 

Fuesen o no norteamericanos, se trataba de muchísima gente a la que no le gustaba tu nuevo sonido. En vistas de esta reacción negativa tan extendida, ¿no piensas que has cometido un error al cambiar de estilo?
Un error es cometer un malentendido. A este respecto no puede haber tal cosa. Tanto si la gente entiende como si la gente finge entender – o como si la gente no entiende realmente. De lo que estás hablando aquí es de hacer algo equivocado por una razón egoísta. No conozco una palabra para eso, a menos que sea “suicidio.” En cualquier caso, no tiene nada que ver con la música.

 

Sea o no un error, ¿qué te hizo decidirte por el camino del rock n’ roll?
El descuido. Perdí a mi viejo amor. Empecé a beber. Lo primero que sé es que estaba en una partida de cartas. Luego, caigo en que es un juego de mierda. Desperté en un billar. Una mujer mexicana enorme me arrastra fuera de la mesa, me lleva a Philadelphia. Me deja en su casa y todo arde en llamas. Acabo en Phoenix. Consigo trabajo como Chino. Empiezo a trabajar en una tienda de baratijas y me mudo con una chica de trece años. Después esta mexicana enorme de Philadelphia llega y enciende fuego la casa. Me voy a Dallas. Consigo trabajo como “antes,” en una publicidad de dietas; el “después” era Charles Atlas. Me mudo con un repartidor que cocina unos chiles y unos hotdogs fantásticos. Después, esta chica de trece años de Phoenix llega y enciende fuego la casa. El repartidor –no era tan bondadoso- le da a ella un cuchillo y lo próximo que sé es que estoy en Omaha. Hace mucho frío; por entonces ya estoy robando mi propia bicicleta y friendo mi propio pescado. Tengo un golpe de suerte y consigo trabajo como carburador en las carreras de coches de los jueves por la noche. Me mudo con una profesora de secundario que trabaja a la vez de fontanera y a la que no hay que prestar mucha atención, aunque fue capaz de construir un nuevo tipo de refrigerador que puede convertir el periódico en lechuga. Todo va bien hasta que el repartidor aparece y trata de acuchillarme. No es necesario decir que también quemó la casa y que yo me hago al camino de inmediato. El primer tipo que me levanta me preguntó si quería ser una estrella. ¿Qué podría decir?

 

¿Y así fue como te convertiste en cantante de rock n’ roll?
No, así fue como contraje tuberculosis.

 

Pongámoslo de otra manera, ¿por qué has dejado de componer y cantar canciones de protesta?
He dejado de componer y cantar todo aquello que se escriba por alguna razón o que se cante por algún motivo. No me malinterpretes. La palabra “protesta” no es mi palabra. Nunca me creí cercano a esa palabra. La palabra “protesta”, creo, se inventó para la gente que se somete a cirugía. Es una palabra de parque de diversiones. Cualquier persona normal que esté en sus cabales tendría que tener dificultad para pronunciarla con honestidad. La palabra “mensaje” suena como a tener hernia. Es igual que la palabra “delicioso.” Y “maravilloso.” Los ingleses pueden pronunciar “maravilloso” bastante bien. Sin embargo, no pueden decir “escabroso” tan bien. Bueno, cada uno tiene lo suyo. De todas formas, las canciones con mensaje, como todo el mundo sabe, son muy pesadas. Sólo los editores de periódicos estudiantiles y las chicas de menos de catorce años pueden tener tiempo para ellas.

 

Has dicho que las canciones con mensaje son vulgares. ¿Por qué?
Bueno, primero de todo, todo aquel que tiene algún mensaje lo extrae de la experiencia para meterlo luego en una canción. Digo, no siempre saldrá el mismo mensaje. Luego de uno o dos intentos vanos, uno se da cuenta de que el mensaje resultante, que no es el mismo mensaje que habías pensado y con el que había comenzado a trabajar, te exige que te apegues a él; porque, después de todo, una canción se aleja de tu boca tan pronto como se aleja de tus manos. ¿Me sigues?

 

Oh, perfectamente.
Bueno, luego, tienes que respetar el derecho de los demás de tener también un mensaje para ellos mismos. Yo lo que voy a hacer es alquilar el ayuntamiento y meter unos 30 chicos de la Western Union ahí. Digo, entonces que van a escucharse mensajes. La gente podrá venir y escuchar más mensajes de los que pudo oír en toda su vida.

 

 Pero a tus primeras baladas se las llamó “canciones de protesta apasionada.” ¿Eso no las convierte en música “con mensaje”?
Eso no importa. ¿No entiendes? He estado escribiendo desde los ocho años. Toco la guitarra desde los diez. Me crié tocando y escribiendo todo aquello que podía tocar o escribir.

 

¿Sería injusto decir entonces, como algunos dijeron, que fueron motivos comerciales más que creativos los que te llevaron a escribir el tipo de canciones que te hicieron popular?
Bien, mira. No es algo tan profundo. No es tan complicado. Mis motivos, o lo que sea, nunca fueron comerciales en el sentido monetario de palabra. Era más bien en el sentido de no-poner-la-cabeza-debajo-de-la-sierra. Nunca lo hice por dinero. Sucedió y dejé que me sucediera. No había ninguna razón para que no dejara que sucediera. Pero de todas formas, no podría haber escrito antes lo que hoy escribo. Las canciones solían ser sobre lo que veía y sentía. Nada de mi propio vómito rítmico se inmiscuía en ellas. El vómito no es romántico. Yo pensaba que las canciones debían ser románticas. Y no quería cantar nada que fuese específico. Lo específico no tiene sentido del tiempo. Todos nosotros no tenemos sentido del tiempo; es un cuelgue dimensional. Cualquiera puede ser específico y obvio. Ese siempre ha sido el camino más fácil. Es el que toman los líderes del mundo. No se trata de que sea muy difícil ser poco específico y menos obvio; sino de que no existe nada, absolutamente nada, sobre lo que ser específico y obvio. Mis viejas canciones, para dejarlo claro, no eran sobre nada. Las nuevas hablan sobre nada también, aunque quizás puedan verse por dentro con algo más grande, algo que quizás podríamos llamar ningún lugar. Pero todo esto es enfermizo. Yo de qué son mis canciones.

 

¿De qué son?
Oh, algunas son de cuatro minutos, algunas de cinco y algunas, lo creas o no, son de once o doce.

 

 ¿Puedes ser un poco más informativo?
No.

 

Bien. Cambiemos de tema. Como ya sabrás, el promedio de edad de la gente que escucha tus canciones está entre los 16 a los 25 años. ¿Por qué creés que es así?
No veo tan extraño que sea ese promedio el que escuche mis canciones. Soy lo suficientemente hip como para saber que no van a estar entre los 85 y los 90. Si los que están entre los 85 y los 90 me escucharan, sabrían que no estoy diciéndoles nada. Los que están entre 16 y 25, probablemente sepan que tampoco les digo nada a ellos– y ellos saben que yo lo sé. Es divertido. Obviamente, no soy una computadora IBM más de lo que soy un cenicero. Digo, es obvio para todo aquel que haya dormido alguna vez en la parte de atrás de un coche que no soy un maestro de escuela.

 

Más allá de que no eres un maestro de escuela, ¿no te gustaría ayudar a la gente joven que te entiende a volverse contra aquello en lo que se han convertido sus padres?
Bueno, tengo que decir que en verdad no conozco a sus padres. En realidad no sé bien si los padres de cualquiera son tan malos. Me disgusta llegar como un debilucho o un cobarde y darme cuenta de que cierta religiosidad parece haberse perdido, pero no soy la persona indicada para vagar por el país salvando almas. No me atropellaría a alguien que está durmiendo en la calle y ciertamente, no me convertiría en verdugo. No dudaría en darle un cigarrillo a un hambriento. Pero no soy un pastor. No estoy para salvar a nadie del destino, del cual no sé nada en absoluto. “Padres” no es la palabra clave aquí. La palabra clave es “destino” No puedo salvar a nadie de eso.

 

Aún así, miles de jóvenes te ven como una especie de héroe del folk. ¿Sientes algún tipo de responsabilidad para con ellos?
No siento que tenga responsabilidad alguna, no. Quien sea que escuche mis canciones no me debe nada. ¿Cómo podría sentirme responsable por miles de personas? ¿Qué podría hacerme pensar que yo le debo algo a alguien por el sólo hecho de estar ahí? Nunca he escrito una canción que comience con las palabras “Los he reunido aquí esta noche…” No estoy para decirle a nadie que sea bueno y que irá al cielo. De todas formas, verdaderamente no sé que piensan de mí todas estas personas que están del otro lado de mis canciones. Es horrible. Apuesto a que Tony Bennet no tiene que pasar por todo esto. Me pregunto si Billy The Kid tuvo alguna vez que responder preguntas así.

 

Entre tus admiradores, mucha gente joven comenzó a imitar tu manera de vestir – un comentador se refirió a ti como “un tímido bicho raro de insolente desprolijidad.” ¿Cuál tu opinión sobre este tipo de menosprecio?
Eso es una mierda. Oh, cuánta mierda. Conozco al tipo que dijo eso. Solía venir por aquí para que le diéramos una paliza. Es mejor que se cuide; hay gente detrás de él. Van a desnudarlo y dejarlo en Times Square. Lo atarán y también le van a poner un termómetro en la boca. Ese tipo de observaciones e ideas mórbidas son insignificantes. Digo, hay una guerra llevándose a cabo. La gente contrae raquitismo; todos quieren comenzar un motín. Mujeres de cuarenta años comen espinacas en cajones. Los doctores no tienen aún la cura para el cáncer. Y un pueblerino habla de que no le gusta la manera de vestir de alguien. Es peor que eso, porque se imprime y mucha gente inocente tiene que leerlo. Es terrible. Y él es un hombre terrible. Obviamente está alimentándose con su propia grasa y espera que sus hijos lo cuiden. Sus hijos probablemente escuchen mis discos. El hecho de que mi ropa sea larga, ¿significa que no estoy calificado para hacer lo que hago?

 

 No, pero algunos piensan que sí – y muchos de ellos parecen sentir lo mismo con respecto a tu pelo. Pero comparado con las melenas largas hasta los hombros que llevan los grupos de estos días, tú pareces más conservador. ¿Qué piensas de estos peinados tan inusuales?

 De lo que la mayoría de la gente no se da cuenta es que es más abrigado llevar el pelo largo. Todos queremos estar abrigados. La gente con pelo corto se congela muy fácilmente. Luego tratan de esconder su frialdad y se ponen celosos de que todo el mundo esté abrigado. Así se convierten en barberos o congresistas. Muchos guardias en la prisión llevan el pelo corto. ¿Te habías dado cuenta de que el pelo de Abraham Lincoln era más largo que el de John Wilkes Booth?

 

 

¿Piensas que Lincoln llevaba el pelo largo para tener abrigada la cabeza?
En realidad, creo que era por razones de salud, cosa que no me preocupa. Pero creo que si lo piensas bien, te darás cuenta de todo el pelo de uno envuelve al cerebro que está dentro de tu cabeza. Matemáticamente, cuanto más puedas sacar de tu cabeza, mejor. La gente que quiere liberar la mente de los demás desapercibe muchas veces el hecho de has de tener cierta desprolijidad en el cerebro. Obviamente, si dejas que te crezca el pelo, tu cerebro será un poco más libre. Pero toda esta charla sobre llevar el pelo largo es un jugarreta. Fue pensada por hombres y mujeres que lucen como cigarros –el comité anti-felicidad. Son policías y oportunistas. Puedes ver quiénes son: siempre andan cargando calendarios, armas o tijeras. Intentan empantanarte. Creen que tienes algo. No sé por qué Abe Lincoln llevaba el pelo largo.

 

 

 

Para leer la segunda parte de esta entrevista, haz click aquí.
 

 

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3 Responses to “Entrevista a Bob Dylan – Playboy Interview (1966) – 1ª Parte”

  1. JCRF Dice:

    ¡Acá está las famosas citas de la duración de sus canciones!
    Y claro, respuestas desconcertantes para preguntas idiotas, o al menos limitadas.

    Saludos.

  2. [...] Probablemente no lo fuese. ¿Al fin y al cabo qué es Bob Dylan sino un nombre inventado? Además, hasta el americano medio ha perdido la cuenta de los años que Bob Dylan lleva siendo Bob Dylan. Las celebridades de su magnitud tienden a morir antes. En sus giras juveniles, cuando era un icono en vida (el pelo alborotado, los rasgos aniñados e insolentes, parapetado siempre bajo unas gafas de sol y el humo de un cigarro) salía corriendo de los conciertos perseguido por cientos de personas que lo querían tocar. La escena era siempre la misma: Dylan encerrado en un coche aburrido de su inmensa multitud de fans, que creían ver en él a una suerte de conciencia revolucionaria. “Es muy abrumador tener a tu alrededor gente que te dice cuánto te entiende cuando no puedes entenderte a ti mismo”, le dijo a Playboy en 1966, en una entrevista en la que anuncia que ha dejado de componer y cantar todo aquello que se escriba por alguna razón o se cante por algún motivo (“la palabra ‘protesta’ se inventó para la gente que se somete a cirugía”) y deja un titular de alcance: “Solo tengo 24 años”. [...]


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